Los tópicos sobre el ‘matrimonio’ homosexual

A continuación abordamos y desmontamos algunos de los tópicos lanzados por el homosexualismo político y que llenan diarios y medi…

A continuación abordamos y desmontamos algunos de los tópicos lanzados por el homosexualismo político y que llenan diarios y medios de comunicación para alimentar la postura partidaria a igualar el matrimonio entre un hombre y una mujer al de una pareja de dos personas del mismo sexo. Argumentos que se repiten hasta la saciedad como un mantra y que al final acaban convirtiéndose en ‘verdad’ a base de ser expuestos una y otra vez.

1.- El matrimonio homosexual sirve para que todos sean iguales. No es cierto ya que no todo el mundo tiene derecho a casarse. Las limitaciones legales son, por ejemplo, las de un determinado grado de parentesco, o que las personas no se pueden casar por debajo de una determinada edad que varía dependiendo de la legislación de los países. Esto no hace a las personas más desiguales. No se puede confundir la diferencia con la desigualdad.
2.- La homosexualidad ha existido siempre y siempre ha sido combatida. No es cierto, depende de la sociedad y de la civilización. Por ejemplo en Grecia no solamente no se combatió sino que se exaltó, solo hay que leer El banquete de Platón. En Roma contrariamente a los griegos no estaba tolerada. Lo que nunca ha sucedido en las sociedades donde estaba aceptada plenamente y reconocida como una iniciación erótica es confundirla con el matrimonio. Grecia, donde muchos jóvenes se iniciaban sexualmente con un hombre mayor, no confundía esta relación con la de un hombre y una mujer, y no porque la mujer griega estuviera mejor en cuanto a derechos, tenía unas limitaciones mucho más grandes que una mujer romana, la cual estaba siempre considerada durante su vida como una menor de edad a nivel de derechos.
3.- El matrimonio homosexual acaba con la hipocresía. No hay hipocresía sino un rechazo (como se demuestra ahora en Francia) que además tiene una raíz biológica. No es asumible con facilidad ver efusiones públicas –no digamos relaciones sexuales- entre dos hombres, por ejemplo. Es una actitud que forma parte de la propia naturaleza.
4.- Quieren vivir en libertad su sexualidad. Pero eso no tiene que ver con el matrimonio. El matrimonio no significa vivir la sexualidad con libertad en esos términos. Al menos desde el 68 en Francia se ha predicado que el matrimonio era la jaula de la libertad sexual y que por lo tanto lo bueno era mantener relaciones al margen del matrimonio. Ahora no se puede cambiar el argumento y decir que el matrimonio es necesario para que se pueda vivir en libertad la sexualidad, eso ya existe sin la necesidad de la aprobación del ‘matrimonio’ gay. La diferencia del matrimonio con otras formas de convivencia es que implica un reconocimiento público de esta relación de convivencia. Lo que cabe añadir es que este reconocimiento no viene en razón de un orden sexual. No porque vayan juntos a la cama la sociedad les debe reconocer que puedan constituir un matrimonio, porque siempre se han ido a la cama al margen de cualquier consideración de este tipo. Es por los hijos, por la descendencia. El valor del matrimonio está basado en la descendencia, no en la sexualidad.
5.- Los niños y su adopción. Uno de los argumentos que se esgrime es que lo importante no es que tengan un padre y una madre, sino el amor que se les da: la respuesta es que lo importante es que tengan un padre, una madre y el amor que se les da. Sino fuera así la psicología no estaría llena de estudios sobre el trauma que significa la educación de un niño sin la figura paterna o materna. El niño reconoce la diversidad de la sociedad a través de la figura del padre y de la madre y saben que un padre es un hombre y una madre es una mujer. Eso lo aprenden a través de la familia, lo que no puede ser es que de un lado la psicología ponga de relieve el problema de la ausencia de la figura de uno de los dos padres y que el homosexualismo político afirme que eso no importa.
6.- La apelación a la emotividad. Por ejemplo, cuando se hace referencia a una pareja de homosexuales que acogió a dos niños de las favelas de Brasil. Este es un tema que no responde a la realidad, sino a una falacia, el problema de las familias que quieren adoptar es que no hay niños, y por eso deben adoptarlos en China, Rusia, África, Brasil… y cada vez con más dificultad porque en la medida de que un país se desarrolla lo primero que hace es limitar las adopciones internacionales. La respuesta al problema de las favelas de Brasil no es que una pareja de homosexuales los adopten, sino que Brasil continúe desarrollándose como hace China. Además, las parejas heterosexuales por sí solas ya absorben el mercado. La presencia en el mundo de parejas homosexuales que adoptan es marginal y no tiene significación en este marco.
Cómo el homosexualismo político manipula los sentimientos
El último caso utilizado por el homosexualismo político para lanzar sus proclamas es el del jugador de la NBA, el pívot de los Washington Wizards, Jason Collins que se ha convertido en el primer jugador de las grandes ligas estadounidenses que admite públicamente su homosexualidad, según informó la revista ‘Sports Illustrated’.
Collins, de 34 años y que ha militado esta temporada en los Celtics y los Wizards, señaló que admite su condición sin problemas. Ha mostrado su intención de continuar su carrera profesional, ya que se siente "con algo que ofrecer". "Ahora soy agente libre y todo lo que quiero es seguir jugando a baloncesto. Todavía me encanta el juego y tengo cosas que dar", expresó Collins.
Y es que Collins siempre ha sido un jugador discreto en la pista ni se ha distinguido por ser una estrella. Ahora en la decadencia de su carrera y en un momento en el que está sin equipo porque nadie le quiere hace pública su homosexualidad. Aprovecha que se da la confluencia de la campaña publicitaria permanente del homosexualismo político y los intereses de las empresas y es que Nike ya ha adelantado que patrocinará al primer atleta de élite que salga del armario de su mano avivando así el debate.
Un jugador que ha pasado una carrera deportiva mediocre ha visto como al final de su carrera mete su mejor canasta al buscar por medios extradeportivos alargar su carrera como jugador de baloncesto y de paso sus ingresos. Todo esto ayudado por una condición homosexual que parece que le va a dar más dividendos que los de ser jugador de baloncesto.
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