Los ‘singles’, el grupo social que padece más pobreza en la UE tras las familias monoparentales

En los últimos años se ha insistido hasta la saciedad en las supuestas ventajas de ser single, es decir vivir solo y con un estilo de vi…

En los últimos años se ha insistido hasta la saciedad en las supuestas ventajas de ser single, es decir vivir solo y con un estilo de vida libre, hedonista y aparentemente satisfactorio. Tras esta falsa afirmación y con la connivencia de los medios de comunicación, se mueve un mercado que mima a los singles por consumistas.

Así, la idea de vivir "solo y sin ataduras" por ejemplo a los 35 años ha sido celebrada con igual interés por la publicidad, los mercados y la cultura mediática.

Sin embargo, la profundidad y duración de la crisis está desmantelando lo que hasta hace poco era un modelo a imitar al constatar que los singles son el grupo social que padece más pobreza en la Unión Europea de los Veintisiete (UE-27) tras las familias monoparentales, las más afectadas por la pobreza debido a su situación con hijos a cargo que se ha traducido desde hace años en una realidad formada sobre todo por más madres solas y con más pobreza.

Así lo mostraba ya hace un par de años un estudio de la Universidad de Barcelona que afirmaba que, entre 1991 y 2001, los hogares de madres solas con hijos se habían incrementado en un 47% y ello conduciría a más situaciones de pobreza en este tipo de hogares si no se conseguía reducir la tendencia.

De esta manera, se cumple la regla de que la mayor probabilidad de entrar en la pobreza corresponde a las familias formadas por madres solas con hijos a su cargo. Antes de la crisis, uno de cada tres hogares monoparentales en la Unión tenía ingresos por debajo del umbral de pobreza, ahora ya se sitúan casi en cuatro de cada seis.

La desvinculación empobrece

La cuestión de fondo es que la desvinculación empobrece y, en el caso de los singles, se trata de personas que antes o después dejan de tener esos 25 años para pasar a los 45 ó 55, incurriendo así en un mayor riesgo de caer en la pobreza. Y esta es una constante no solo española sino europea.

En los tiempos que corren, esa vida en soledad y la posibilidad de que se queden sin trabajo, que aumenta día a día, puede conducir a una situación más que preocupante. Y es que, en caso de producirse, no es lo mismo pasar a engrosar las listas del paro estando solo que estando acompañado.

De hecho, los hogares individuales con menores de 30 años sufren la crisis de una forma especialmente aguda. En la UE los hogares pobres corresponden sobre todo a familias monoparentales, y constituyen el segundo grupo los hogares individuales con menores de 65 años, seguidos de los jubilados que viven solos, aunque en muchos casos este último colectivo es una excepción a la situación de pobreza en que caen los singles.

La causa no es otra que la eficacia de las pensiones de jubilación, aunque esta situación será cada vez más incierta dada la necesidad de recortar este tipo de prestaciones que sufre o ha sufrido toda Europa. Pero, de momento, los pensionistas aguantan mejor que los singles o los menores, que son más vulnerables.

Los matrimonios con hijos, los menos afectados

En sentido contrario, la crisis de la sociedad desvinculada altera la idea de cuál es el tipo de hogar con una mayor propensión al riesgo de ser pobre y las estadísticas muestran que quienes presentan mejores resultados ante la adversa situación económica son los matrimonios con hijos y, en general, las parejas.

Los hogares de parejas, y todavía más si tienen hijos, presentan una destacada menor presencia en el ámbito de la pobreza relativa, y este es un dato no suficientemente asumido por la sociedad.

Así, ante la evidencia de que la pobreza aumenta y ese aumento tiene especial incidencia en las familias monoparentales y los singles, los hogares con hijos son quienes tienen menores riesgos de caer por debajo de la línea estadística que señala el estatus de pobreza relativa.

Es la familia, junto con el sistema de bienestar, quien mejor protege de la pobreza. En la medida que las transferencias per cápita se han reducido, y difícilmente se recuperaran ya que incluso en una fase de crecimiento económico futuro los costes derivados del peso creciente de la población de más edad, en las partidas de pensiones, sanidad y dependencia lo impedirá, conduce necesariamente a que la única línea de soporte sea la familia.

La conclusión es evidente: solo aquellos países que adopten políticas favorables a su estabilidad y a la descendencia podrán ofrecer unas mejores condiciones de ayudas públicas. Y en esto se produce una paradoja: quienes viven solos o en hogares desestructurados necesitados de asistencia requieren para su salvación de una recuperación de la hegemonía cuantitativa y cultural de la familia en su modelo optimo o clásico.

Todo ello lleva a concluir que la familia es clave para salir de la crisis, tal como argumentaba el pasado 18 de marzo el presidente de e-Cristians, Josep Miró i Ardèvol, en una conferencia pronunciada en la Fundación Valentín de Madariaga de Sevilla.

Escenarios diferentes en Europa

Por otra parte, la pobreza no presenta los mismos rasgos en toda Europa, fruto de la distinta incidencia del paro y de la capacidad del sistema de bienestar. Sí se da una condición general: la pobreza relativa moderada, aquella que se establece cuando los ingresos son inferiores al 60% de la mediana de renta por persona, han crecido en todas partes.

Por el contrario, la pobreza severa, cuando la renta no alcanza al 30% de la magnitud mediana, ha evolucionado de forma distinta.

Por ejemplo, en España ha crecido de una forma extraordinaria, aumentando del orden de un 17% anual, y algo parecido ha sucedido con Francia, y en menor medida Alemania, pero por el contrario se ha reducido en el Reino Unido.

De todas maneras, hay que situar este problema en su contexto cuantitativo: solo el 5% de la población está afectado por este tipo de pobreza en España, mientras que en Francia, Alemania y el Reino Unido se sitúa en torno del 2%.

Estas cifras se distribuyen de manera distinta según el estado civil, porque afecta al 6% de los separados y al 7% de los divorciados, pero solo al 3% de los casados, lo que vendría a confirmar la relación entre tipo de hogar y riesgo de pobreza.

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