Los primeros cristianos, la cultura helenista y los santos que crearon Europa

Presento dos libros complementarios: Mensaje evangélico y cultura helenística. Siglos II y III , de Jean Daniélou; y Los creadores de Europa: Benito, …

Presento dos libros complementarios: Mensaje evangélico y cultura helenística. Siglos II y III , de Jean Daniélou; y Los creadores de Europa: Benito, Gregorio, Isidoro y Bonifacio, de Luis Suárez.

El primero es un sólido análisis de Daniélou sobre los primeros pasos del Cristianismo por Europa mientras que el segundo es una breve síntesis de Luis Suárez destinada al gran público y que empieza, precisamente, donde acaba Daniélou para llegar a valorar la situación actual de ataque -que en Europa- está padeciendo el Cristianismo, sus valores y propuestas de vida.

En el primer libro Jean Daniélou nos ofrece un análisis sobre el momento en que el Cristianismo dio el salto decisivo de un ambiente geográfico-humano semítico al mundo helenístico y latino.

Para este salto se requirió adaptar los modos, las formas y las maneras de transmitir el Mensaje cristiano desde las estructuras psicológicas semíticas, donde nació el Cristianismo, a unas estructuras mental-culturales totalmente distintas.

Fue necesario construir un discurso misionero y nuevas formas apologéticas basadas en la exigencia racionalista del mundo greco-latino pero sin cambiar el Mensaje. Construida una nueva forma de presentar el Mensaje evangélico el siguiente paso fue organizar medios de propagación y difundir el mensaje cristiano, pero también hubo que rivalizar con el paganismo y la filosofía griega así como con las estructuras religioso-políticas romano-imperiales.

Nacimiento y expansión

Dos fueron las etapas de progresión del Cristianismo: la primera, de nacimiento e implantación en el mundo semítico; la segunda, de desarrollo y expansión del mundo semítico al greco-latino, de Oriente a Occidente caminando al encuentro con el racionalismo.

Fue un proceso que duró unos 200 años y en los cuales también se produjeron fuertes debates entre filosofía greco-romana y la nueva teología cristiana así como problemas teológicos (sobre la Trinidad, la esencia de Jesucristo, la relación Padre-Hijo, la trascendencia de la persona humana, la relación entre Padre e Hijo y el ser humano, entre otras muchas cuestiones).

En este caminar del Cristianismo, Justino en su búsqueda de la Verdad dio el salto de la filosofía y teología greco-romana al Cristianismo y creó escuela en Roma. Su “Diálogo con Trifón” fue ejemplo de camino de conversión e itinerario espiritual ofrecido al mundo greco-latino.

La vía catequética para difundir el Mensaje estaba señalada: “importa a los cristianos no desentenderse, sino animarse, a pesar de la muerte que amenaza a quienes enseñan o tan siquiera confiesan el nombre de Cristo, por todas partes y por todos los medios hay que enseñar y recibir la Palabra”.

¡Qué modernas suenan estas palabras, tan similares a la llamada de Juan Pablo II al compromiso de todos los cristianos en pos de la evangelización: “hay que dar testimonio de la Verdad, aun al precio de ser perseguido […] mantened y defended un orden de verdades y valores” (Juan Pablo II, “Levantaos, vamos” p.164-165).

Los primeros Padres

Poco después Ireneo (instruido por Policarpo, discípulo de San Juan El Evangelista) perfeccionó el método de evangelización con su “Exposición de la predicación apostólica” y lo puso en práctica en la Galia desafiando al paganismo, a las primeras herejías cristianas y a la propia Roma, siendo por ello martirizado.

Seguidamente Clemente de Alejandría, también perseguido por Roma, no cejó de hacer un llamamiento a todos los cristianos a obrar como cristianos no renunciando a este mundo sino actuando en él. Escribió el “Pedagogo” donde trató sobre cómo debían comportarse los cristianos conforme a los principios de la moral cristiana en sus vidas diarias consagradas a Cristo, ya en el matrimonio ya en el sacerdocio.

El resultado de todo ello fue la extensión y, al fin, común adhesión de los hombres del quebrantado Imperio Occidental a una nueva forma de entender a la persona, a la sociedad, al Estado. Se dio así cimiento común a Europa y a su, hasta entonces, variopinta sociedad. Este cimiento fue de tanta solidez que la disolución imperial fue política pero no cultural-mental ni espiritual.

Esto posibilitó que Europa no desapareciese arrastrada por el derrumbe imperial sino que se rehiciese tomando nueva forma política en cinco naciones: Hispania, Francia, Britania, Germania e Italia que en el Concilio de Constanza (1412-1415) fueron reconocidas como herederos de Roma y, por lo tanto, este conjunto fue denominado como La Cristiandad y, por extensión, la Universitas Christiana. En este punto entra la segunda lectura propuesta.

Los fundadores de Europa

Luís Suárez explica extraordinariamente bien este último proceso a través de cuatro insignes personalidades, santos del Cristianismo y sustancia intelectual y moral de Europa bajo el espíritu cristiano: San Benito, San Gregorio, San Isidoro y San Bonifacio.

Entre el siglo V al VII ellos acabaron con los restos de las mentalidades paganas y heréticas (gnosticismo, dualismo, pelagianismo, arrianismo…) que supuraban reduccionismo y relativismo y que impedían el desarrollo pleno de la conciencia europea sobre la Persona como ser de unicidad de cuerpo y alma, trascendente, intrínsecamente moral y libre.

Tal como dice Suárez, “el Cristianismo al definir al hombre como criatura portadora de la imagen y semejanza de Dios” dio al ser humano excelsa dignidad hasta el punto de que el propio Dios quiso que el Hijo fuese uno más entre los hombres. De ahí que desde ese momento “el suceder histórico dejó de ser concebido como una rueda de repetición para convertirse en una línea [con altibajos] pero marchando de uno origen a una meta” (p.13, 15).

Así en el Ser Humano la moral natural viene encauzada y perfeccionada por la moral cristiana haciendo de la Persona un ser único integral de cuerpo y alma. De tal modo las tres dimensiones humanas (biología, razón y espíritu) quedan unidas y guiadas por la moral.

Libertad y responsabilidad

Todo ello implica responsabilidad y ésta es imposible sin la libertad, siendo así que Dios ha creado al Ser Humano. Aquí tenemos esbozados los principios que hoy constituyen la base de toda sociedad libre y democrática: moral, libertad, razón, responsabilidad. Dada la intrínseca unidad de estos principios, si se atenta contra uno se está atentando contra todos y contra el propio ser humano.

Ésta es la propuesta y la labor que llevaron a cabo San Benito, San Gregorio, San Isidoro y San Bonifacio. A través de ellos Luis Suárez nos va relatando cómo el Cristianismo proporcionó a Europa y a los europeos todos estos valores tan fuertes que siguen hoy vigentes, pese a los ataques que vienen recibiendo y producen lo que Toynbee ha llamado “cisma del alma”. Pese a todas las dificultades actuales estos valores siguen siendo la esencia de nuestro ser como occidentales.

Esta concepción del ser humano, de su caminar en la historia y estos valores son los que han permitido a Occidente prevalecer ante las dificultades y contradicciones, progresar y superar a todas las demás culturas, empujándolas a occidentalizarse y a adquirir y asumir buena parte de estos valores y concepción del ser humano. Precisamente éste es uno de los ejes que explican la actual situación por la que pasa el mundo islámico.

El eje central del problema del terrorismo islamista radica en que buena parte de la Ummah asume la concepción occidental del ser humano y los valores occidentales pretendiendo imitar a Occidente; ser también, a su modo, occidentales.

Esto es causa de una reacción en el seno de la propia Ummah que lleva a desatar un ataque o Yihad en dos direcciones: contra los grupos, sociedades y países miembros de la Ummah que se han occidentalizado por lo que son calificados como impíos, renegados o apostatas; y contra el propio Occidente que es considerado como origen de este mal y, por lo tanto, el gran Satán al que hay que destruir.

De ahí la importancia, entre nosotros, de conocer y en persistir y propagar los valores morales que nos dan basamento y razón de ser y, también, que no haya dudas ni divisiones en nuestra determinación por combatir y vencer a quienes nos atacan y pretenden destruirnos.

Nota biográfica de los autores:

Jean Daniélou (1905-1974). Cardenal (1969). Jesuita, profesor del Instituto Católico de París donde impartió materias sobre los Orígenes del Cristianismo. Cofundador de Sources Chrétiennes y miembro de la Academia.

Luis Suárez. Gijón, 1924. Ha sido catedrático de las universidades de Valladolid y Madrid, de la que actualmente es profesor emérito. Es también emérito de la Universidad San Pablo CEU de Madrid. Ha colaborado en otras universidades como la de Navarra y es académico de número de la Real de la Historia, académico de la de Bellas Artes de Barcelona y dirige la Escuela de Historia y Arqueología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en Roma (Italia). Es especialista en la Edad Media pero sus investigaciones, libros, ensayos y artículos han tenido por objeto variadas épocas y temáticas. Es Premio Nacional de Historia (2001) por su libro Isabel I. También es Premio Antonio de Nebrija del CSIC y posee las Gran Cruz al Mérito Civil, de Isabel la Católica y de Alfonso X el Sabio. Entre su multitud de obras destacan: Castilla, el Cisma y la crisis conciliar (1378-1440) (1960), Grandes interpretaciones de la historia (1968), El proceso de la unidad española (1972), Europa, una conciencia histórica en la encrucijada (1972), La España de los Reyes Católicos (1978), El camino hacia Europa (1990) Testamento de Isabel la Católica (1992), Isabel I, reina (1451-1504) (2002), Cristianismo y europeidad (2003), Los creadores de Europa. Benito, Gregorio, Isidoro y Bonifacio (2005).

Mensaje evangélico y cultura helenística. Siglos II y III .
Jean Daniélou 
Ediciones Cristiandad,
Madrid, 2002.

Los creadores de Europa. Benito, Gregorio, Isidoro y Bonifacio.
Luis Suárez Fernández
Eunsa,
Pamplona 2005.

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