Los niños refugiados desaparecidos: el nuevo drama de Europa

Niños y chicos que escapan por voluntad de los centros de acogida y a menudo acaban en las redes de las organizaciones criminales. Son explotados en el tráfico de drogas, en la prostitución, en el trabajo agrícola. En 2015 llegaron 400 mil a Europa

Ofrecer números es difícil, pero un dato, por lo menos, es irrefutable: cada año decenas de miles de menores entran al flujo de los refugiados que llega a Europa escapando de África, de Siria, de Afganistán, de todo el Medio Oriente. Europol, la estructura que coordina a todas las policías europeas, habla de 10 mil menores refugiados que desaparecieron durante 2015 en el “viejo continente”. En total, los menores que llegaron a Europa el año pasado (de entre más de un millón de refugiados y migrantes) fueron 400 mil, de los cuales alrededor de 260 mil tenían menos de 14 años. Algunos millares eran menores no acompañados y esta es la categoría que corre mayores peligros. Hay que considerar que en los cálculos totales se toman en cuenta también los chicos de 15 años (fueron alrededor de 134 mil en 2015), una edad considerada en muchos de los países que viven desde hace años una situación de crisis grave o de guerra casi adulta. Sin embargo, al examinar detenidamente las cifras reunidas por las instituciones internacionales y diferentes organizaciones no gubernamentales, el dato permanece: la desaparición de los menores es un de los capítulos más inquietantes de los flujos migratorios y de prófugos de los últimos años. Una situación que ya había sido registrada desde hace tiempo por numerosas asociaciones comprometidas en la acogida. Alrededor del 20% de los menores que llegan a Grecia desaparecerá.

También la Comece, la Comisión de las Conferencias Episcopales de Europa, y la oficina europea de los jesuitas, a través de la revista mensual Europeinfos, denuncian, esgrimiendo las cifras, la gravedad del fenómeno. Se parte de esos 10 mil menores no acompañados que han desaparecido; en algunos casos muchos han encontrado a sus familias o comunidades, o simplemente prefieren no ser registrados, dar datos falsos para tratar de burlar la vigilancia y evitar el riesgo de ser rechazados, pero el verdadero peligro es el de acabar en las trampas de la trata organizada por redes criminales que usan a los chicos y a los niños para la explotación sexual o el tráfico de droga: son las llamadas desapariciones forzadas. Y todo ello sin contar que muchos menores también pueden ser utilizados para cultivar campos o en otros sectores productivos. Los criminales aprovechan las dificultades que tienen las familias o las autoridades para tratar de encontrarlos, y también actúan con amenazas y extorsiones.

“El fenómeno de las desapariciones de menores refugiados constituye un desafío para las autoridades —se lee en Europeinfos—, puesto que normalmente estas se verifican durante los primeros días de su llegada a un centro de acogida. En un informe de 2010 sobre menores no acompañados en los procesos migratorios, Frontex (el organismo europeo que se ocupa de las fronteras externas de la EU), añadió la información que ofrecieron las autoridades suizas y holandesas sobre las redes de tráfico de seres humanos nigerianas, que normalmente afectan a chicas de entre 15 y 17 años. A su llegada a la UE, las jóvenes inmediatamente piden asilo, y cuando se encuentran en uno de los centros de acogida para menores, llaman a un contacto en la zona y son sacadas del centro”.

“Este sistema administrado por la criminalidad organizada —prosigue el texto— podría explicar por qué desaparecen en ciertos casos los menores no acompañados: son enviados a propósito para que pidan asilo con tal de no ser arrestados en la frontera. En otros casos, los menores no acompañados son víctima de la trata de personas cuando entran al país de acogida”. Muchos de ellos simplemente no confían en las autoridades encargadas de ellos y huyen. “En las estaciones ferroviarias los chicos son interceptados por redes de traficantes que les prometen una vivienda y un trabajo, pero a menudo son secuestrados y, si las familias no pueden pagar el rescate, los menores deben trabajar vendiendo droga o prostituirse. Actividades muy crediticias para la criminalidad”, denunció en 2014 el Centro Astalli de Catania al periódico inglés “The Guardian”. Naturalmente es necesario respetar las legislaciones en materia de protección de la infancia, afirma la revista de la Comece, y también organizar una acogida “ad hoc” para los menores; se trata d un camino arduo en el contexto que Europa está viviendo.

El mismo tema fue indicado hace pocos días por los representantes de las Conferencias Episcopales de Francia, Reino Unido y Alemania, que se reunieron en Paría con el Secretario de la Ccee, el Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa, mons. Duarte da Cunha. También en este caso se puso un énfasis particular en la situación de los menores que llegan con los refugiados, migrantes y prófugos, sobre todo en el caso específico de la situación en Calais, en el norte de Francia y puedo de embarque hacia Gran Bretaña: una especie de Lampedusa del norte que ha vivido no pocas tensiones pues allí se encuentran varados miles y miles de migrantes. Entre otras cosas, justamente en estos días la Gran Bretaña está teniendo un duro debate político parlamentario sobre la necesidad de dar acogida a los menores refugiados sirios, pero hasta ahora ha prevalecido el “no” a pesar de que haya 3 mil jóvenes que piden asilo. Pero no quiere decir que sea la última palabra.

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