Martin Lutero y San Manuel González (I/III)

Interpretación bíblica ilustrada acerca de la Eucaristía y su adoración íntima silenciosa

Milagro de la Eucaristía

El pasado mes de abril inicié un borrador de pincelada, anotando en él el link de la Wikipedia acerca de Martin Lutero. Ahora me toca decir algo. Siendo un prestigioso fraile agustino, ordenado sacerdote colgó los hábitos, se casó y fue padre de seis hijos. Que yo sepa si eres fraile o/y sacerdote no puedes casarte. Te debes fiel, con independencia de la dispensa canónica de vida conventual y/u obediencia al Obispo, a los Votos de Castidad, Pobreza y Obediencia. Que yo sepa si estás casado ni puedes ser ni fraile ni  sacerdote. Pues una cosa son los Votos y/o la Ordenación Sacerdotal y otra el Matrimonio. El Matrimonio finaliza al fallecimiento del esposo o la esposa. Contemplando situaciones de separación conyugal previstas en el Derecho Canónico, ¡con fidelidad esponsal hasta la muerte! ¡El sacerdote lo es in aeternum per in saecula saeculorum por muchos hábitos que haya colgado! Los que han ido de legales en eso del colgamiento también lo siguen siendo. El noviazgo con Cristo de un candidato al sacerdocio dura unos años. Dispone de tiempo sosegado para madurar su vocación. ¿Todo sacerdote toma conciencia de la gracia sacramental que le asiste desde la imposición de manos por parte del Obispo?

No debe cuestionarse la aportación exegética bíblica de Martin Lutero a lo largo de su vida. ¿Y su adhesión espiritual rendida ante la Palabra de Dios revelada? Sí debemos todos denunciar su actitud bíblica mesiánica ¡subordinada a y aduladora de los poderes temporales de este mundo! Subordinación aduladora en oposición a su obediencia cristiana a la autoridad de Su Santidad el Papa. ¡Qué diferencia entre su proceder en el siglo XVI y el fundador de su orden, San Agustín de Hipona, en el siglo IV!

Imaginen por un momento que yo, como padre de familia numerosa que trata de seguir siempre como normativo la carta magna en materia sexual denominada Humanae Vitae, la emprendo contra el Papa por las permisividades o concesiones eclesiales que observo por doquier, suponiendo su aprobación pontificia. Eso sí razonando mis oposiciones. Y refugiándome en mi estudio ortodoxo y en mi conciencia como bandera evangélica a esgrimir ante estas supuestas concesiones. Sin ir de reformador violento. Y así sucesivamente en todo lo propio de mi militancia cristiana. ¡Haciendo bandera -en todo- de mi conciencia revolucionaria pacífica no subordinada! ¿Cabe mayor soberbia cobarde antievangélica?

Pues esto que yo no hago en mi tiempo – pecados aparte- es lo que hizo Martín Lutero en el suyo. Como lo hacen muchos hoy dentro de la Iglesia. Ese hacer en este plan (desobedecer) pasa factura a quien hace y a quien se adhiere a ello. ¿Tenía sus razones Lutero para rebelarse sin esgrimir bandera violenta? Me dirán Vds.: –“claro que sí”-  –“no puede ser el trapicheo de la compra de indulgencias”– –“no puede ser que si tienes dinero y donas obtengas indulgencias que el pobre no puede obtener”-.  Eso sucedía en aquel lejano tiempo del siglo XVI en Alemania. Hace tiempo que en el nuestro hay indulgencias -no ligadas al dinero- de tipo parcial y plenario. La Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica, y por ello Romana, ha corregido cosas a lo largo del tiempo. Cuando yo era niño aún estaban en vigor las indulgencias por días. Era una especie de matemáticas de actos píos para merecerlas. “Tanto haces tantos días obtienes” “Cuántos más días acredites en tu haber menos purgatorio tendrás cuando te mueras”. Lenguaje de estampas, de misales y de letreros en las entradas de los templos. Lenguaje cierto para aspirar a la santidad. Lenguaje corregido gracias a Dios por sus mediciones matemáticas de carácter contable. ¡A Dios y no a Lutero!

 

https://es.wikipedia.org/wiki/Mart%C3%ADn_Lutero

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