Los partidos políticos españoles no funcionan

Todos suspenden excepto dos, el BNG y Podemos Todos suspenden excepto dos, el BNG y Podemos

Se entiende, no funcionan bien, referido a sus actividades internas. Y no lo decimos nosotros sino el Ranquin 2015 de Calidad Democrática de los Partidos Políticos. Esta clasificación mide las prácticas democráticas de estas organizaciones en relación con sus afiliados y simpatizantes, la forma como se eligen los candidatos, la participación en las decisiones, las garantías para los afiliados, el equilibrio de poderes, la transparencia e información interna, en definitiva todo aquello que garantiza un funcionamiento democrático. Todos suspenden excepto dos, el Bloque Nacionalista Gallego, una organización pequeña, y Podemos, sobre el que precisamente surgen críticas internas las últimas semanas, en el País Vasco y Cataluña, sobre la forma en cómo la dirección nombra candidatos y decide cuestiones que les atañen.

Se trata de una noticia muy mala, y que en contra de lo que algunos ingenuos puedan creer nos coge a todos de pleno. Porque son los partidos quienes forman los gobiernos, parlamentos y consistorios, de ellos emana después todo el complejo entramado de poderes del Estado, el judicial, y también los grandes instrumentos, como la Comisión Nacional de la Competencia y el Tribunal Constitucional, todo ello en un marco que presumimos que es un estado de derecho. Pero, desgraciadamente, las unidades que mueven todo eso no aplican este derecho a sus propias cuestiones, y entonces es cuando el interrogante surge con fuerza: ¿si no son capaces de cumplir con lo que están obligados con aquellos que forman parte del grupo, los más próximos, como van ser respetuosos con los derechos de los más lejanos, el conjunto de los ciudadanos?

Y esto tiene consecuencias feroces, no solo para la democracia y la ciudadanía, sino también para la economía. Desde que la llamada Nueva Economía Institucional ha tomado cuerpo, sabemos cómo son de importantes las instituciones para que la economía funcione bien. Tanto, que son un parámetro fijo para medir las buenas o malas condiciones de un país. Esto es lo que hace, el World Economic Forum con su índice de competitividad. El ultimo, referido al 2015-16, señala que España ocupa el lugar 33 entre 140 países del mundo, una posición mediocre entre los desarrollados, pero que resulta mucho peor cuando se valoran las instituciones, puesto que sitúa a España en el lugar 66, casi en la mitad de la tabla, superándonos estados cuyo solo nombre debería hacer enrojecernos de vergüenza.

Pero, ¿cómo van a funcionar bien las instituciones si sus piezas maestras, sus mimbres, los partidos, son deficientes?

Ese es un grave problema político en términos cívicos, no partidistas, sociales y económicos, y si nos apuran éticos, y requiere una respuesta que los nuevos partidos no alcanzan a dar; Podemos porque queda corto y va a peor, y Ciudadanos simplemente porque suspende. Es un círculo vicioso, un nudo gordiano, que esperan la virtuosa espada que lo corte, y esta solo puede ser la todavía inexistente respuesta cívica cuya presión haga imposible continuar por esta vía que nos daña en tantos aspectos vitales.

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