Lutero

Se rodó el 2003, dirigida por Eric Till y protagonizada por Joseph Fiennes. Se refiere más a la juventud de Lutero y destaca su apasionada lucha por s…

Se rodó el 2003, dirigida por Eric Till y protagonizada por Joseph Fiennes. Se refiere más a la juventud de Lutero y destaca su apasionada lucha por ser fiel a su conciencia frente a las presiones insoportables de la Iglesia Católica, que lo consideró un hereje.

Me parece muy interesante, en esta época de ecumenismo, acercarnos a la visión que los protestantes tienen de su fundador, y de las poderosas razones que le llevaron a la ruptura. Comprendo que es razonable buscar para ello un actor atractivo, y , en estos tiempos de atención a lo subjetivo, a las razones íntimas, destacar la idea más atractiva de Lutero- querer entenderse con Dios cara a cara, a través de su Palabra, sin intermediarios-, frente a la menos atractiva de sus oponentes: la tentación humana de utilizar los dones divinos para obtener ventajas personales.

Quizá no es muy ético, pero es comprensible. Si yo quiero hacer atractiva la figura de un revolucionario, debo pintar con los peores tintes la maldad e intransigencia de sus opresores.

Insisto, es comprensible, y además es bueno ver qué razones esgrimen los demás para justificar su actuación. Pero eso no significa que haya que aceptarlo sin crítica.

Es imposible juzgar a un hombre, por eso Dios se ha reservado el juicio. Pero sí se pueden juzgar sus frutos, y los de Lutero no han sido todos dulces. De amargos se pueden calificar la insoportable presión del calvinismo sobre Ginebra, la intransigencia frente a Servet, las guerras que siguieron a la ruptura del cristianismo. Terrible ha sido para el protestantismo la pérdida del mayor tesoro de la Iglesia: la Eucaristía, la presencia real del mismo Cristo, al que sin duda aman. La pérdida del sacerdocio, de la confesión, de la devoción a la Virgen María y a los santos. Terrible la pérdida de la Cabeza con la consiguiente división, la ausencia de un Magisterio aceptado por todos, la pérdida de la sucesión apostólica con el consiguiente peligro de derivar en sectas…

Amamos mucho los católicos a nuestros hermanos cristianos, deseamos fervientemente la unidad de los que creemos en Cristo; pero no podemos dejar de ver que el protestantismo padece una profunda crisis que en parte es coyuntural, pero en lo más profundo radica en sus propios presupuestos. Propongo a los lectores el recuerdo de dos películas memorables que incitan a la reflexión : una es “El festín de Babette”, donde el ambiente luterano está visto con agudeza y ternura. Y la radical “Rompiendo las olas” , en la que se percibe la intolerable presión de una religiosidad puritana y carente de caridad.

La idea central de la película – la libertad en el trato íntimo con un Dios Padre-, se ve hoy más fácilmente en la Iglesia Católica después de Juan Pablo II que en el luteranismo.

Bienvenida sea, pues la película sobre Luther, ya que quizá pueda dar pie a un diálogo sincero y provechoso entre cristianos.

Pero, por favor, no más trágalas.

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