Luchar contra la pobreza, incentivar el trabajo

La crisis económica que erosiona gravemente a la sociedad desde el 2008, y que tardará años en dejar de hacer sentir sus efectos …

La crisis económica que erosiona gravemente a la sociedad desde el 2008, y que tardará años en dejar de hacer sentir sus efectos destructivos, presenta exigencias mayores y en muchas ocasiones contrapuestas. Generar empleo, atender a la ingente y creciente cantidad parados que han agotado la prestación, el elevado número de familias en las que nadie tiene trabajo, es contradictorio con la necesidad de reducir el gasto público. Buscar la recuperación y al mismo tiempo vivir bajo uno de los sistemas impositivos que presenta los tipos más elevados de Europa -y por tanto del mundo- es una contradicción.

Ahora, con la perspectiva de la reforma fiscal, sino queda reducida a un maquillaje electoral dirigido a hacer ver que se reduce el IRPF al tiempo que se incrementa la presión fiscal sobre los hogares, es el momento de introducir nuevas concepciones que atenúen las contradicciones y mejoren el papel que debe desarrollar una buena fiscalidad.

En este contexto, es una prioridad ayudar a la gente que se está quedando al margen, pero a la vez hay que hacerlo de manera que estimule su preparación para el trabajo y su búsqueda activa. En esta misión, la fiscalidad puede tener una tarea destacada, dando alicientes y eliminando las distorsiones del actual sistema. En ocasiones, la combinación de prestaciones sociales puede disuadir de buscar trabajo. Un ejemplo permite constatarlo: una ayuda a la renta y una vivienda social de alquiler disuaden de trabajar si el salario que se puede obtener no compensa suficientemente la pérdida (de la prestación y del alquiler social) porque el ingreso salarial que se obtiene, a pesar de ser bajo, excede lo que permite la regulación de las prestaciones.

La respuesta esta cuestión existe y es una prestación social con fuerza dinamizadora: se trata del Crédito Fiscal por Ingresos del Trabajo (Earned Income Taxt Credit, EITC), introducido en Estados Unidos desde 1975, en el Reino Unido en 1999, y en Suecia en 2007. El modelo no es el mismo en cada caso pero la orientación es idéntica: otorgar un ingreso a los hogares con ingresos más bajos de manera que la ayuda a partir de un mínimo se incrementa en paralelo a como lo hacen los ingresos del hogar, hasta un máximo a partir del cual el aumento del ingreso significa una reducción de la prestación hasta alcanzar su desaparición. Se paga para asegurar salir de la pobreza y para mejorar los ingresos hasta un límite.

Una cuestión básica de esta solución es dotar a la curva en forma de barriga, que describe la ayuda sobre el eje de los ingresos, de la cantidad e intervalos mejores para motivar el progreso. Ayudar a quien lo necesita, pero a partir de ese inicio hacerlo en mayor medida en razón de la iniciativa de cada uno. Esta reforma fiscal debería aglutinar todo los tipos de ayudas existentes relacionados con el objetivo de reducir la marginación y la pobreza. Es mejor fórmula que otros tipos de prestaciones que no se vinculan al esfuerzo personal. Para multiplicar su eficacia, convendría: 1) Mejorar sustancialmente las políticas activas de empleo, es decir la formación laboral. 2) También las funciones de intermediación, costosas, ineficaces, e ineficientes, que hacen las oficinas públicas de empleo. El primer punto requeriría una planificación que no existe, y una segmentación básica entre jóvenes, mayores de 50 años, y el resto de los desempleados; así como, y relacionado con los anteriores, para con los ocupados de larga duración por una parte, y los jóvenes sin experiencia laboral por otra.

La aplicación de la medida debería implicar una estricta vigilancia para que no fueran realizados trabajos por debajo del mínimo de remuneración establecido actualmente. Las principales ventajas de este enfoque sobre el actual y sobre otros enfoques basados en la renta básica pueden resumirse en:

• Benefician los que tienen un mes bajo nivel educativo, y en general al grupo social con una tasa de participación laboral reducida.

• Estimula a los hogares en el que el trabajo del otro adulto podía verse desincentivado debido a la pérdida de la prestación.

• Reduce la pobreza en términos importantes dado que de entrada mejora la situación de trabajadores con salarios bajos. Es más eficaz en este sentido que el salario mínimo.

• Mejora el capital humano al promover la ocupación laboral.

• El incentivo a trabajar liquida el efecto de las prestaciones crónicas, y hace a las personas menos dependientes de las prestaciones sociales, lo que se traduce en un ahorro de recursos públicos.

• Puede contribuir a hacer aflorar empleo sumergido dado que recompensa su declaración.

Hazte socio

También te puede gustar

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>