Más divorcios: demoliendo la sociedad

Los efectos de la nueva Ley del Divorcio se revelan como demoledores para la sociedad y la economía española a la luz de los últimos datos facilitados…

Forum Libertas

Los efectos de la nueva Ley del Divorcio se revelan como demoledores para la sociedad y la economía española a la luz de los últimos datos facilitados por el INE, y que la mayoría de medios de comunicación han reflejado con detalle.

Desearía llamar la atención sobre el hecho que en el mismo año que el gobierno español decidió cambiar la Ley del Divorcio (creando una nueva normativa, única en el mundo, porque dejaba sin efecto el valor contractual del matrimonio), la muy laica y republicana Francia también modificaba su ley, pero dejando sentado la existencia de responsabilidades dentro de la pareja, estableciendo una cierta jerarquía de su importancia en el orden en que debían ser atendidas por el juez, y manteniendo un periodo de separación previo.

Una vez más el gobierno español, que rige un país cuya administración y sociedad no destaca precisamente por su capacidad innovadora en el plano científico y técnico, se dedica a innovar en el terreno de las instituciones sociales.

El resultado es tremendo e irá a peor.

Por una parte el periodo de separación tiende a desaparecer. Esto significa que la posibilidad de reconciliación sufre un grave quebranto. Esto lo facilita la ley y también la indiferencia de la administración española para ayudar con mecanismos de conciliación, como existe en la mayor parte de Europa, que llevan años funcionando con un notable éxito.

Si a esto se le añade que la ruptura pura y dura es la principal causa del feminicidio de pareja, puede constatarse la ramificación de las consecuencias.

Es asimismo muy grave el crecimiento exponencial que registran lo divorcios de parejas con menos de dos años de casados. Esto significa que el matrimonio, lejos de verse como un paso de mucha responsabilidad, fruto de la maduración de un proceso personal y compartido, es considerado como un simple evento.

Es lógico que así sea y que esta tendencia aumente en el futuro, porque ¿qué valor puede dársele a un contrato que puede ser revocado unilateralmente, sin alegar causa, y al cabo de solo tres meses de haber sido firmado?

¿Qué se diría si aplicáramos esta misma lógica contractual al ámbito laboral y mercantil? Pues diríamos sencillamente que el país no puede funcionar bien.

Detrás de todo esto hay una cultura determinada que por ignorancia o por ideología de vuelo gallináceo, menosprecia o subvalora la institución del matrimonio.

El daño creciente de esta actitud va a costar muy caro a la sociedad y a la economía española. Es un Nobel de economía, Gary S. Becker, quien en su extraordinario trabajo sobre “El Capital Humano” señala la pérdida que se produce en este ámbito, el del capital humano, con el divorcio. Y lo estudia desde una metodología económica.

Las consecuencias de esta pérdida no son solo monetarias sino también de perspectivas de futuro. Daña a los hijos y daña también a la pareja. Una derivada de esta evolución en negativo es el crecimiento de familias monoparentales con niños a su cargo, encabezadas por una mujer, que como se sabe es un indicador objetivo del riesgo de caer en una situación de pobreza.

En los países anglosajones, que no son sospechosos en este terreno de utilizar el papel de fumar para coger nada, utilizan la tasa de divorcialidad como un indicador de la pérdida de otro tipo de capital básico para el desarrollo de un país, como es el capital social.

El divorcio actúa en este terreno de dos maneras distintas. Por una parte fracciona, debilita, las redes familiares que en España son la componente más importante de la red social que expresa un determinado nivel de capital social. Por otra parte, destruye otro componente básico de este tipo de capital, como es la confianza.

La literatura científica sobre las consecuencias negativas de los divorcios, sobre todo para los hijos, es muy extensa. Sería bueno que todos estos datos emergieran en este país y permitieran establecer un debate social sobre una ley, nefasta, pero que, no lo olvidemos, fue aprobada prácticamente por unanimidad.

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