Los límites de la legalidad: un senegalés, condenado a 9 meses por robar una gallina para comer

El magistrado autor de la sentencia no apreció la eximente del estado de necesidad en la actuación del senegalés, tal y como argumentó la defensa, ya que el implicado no quiso estar presente durante la vista oral

A menudo la ética y la legalidad se enfrentan en un terreno de difícil resolución. A veces lo que es legal no es ético y lo que es ético no es legal. Por ejemplo la infidelidad matrimonial no es ética, pero es legal. Del mismo modo, robar comida para no morir de hambre podría ser ético, aunque no es legal.

Este caso ha tenido lugar en Almería y el resultado no ha podido ser más sorprendente. Y es que un juzgado de lo penal de la capital andaluza ha condenado a nueve meses de prisión a un senegalés de 37 años por allanar un corral de la localidad de Vícar y matar una gallina con una navaja, con la intención de comérsela.

Este inmigrante de origen africano, cuando iba a proceder a ingerir el ave, fue descubierto por el hijo del propietario, que armado con un palo, “ante el temor a sufrir una agresión por parte del intruso”, le recriminó su acción. El senegalés, según la sentencia, “señaló” con su navaja al joven para finalmente soltar el pollo y escapar por el mismo sitio por el que había entrado.

El propietario declaró en la vista oral que vio al hombre entrar en el corral, coger una gallina y agacharse para ocultarse. Cuando le reclamó el animal al acusado, este le señaló con la navaja y sólo le dijo “mía”, para escapar a continuación. Dos días después fue detenido por la policía local de Vícar, que le mantuvo 48 horas retenido en la comisaría.

El juez considera que la actitud del inmigrante se puede encuadrar en el delito de robo con intimidación en grado de tentativa, por lo que le impone la pena de nueve meses de prisión, aunque la sentencia es recurrible. El senegalés se expone a una expulsión inmediata de España si decide no recurrir la sentencia, lo que es probable ya que el subsahariano no se presentó a la vista oral en la que se le impuso la condena.

Los hechos ocurrieron hace más de un mes en el municipio de Vícar, situado en las estribaciones de la sierra de Gádor y a unos 22 kilómetros de la capital. Desde 1972 la economía y la población de la localidad han experimentado un importante incremento con la puesta en funcionamiento de los cultivos enarenados y los invernaderos, por lo que es un importante foco de inmigración de marroquíes y subsaharianos, al igual que otras localidades de la zona. El magistrado autor de la sentencia no apreció la eximente del estado de necesidad en la actuación del senegalés, tal y como argumentó la defensa, ya que el implicado no quiso estar presente durante la vista oral. Considera que no hay indicios suficientes de que el acusado pasara hambre.

Lo que sí hace es rebajar la petición de la Fiscalía, que llegaba a pedir un año y tres meses de prisión, por la “escasa intimidación ejercida”, ya que no está claro que el senegalés amenazara realmente al hijo del dueño del corral. El juez condena también al acusado a pagar doce euros por el valor del animal degollado y otros 70 por los daños en la valla que atravesó para llegar al corral.

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One comment

  1. 1

    La Ley es buena pero su mérito está en la interpretación de la misma. Es buena cuando se puede saltar en nombre de una buena interpretación. Esta noticia es buena muestra.

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