Los socialistas, Obama y Afganistán

Cuando Obama ganó las elecciones la socialdemocracia europea lo celebró como un triunfo propio. Fue un gesto excesivo dado el programa c…

Forum Libertas

Cuando Obama ganó las elecciones la socialdemocracia europea lo celebró como un triunfo propio. Fue un gesto excesivo dado el programa con que el nuevo presidente de EEUU se había presentado a las elecciones. Tres factores, como mínimo, definían futuros puntos de fricción.

  1. La guerra ‘buena’ de Obama, la de Afganistán, que exigía nuevos aportes militares
  2. La deriva proteccionista
  3. Eltratarse de un presidente que por formación y por visión del mundo mira más hacia el Pacífico que hacia Europa. Tanto es así que si el G-2 no se ha virtualizado no es tanto por falta de ganas de Obama, como por el desinterés Chino.
En este contexto, el hombre más entusiasta es sin duda el presidente Zapatero, que considera que las relaciones con EEUU han dado un vuelco desde la época Bush. Que han mejorado es algo innegable, pero no de una manera tan sustancial como nos lo pintan. El reciente caso del Desayuno de la Oración es una clara manifestación de ello. Ahora ya se sabe que la iniciativa de invitarlo no partió de la Casa Blanca sino de un miembro muy conectado con la conservadora The Family, que son los promotores del acto, como contrapartida a un favor desconocido que el Gobierno realizó en su momento.
Esto explica el aparente desaire de que Obama no tuviera ni cinco minutos de conversación privada con el presidente de la octava potencia industrial del mundo, que acababa de atravesar el Atlántico. Las teóricas buenas relaciones no sirvieron para disuadir al Gobierno americano de su negativa a que Obama participara en la Cumbre Atlántica que debía celebrarse en Madrid y que era uno de los platos estrella del semestre de presidencia española.
Aquellas causas objetivas que apuntaban a discrepancias de fondo entre la socialdemocracia y Estados Unidos se han multiplicado, y las diferencias entre el Partido Socialista Europeo y Zapatero crecen al mismo ritmo. España era partidaria de aceptar el intercambio de información económica con EEUU en el campo de la lucha antiterrorista, pero el Parlamento Europeo tumbó la iniciativa porque los socialistas no aceptaron este tipo de colaboración. Zapatero está dispuesto a acoger hasta cinco presos de Guantánamo, una cifra más alta de la inicialmente esperada, pero el resto de Europa con la socialdemocracia en primera línea entiende que este es un problema que abrieron los americanos y que a ellos les corresponde cerrar. Más leña al fuego.
La guerra del Afganistán es la cuestión seguramente más determinante en estos momentos. Obama ha iniciado una nueva estrategia que combina la vía política y la militar con la idea de que “su guerra” no se convierta en un nuevo Vietnam. Zapatero lo ha apoyado incondicionalmente mucho más incluso que los atlantistas tradicionales, los partidos demócratacristianos europeos. Pero, al mismo tiempo, la socialdemocracia continental también rechaza esta iniciativa. Esta tensión ha explotado en Holanda, el gobierno del demócrata cristiano Jan Peter Balkenende ha caído porque mientras la DC era partidaria de asumir la petición de Obama de prolongar la estancia en Afganistán del contingente holandés, los socialistas del PvdA eran contrarios. Es un hecho extraordinario que un asunto de política internacional haga caer un gobierno de coalición que en este caso provocará unas elecciones anticipadas que tendrán como consecuencia un presumible éxito de la extrema derecha xenófoba. Los socialistas en este caso deberán justificar ante el electorado que su negativa posición ante Afganistán merece tal coste. Pero, lo más llamativo es que el Partido Socialista Europeo ha emitido un comunicado a favor de sus cofrades holandeses, con lo cual, al menos en teoría, la dimensión del rechazo es continental. Una vez más Zapatero queda como algo exótico.
De todos estos hechos vale la pena retener dos puntos:
El primero es que existe una separación creciente entre Europa y EEUU, donde cada una de las partes tiene su cuota de responsabilidad pero con un subrayado especial para la socialdemocracia. En esta ocasión ya no tienen a un presidente republicano en EEUU a quien puedan utilizar como cabeza de turco, sino al hombre soñado por todos ellos y aplaudido en su momento como nuevo líder mundial del centro izquierda.
La segunda cuestión se refiere a la inanidad internacional de Zapatero. Eso ya lo sabíamos. En el concierto de los estados de la UE, España tiene una incidencia mucho menor que la que le corresponde objetivamente por su dimensión. Hay un claro déficit de capacidad y dirección política centrado en las figuras del presidente del Gobierno y su ministro de asuntos exteriores. La pobreza con que se está desarrollando la presidencia de turno a pesar de la preparación previa y el haber sido considerada como un factor clave en el relanzamiento de Zapatero es una clara constatación de ello.
Pero la cosa ya depasa todos los límites cuando es dentro de la propia familia socialista, donde la mayoría va por un lado y Zapatero por otro, sin capacidad para imprimir su propio criterio al PSE. La incapacidad todavía es más escandalosa si se considera que la gran mayoría de partidos socialistas están en la oposición o, si forman gobierno, lo hacen en posición minoritaria. Escapan de esta regla junto con España, Grecia y Portugal, que no están para demasiados liderazgos internacionales. Zapatero, como jefe del gobierno socialista más importante de toda Europa en las circunstancias actuales, debería tener capacidad para atar más corto a sus compañeros de la UE. No es así. El espejo externo refleja con mucha más claridad algo que una parte de los españoles siguen sin querer entender, el hecho de que hay un presidente absolutamente incapaz de desempeñarse en el campo de la política seria.
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