‘Los godos y la cruz: Recaredo y la unidad de Spania’, por Santiago Castellanos

Las llamadas épocas oscuras suelen ser las etapas más diáfanas de la historia de los pueblos. Esa “oscuridad” obedece a un desconocimiento de la histo…

Las llamadas épocas oscuras suelen ser las etapas más diáfanas de la historia de los pueblos. Esa “oscuridad” obedece a un desconocimiento de la historia y a la utilidad de los tópicos sobre el pasado, para proyectarlos como parte del mito que explica el presente.

Hoy parece políticamente incorrecto hablar de la unidad peninsular, del reino visigodo, de Toledo como capital de una península cristiana, como una continuidad en la esencia que dejó la romanización y en las raíces de Europa desde Roma y el Cristianismo, mal que les pese a algunos. La historia es la ciencia de los “por qué”, pero también de hechos y personajes que existieron y dejaron su huella.

Los siglos VI y VII fueron esenciales en la historia posterior y plantean muchos interrogantes como la coexistencia de los godos con la población de origen romano, la superioridad del mundo romano sobre las leyes y costumbres de los godos, el cambio de propiedad, la minoría goda enriquecida con el cambio de gobierno, la pugna entre los arrianos y los católicos, el clima de guerra civil permanente que provocó alianzas antinaturales y la llegada del Islam, la conversión de Recaredo y el Concilio de Toledo, la derrota del rey legítimo Don Rodrigo. Muchos interrogantes que se plantean en esta obra bien documentada y fiel a los hechos. Concretaremos algunas ideas sobre el contenido del libro.

Es importante resaltar el desarraigo de los nuevos gobernantes y su inexperiencia en el arte de gobernar, con el desconocimiento del territorio y de sus  habitantes, una mayoría hispano romana. A pesar de este problema, los godos heredaron el mundo romano y aceptaron la situación de sus pobladores.

Curiosamente, la historia europea de los siglos V al VIII puede concretarse en dos temas: las invasiones germánicas en las tierras del Imperio y el afianzamiento del cristianismo y de la Iglesia como un verdadero factor de unidad social y política.

Los visigodos siguieron esta evolución: en el siglo V pactaron con Roma y se convirtieron en soldados al servicio de Roma; a finales del siglo V, hacia el 476, crearon su propio reino independiente hacia el sur de la Galia y hacia la Península Ibérica, y el siglo VI, en el 568, con la entrada masiva de visigodos en la Península Ibérica, fijaron en Toledo la capital del nuevo reino independiente.

El autor, destaca la relación de los visigodos con otras cortes europeas, con el mundo bizantino y con el papado. Destaca los esfuerzos de unidad y de integración territorial y cultural que llevaron a cabo los visigodos, analiza los conflictos entre gobernantes y el choque cultural y social, pero defiende en su trabajo, el origen de la idea de un reino unido con una sola autoridad, el rey, un problema importante en los pueblos germánicos, a menudo tribales y enzarzados en polémicas y guerras entre clanes familiares.

Esa unidad que defiende el autor, surgida del reino de Toledo con Recaredo, tiene un elemento vertebral, la religión, la conversión del rey y del reino al catolicismo, y el punto de referencia de los otros reinos, divididos y enfrentados, para intentar desarrollar el modelo visigodo de un rey, un territorio y una misma religión.

Desde la lejanía en el tiempo, este modelo histórico, real, cobra una especial actualidad en España y en la Unión Europea, porque desde el siglo XIX, los nacionalismos políticos no siempre han sido integradores, al contrario, parece un retroceso a la Edad Media, a la ausencia de poder central y al triunfo de los particularismos, frecuentemente excluyentes y narcisistas. Esa nueva Edad Media actual nos remite a los inicios con la Romanización, y a los intentos de unidad en los objetivos, desde el reino visigodo de Toledo hasta la unidad y la cohesión a través de la Iglesia y de la relación clara entre el altar y el trono.

El autor analiza quienes eran los visigodos, los enfrentamientos familiares, los problemas que planteaba una aristocracia casi intocable, los poderes fácticos, la conversión de Recaredo, las relaciones internacionales y la formación, actuación y muerte del rey, con las divisiones posteriores a su muerte. La figura del rey se plantea entre el buen gobierno y las intrigas de palacio, entre el continuador de la unidad iniciada por su padre Leovigildo y la trama contra su hermano Hermenegildo.

El autor cuestiona los planteamientos de persecución religiosa y los enmarca en una época de grandes cambios políticos y militares en Europa, con los reinos germánicos independientes como Clodoveo en Francia y Teodorico en Italia.

Recaredo no es un personaje único sino fruto de las circunstancias, y rodeado de grandes abades, papas, reyes y nobles, con una teoría sobre el poder y sus límites, que en el reino de Toledo tuvo uno de sus modelos. Recaredo fue un gran político, asesorado por expertos en diplomacia y con gran sentido de estado. Supo ver la relación entre la Iglesia y el Estado y comprendió la necesidad de articular un modelo de estado bajo la unidad política y religiosa.

Un libro recomendable, bien estructurado y claro. Una lectura refrescante, pero evidentemente se trata de un libro de historia, no de una novela, y su estructura y el léxico responden al contenido político e ideológico de una época lejana y desconocida pero muy cercana por los problemas que plantea. 

Los godos y la cruz: Recaredo y la unidad de Spania
Santiago Castellanos
Alianza Editorial,
Madrid, 2007
376 páginas

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