‘Los jardines de los muertos‘, de William Brodrick

Esta es la segunda novela de William Bodrick. Es fácil establecer algunos paralelismos con su precedente, La sexta lamentación, también publicada por …

Esta es la segunda novela de William Bodrick. Es fácil establecer algunos paralelismos con su precedente, La sexta lamentación, también publicada por Alfaguara y que es excelente.

Nos reencontramos con el padre Anselm y, aunque no era fácil pensar un argumento que tuviera la fuerza y el atractivo de su anterior novela, William Brodrick vuelve a salir airoso.

En un momento se habla de un sueño en el que un periodista se encuentra con una multitud de gente que “no pueden ir al cielo porque no hicieron nada bueno ni tampoco al infierno porque no hicieron nada malo.”. El periodista sabe que no se trata de ninguna primicia, pero no dejaba de ser una buena historia que podría titularse Vivieron sin pena ni gloria.

La mayoría de los personajes que encontramos en las novelas de usar y tirar responden a ese perfil en el que los caracteres tienden a igualarse en una estela de rostros informes de los que, finalmente, no podemos recordar nada. Brodrick en sus novelas intenta huir de eso, y en parte lo consigue.

Quizás un aspecto que debe resaltarse, dentro del género que limita y mucho, es el intento de profundizar en la psicología de los personajes. Por eso la obra es, a veces, psicológicamente más compleja de lo que cabría esperar en un libro de esta clase.

El padre Anselm no deja de cuestionarse sobre las motivaciones últimas del hombre para cometer un crimen o las débiles fronteras por las que se mueve la libertad humana. Sin embargo, la respuesta final ni es simple ni tampoco cínica, que no es más que simplicidad vuelta del revés para crear un efecto deformante.

Del argumento podemos desvelar que Anselm antes de ser monje ejerció de abogado. Una antigua compañera, Elizabeth Glendinning, muere repentinamente, pero ha dejado una serie de indicios y pruebas que han de conducir a Anselm a un caso que se cerró hace mucho tiempo gracias a su pericia como defensor.

A partir de ahí se tiende una trama en la que cada puerta que se abre presenta más de un pasadizo que puede seguirse. Con todo, Brodrick logra mantener el control de todos los hilos impidiendo que el argumento se desgarre o pierda la intensidad lograda.

Para quienes hayan leído La sexta lamentación, obra que esperamos reseñar si disponemos de tiempo, Los jardines de los muertos, no resultará tan sorprendente, aunque será igualmente cautivadora.

Del autor cabe decir que estudió filosofía y teología y derecho. Fue fraile agustino y actualmente ejerce de abogado. Su prosa es inteligente y la factura de sus obras muy respetuosa y limpia, lo que supone un valor a tener en cuenta.

LOS JARDINES DE LOS MUERTOS
William Brodrick
Alfaguara
Madrid 2008
401 páginas

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