Los modelos de coalición

Uno de los fenómenos característicos del momento presente es la plausible fragmentación del panorama político. Han apareci…

Uno de los fenómenos característicos del momento presente es la plausible fragmentación del panorama político. Han aparecido nuevas formaciones que ensanchan considerablemente el abanico de opciones políticas ofrecidas a los ciudadanos y, según los análisis demoscópicos, estas recogen fuerzas expectativas de voto en todas las próximas elecciones. Si las cosas fueran así, el bipartidismo político de los últimos años quedará sustituido por una multiplicidad de actores políticos y los pactos serán necesarios para la gobernabilidad de las instituciones. ¿Es buena una alta fragmentación de la representación política? ¿Con ello mejora la calidad democrática o pasa todo lo contrario?

El actual sistema electoral da el gobierno a la fuerza política que es capaz de hacer una mayoría estable. Si no hay mayorías políticas dominantes, la multiplicidad de actores políticos intensifica el pacto político para hacer gobierno. Inicialmente, parece que esto sea bueno para la democracia porque estimula la creación de acuerdos de gobernabilidad; pero depende de cómo sean los pactos pueden favorecer la aparición de minorías de bloqueo que impidan gobernar y desdibujen las líneas políticas básicas de las partidos integrados en las coaliciones de gobierno. El dilema es suficientemente serio como para reflexionar, antes de manifestar las simpatías electorales, qué modelo de gobernabilidad se quiere en el futuro: un sistema basado en una coalición donde un partido mayoritario está contrapesado por otras fuerzas políticas o un modelo de coalición de muchas fuerzas sin ninguna de ellas con una posición dominante que, más que gobernar, dan la impresión de que se han puesto de acuerdo sólo para repartirse los beneficios del poder.

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