¿Los ‘tíos’ más listos… de la Iglesia?

Parece que, en el lenguaje coloquial, se refuerza la expresión de admiración cuando se dice: “¡Qué tío!”…

Parece que, en el lenguaje coloquial, se refuerza la expresión de admiración cuando se dice: “¡Qué tío!”: nos quedamos con la impresión de que hemos ensalzado a la persona, aunque la expresión pueda resultar chabacana, más aún si se trata de una mujer. Pero dejemos la corrección y vayamos a la admiración.

Normalmente los padres de familia quieren dotar a sus hijos de los mejores conocimientos para que puedan, en un futuro, independizarse y conseguir un porvenir adecuado o brillante según la capacidad demostrada por el hijo. Hay que tener en cuenta que la palabra “porvenir” está compuesta de “por” y “venir” y si se desconoce lo que tiene que “venir” necesariamente en toda vida humana, difícilmente se conseguirá llegar a ser un buen “tío”. Circunstancia, que no siempre, a la hora de educar, algunos padres tienen en cuenta.
Muchos personajes de la historia consiguieron dejar a la humanidad grandes beneficios: descubridores, compositores, científicos… Pero si sólo trabajaron por conseguir un brillante porvenir con caducidad personal, olvidando el otro por-venir eterno, no consiguieron traspasar el listón de “tío listo”.
¿Quiénes son, entonces, los “tíos” más listos? Naturalmente los santos. Entendieron en su plenitud el valor de la vida humana y la aprovecharon. Lo “por-venir” lo tenían claro y el porvenir temporal era sólo el trampolín para conseguirlo.
Conocer y amar a Dios Creador y Redentor del hombre fue el motor de sus vidas. Les compensó todo lo que trabajaron, sufrieron, soportaron. No fueron personas tristes (¿Un santo triste? Un triste santo, decía Santa Teresa). Siguieron con decisión y valentía el camino (todos lo tenemos) que el Padre celestial les indicó. Lucharon y vencieron, cayeron y se levantaronLos pocos años que vivieron -son siempre pocos- lo estrujaron a favor de sus contemporáneos, los otros hijos de Dios que sólo pensaban en un descomplicado porvenir. Ahora gozan de una eternidad dichosa que es para siempre, para siempre, para siempre… ¿No son realmente los más listos?
Algunos ejemplos:
Siglo I.- Saulo de Tarso. De perseguidor de los primeros cristianos a Apóstol de las gentes. San Pablo. Todo comenzó con un encuentro inopinado con Jesucristo en el camino de Damasco. Padeció naufragios…peligros de ladrones… peligros en la ciudad… en el desierto…Pero aseguraba: “Todo lo puedo en Aquél que me conforta”.
Siglo IV.- Agustín de Hipona. De una juventud licenciosa a una conversión definitiva. “¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!”.Y la muy conocida: “Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti.” El gran San Agustín, Doctor de la Iglesia.
Siglo XVI. Teresa de Cepeda y Ahumada. Reformadora del Carmelo, fundadora de conventos, escritora, poeta: “Vivo sin vivir en mi y tan alta vida espero (lo por-venir) que muero porque no muero”. Santa Teresa de Jesús, Doctora de la Iglesia.
Siglo XIX, D. Bosco. La educación de los niños y jóvenes. Alimentaba sus cuerpos y les descubría sus almas. “Ahora hemos de trabajar, ya descansaremos en el paraíso”. San Juan Bosco, Fundador de la Congregación Salesiana.
Siglo XX. Josemaría Escrivá de Balaguer, Fundador del Opus Dei. Su mensaje: La llamada universala la santidad. “Pueden ser divinos todos los caminos de la tierra”. San Josemaría Escrivá. Fue canonizado el 6 de Octubre del 2002 por el Santo Padre Juan Pablo II que le llamó “el santo de la vida ordinaria”.
En definitiva, la sabiduría cristiana practicada por los santos, que se condensa en la realidad de conocer que de Dios venimos y a Dios vamos.
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