Madrid como ejemplo

La manera como se comportó el público el sábado pasado en el Estadio Santiago Bernabeu de Madrid merece atención. Los partidos entre el Real Madrid y …

Forum Libertas

La manera como se comportó el público el sábado pasado en el Estadio Santiago Bernabeu de Madrid merece atención. Los partidos entre el Real Madrid y el FC Barcelona son, como es notorio, encuentros de alta tensión. En este caso, además, el clima generado por el proyecto de Estatuto de Autonomía de Cataluña podía hacer pensar que el riesgo que siempre entrañan este tipo de partidos se multiplicara. No fue así, y no se trata sólo del insólito gesto de aplaudir al equipo adversario, lo que sin duda constituye una elevada expresión de fair play deportivo, sino el ambiente que presidió el encuentro, pasado el ritual inicial de lógicos silbidos.

 

Ese buen periodista que es Enric Juliana, subdirector del diario LA VANGUARDIA y responsable de este periódico en Madrid, escribe este mismo lunes que existe mucha más tensión en los despachos políticos que en la calle. Podríamos añadir a esta impresión otra: El ambiente en las demás ciudades españolas es, en la mayoría de casos, todavía más suave. Ello no significa, ni debe entenderse así (es necesario subrayarlo), una aceptación del Estatuto, sino de otras dos cuestiones. Una es la de que la disconformidad substancial con una ley no debe dar lugar a un enfrentamiento territorial entre personas. La otra es que mucha gente permanece al margen de los vaivenes, por intensos que sean, de la política entendida como agresión en la que el adversario se convierte en enemigo. Esto es malo en todos los casos, pero lo es sobre todo en países que poseen cauces democráticos para dirimir los conflictos por importantes que éstos sean.

En el caso del Estatuto, su tramitación en el Parlamento catalán y la independencia del Poder Judicial con el Tribunal Constitucional como garante del efectivo cumplimiento de las leyes garantizan resultados, si no satisfactorios para todos, lo cual es imposible, sí razonablemente asumibles.

El saber hacer que demostraron decenas de miles de personas en el Bernabeu contrasta con el tono agrio y agresivo del secretario general del Partido Socialista de Cataluña (PSC) y ministro de Industria, José Montilla. Que él considere que existen ataques injustos y excesivos sobre su persona no justifica, en ningún caso, que desarrolle una línea equivalente al trato que dice recibir, más cuando se trata de una persona que tiene tanta responsabilidad política, como sucede en el caso de Montilla. Lo que menos necesita ahora España es agresividad y descalificaciones a personas y grupos. Lo que resulta mejor para todos es la capacidad de exponer las razones, escucharlas y, lo más difícil de todo, esforzarse para ponerse en la piel del otro, no para abjurar de la propia identidad, que no se trata de eso, sino para intentar entenderlo mejor. El reto es buscar puntos de acuerdo, construir puentes por los que discurra la capacidad de razonar. Y en esa labor, por doctrina y por mandato, los cristianos deberíamos ocupar un papel de primera línea.

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