Los Reyes Magos de Oriente

Cabalgata Reyes Magos Barcelona 2016 Cabalgata Reyes Magos Barcelona 2016

Los Reyes Magos han sido tema de actualidad en los últimos días. Es de agradecer que cada 5 de enero, en la víspera de la solemnidad de la Epifanía del Señor (epifanía, palabra de origen griego, significa  “manifestación” o “revelación”), las calles y plazas de ciudades del mundo se sigan vistiendo de fiesta para acoger la tradicional cabalgata de los Reyes Magos. Estos misteriosos personajes llegan puntualmente todos los años con medios de locomoción muy diversos, incluso en helicóptero. A Barcelona, la ciudad de mi niñez, los Magos llegan por mar a bordo de un pailebote. Desde el Club Náutico suelen zarpar algunas embarcaciones para acompañar la llegada de Sus Majestades al Moll de la Fusta. Ante la mirada ansiosa de cientos de niños dispuestos a confiar sus peticiones en una larga carta, los Magos son recibidos con los mayores honores por el alcalde, quien les hace entrega de las llaves de la ciudad, así como del pan y la sal, histórico gesto de acogida a la Ciudad Condal. Cerca de allí se encuentra la estatua que Barcelona dedicó a Cristóbal Colón en 1888, con ocasión de la Exposición Universal. Parece como si el ilustre navegante, de orígenes inciertos, quisiera dar también su bienvenida a los insignes personajes que llegan a Barcelona surcando el Mediterráneo, procedentes de tierras lejanas, para traer obsequios a los más pequeños. Si se quisiera suprimir la cabalgata o convertirla en un carnaval, como pretenden unos pocos, habría a buen seguro una auténtica revolución infantil de consecuencias imprevisibles para los padres.

La fiesta de Reyes desafía a las mentes más racionalistas. Uno de los recuerdos de infancia que todavía conservo es que cuando un niño comentaba a sus padres que un amigo le había dicho “quienes eran los Reyes”, los progenitores hacían ímprobos esfuerzos, mientras podían, para convencer a sus hijos de que el susodicho amigo le había contado una gran mentira, y que no se podía poner en duda la existencia de los Reyes Magos. Punto y basta.

El día de la Epifanía se conmemora la adoración de los Magos a Jesús en Belén. El núcleo del mensaje de esta fiesta del año litúrgico es la manifestación de Dios a los hombres, y la llamada a la fe en Cristo a todos los pueblos de la tierra. De los cuatro Evangelios, solamente el de san Mateo (2, 1-12) menciona la llegada de los Magos a Belén de Judá bajo la guía de una estrella después del nacimiento de Jesús, durante el reinado de Herodes el Grande, para adorar al Hijo de Dios. San Mateo habla de Magos, y no de Reyes. La palabra “mago”, que proviene de la lengua persa y significa astrólogo, puede tener hoy en día un significado peyorativo, indicando la persona que practica artes ocultas para obtener fines que son contrarios a las leyes de la naturaleza. Pero en la antigüedad esto no era así; el mago podía ser también un astrónomo o, más en general, un sabio, es decir, una persona que busca la verdad.

Tampoco nos dice san Mateo cuántos eran los Magos que llegaron a Belén. En las catacumbas de los santos Marcelino y Pedro, se encuentra una pintura al fresco del siglo IV en el que la Virgen María aparece representada con el Niño en sus brazos entre dos Magos, uno a su derecha y otro a su izquierda. En las catacumbas de santa Domitila, también del siglo IV, los Magos representados son cuatro. Pero la primera representación iconográfica de los Magos que se conoce, de mediados del siglo III, se encuentra en un arco de la capilla griega de las catacumbas de santa Priscila, en la que aparecen tres personajes que se acercan a la Virgen, que está sentada en un trono y tiene a Jesús sobre sus rodillas.

Los conocidos nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar aparecen solamente en los evangelios apócrifos, es decir, aquellos que no fueron admitidos en el canon oficial de la Sagrada Escritura, como es el Evangelio armenio de la infancia, del siglo VI. En este texto se hace referencia a tres hombres que eran hermanos: el primero, Melchor, rey de los persas; el segundo, Gaspar, rey de los indios; y el tercero, Baltasar, rey de los árabes. Cada rey viajaba con un séquito de cuatro mil hombres y traían dones para Jesús. Que los Magos tengan también el título de reyes se debe al escritor eclesiástico Tertuliano, que así los considera en su obra Contra Marción, escrita a comienzos del siglo III, con el fin de destacar su dignidad. Tertuliano aplica a los Magos las palabras del salmo 72: “Se postren ante él los habitantes del desierto, muerdan el polvo sus enemigos. Que le traigan presentes los reyes de Tarsis y de las Islas, le ofrezcan dones los reyes de Sebá y de Sabá. Que se postren ante él todos los reyes y le sirvan todas las naciones”.

Los Magos llegaron a la ciudad de Jerusalén procedentes de Oriente movidos por una estrella que habían visto, y preguntaron al rey Herodes dónde estaba el Rey de los Judíos que había nacido y venían a adorar. En relación con esta estrella, Benedicto XVI escribe en su libro La infancia de Jesús que el astrónomo alemán Johannes Kepler (1571-1630), descubridor de las leyes relativas al movimiento de los planetas, calculó que hacia finales del año 7 y comienzos del 6 a.C., considerado el año probable del nacimiento de Jesús, se produjo una conjunción de los planetas Júpiter, Saturno y Marte, a la que se habría añadido una supernova. Este fenómeno Kepler lo contempló en 1604, y no se ha vuelto a repetir en la Vía Láctea (galaxia en la que se encuentra el sistema solar y, por tanto, la Tierra). La supernova es una explosión estelar que produce una intensa luminosidad durante semanas y meses. Así se explicaría el extraordinario resplandor de la estrella de Belén, que hizo partir a los Magos de su tierra en búsqueda del Rey de los Judíos.

La información que dio Herodes a los Magos era correcta: según la profecía contenida en el libro del profeta Miqueas, el Mesías tenía que nacer en Belén de Judá. Herodes pide a los Magos que, después de haber encontrado a Jesús, le avisen para que pueda ir también a adorarlo. Siguiendo nuevamente la estrella que habían visto en Oriente, los Magos se dirigieron con alegría hacia Belén, hasta que la estrella se posó encima de una casa, donde encontraron a Jesús, María y José. Los Magos ofrecieron a Jesús los regalos que habían traído: oro para el gran Rey, incienso para el gran Sacerdote, y mirra (resina aromática que proviene de una planta que crece en la Península Arábiga y en Etiopía) para la sepultura de Cristo. Después de adorarlo, los Magos fueron advertidos en sueños de no volver a Herodes, y regresaron a sus lugares de origen por otro camino.

Cuando el papa Francisco estuvo el pasado 4 de enero en Greccio, lugar donde el belén fue representado por primera vez por iniciativa de san Francisco de Asís, dijo a un grupo de jóvenes que encontró que “los magos fueron sagaces: se dejaron guiar por la estrella. El esplendor del palacio de Herodes no les engañó”.

La tradición sostiene que los restos de los Magos fueron traídos a Milán desde Constantinopla por el obispo Eustorgio en el siglo IV. Cuando el emperador Federico I “Barbarroja” saqueó esta ciudad en 1164 se llevó consigo las reliquias de los Magos a Colonia, donde fueron depositadas en un sarcófago. En el siglo XIII fue construida la actual catedral, que está dedicada en su honor. En 1906 las reliquias de los Magos fueron parcialmente restituidas a la archidiócesis de Milán, y se colocaron en la basílica de san Eustorgio.

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