Los tres años del Papa de la misericordia

La elección de Bergoglio como sucesor de Pedro fue el 13 de marzo de 2013, entre los principales temas de su pontificado están el ecumenismo, el medio ambiente y el desarrollo

Han pasado tres años desde aquella tarde del 13 de marzo en la que Jorge Mario Bergoglio se asomó, vestido de blanco, desde la logia central de San Pedro, después del Cónclave que siguió a la renuncia de Benedicto XVI. Es poco tiempo, en verdad, para trazar verdaderos balances, pero también es suficiente para identificar algunas líneas guía tras las estadísticas: 12 viajes al extranjero (y un total de 20 países visitados), 11 visitas en Italia, 168 Ángelus y 124 audiencias generales, 2 encíclicas, 15 constituciones, una exhortación apostólica (la «Evangelii gaudium»), que representa la guía del Pontificado, y otra llegará dentro de poco sobre la familia. También: 153 mensajes, 130 cartas, 180 homilías públicas, 628 discursos, 382 meditaciones durante las misas en Santa Marta. Estas homilías representan una de las novedades más significativas del papado de Bergoglio, un magisterio cotidiano simple y profundo.

Misericordia y ternura

A tres años de distancia de aquel 13 de marzo, ya no están en primer lugar los pequeños o grandes cambios de protocolo, el uso del coche utilitario, la elección de la residencia Santa Marta, esa “normalidad” alejada de las costumbres consolidadas de la corte pontificia. Todos estos elementos han tenido su peso al acercar al Papa a la gente, pero representan simplemente signos. El corazón del mensaje de Papa Francisco es el testimonio de una Iglesia que muestra el rostro de un Dios misericordioso y acogedor: “Se necesita una Iglesia –dijo el Papa a los obispos de Brasil en julio de 2013– capaz de volver a descubrir las vísceras maternas de la misericordia. Sin la misericordia hay muy poco que hacer hoy para insertarse en un mundo de “heridos”, que necesitan comprensión, perdón y amor». Durante su reciente viaje a México dijo: «La única fuerza capaz de conquistar el corazón de los hombres es la ternura de Dios. Lo que encanta y atrae, lo que vence, lo que abre y libera de las cadenas no es la fuerza de los instrumentos o la dureza de la ley, sino la debilidad omnipotente del amor divino, que es la fuerza irresistible de su dulzura y la promesa irreversible de su misericordia».

Construir puentes

También en el escenario internacional, el Pontificado de Francisco se ha caracterizado por esa «cultura del encuentro» en su relación con todas las personas, es decir por la voluntad de consttruir puentes con quien deje abierta mínimamente la puerta al diálogo. Es del Papa la realista confirmación de un mundo que se está poniendo en marcha a grandes pasos hacia una tercera guerra mundial, «en pedazos». Desde sus esfuerzos para no aislar al líder ruso Putin hasta el diálogo con las autoridades religiosas musulmanas, desde los viajes a Cuba y Estados Unidos hasta su visita al extremo oriente, Francisco ha hablado sobre el «ecumenismo de la sangre» que une a todos los cristianos de diferentes confesiones, ha abrazado al Patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomeo I, y logró alcanzar el sueño de reunirse por primera vez en la historia de la Iglesia con el Patriarca de Moscú. La unidad de los cristianos no tiene valor solo para la vida de las Iglesias, es un signo muy importante para todo el mundo.

Los últimos

El magisterio de Francisco ha puesto en discusión el actual modelo de desarrollo, actualizando páginas olvidadas de la doctrina social de la Iglesia. En la encíclica «Laudato si’» ha explicado que la custodia de la Creación está relacionada con la solución de los graves problemas de pobreza que afectan a una parte considerable de la población mundial. Las palabras sobre la «economía que mata» han vuelto a llamar la atención sobre el drama del subdesarrollo y de las consecuencias desastrosas de las guerras, además de los ocultos motivos que las sostienen. Su insistencia sobre la acogida de los prófugos se dirige principalmente a Europa, para que no olvide los valores que le dieron origen.

El peligro de reducirlo a “slogan”

A tres años de que comenzara, su Pontificado se ha caracterizado por «trabajos en curso»: si la reforma del sistema económico-financiero vaticano ya entró en su fase práctica, el proceso para la reforma de la Curia se está revelando un poco más lento, mientras que la reorganización del sistema de los medios de comunicación vaticanos está comenzando. Las palabras del Papa parecen indicar claramente que la reforma de los corazones, la «conversión pastoral», es una condición necesaria para las reformas estructurales. Se corre el riesgo, en efecto, de que el mensaje del Pontificado sea reduciso a “slogan”, como si fuera suficiente cambiar alguna de las palabras clave: ahora se han puesto de moda términos como «periferias». El testimonio del Papa, en realidad, sugiere a todos (a los colaboradores, a los obispos, a los sacerdotes y a los laicos de todo el planeta) una radicalidad evangélica, sin la cual las reformas podrían correr el peligro de imitar criterios empresariales y podrían caer en tecnicismos que no consideran la naturaleza de la Iglesia, que no puede ser comparada a la de las transnacionales, como repitió a menudo en el pasado Benedicto XVI.

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