Más mujeres mayores vivirán solas

Según un estudio del Observatorio Social de la Caixa de David Reher y Miguel Requena quienes no tienen hijos tienen más probabilidades de vivir solas que quienes sí tienen

Aunque el estado civil es crucial, tener hijos es un factor determinante en la probabilidad de vivir sola a edades avanzadas. Independientemente del estado civil, quienes no tienen hijos tienen más probabilidades de vivir solas que quienes sí tienen. En promedio casi el 30% de las mujeres mayores de 65 años viven solas, pero la cifra es mayor entre quienes no tuvieron hijos (38,3%) que entre quienes sí los tuvieron (26,4%). En todo caso, aunque tener hijos tiende a amortiguar la probabilidad de vivir sola, no la determina por completo.

Puntos clave

  1. Hay más de un millón doscientas mil mujeres mayores de 65 años que viven solas en España.
  2. La proporción de mujeres mayores de 65 años que viven solas no deja de aumentar: en 1981 eran apenas el 19%, y actualmente representan casi el 30%.
  3. Independientemente del estado civil, las mujeres sin hijos tienen más probabilidades de vivir solas a edades avanzadas que quienes sí tienen hijos.
  4. Se estima que hacia el año 2031 habrá casi dos millones de mujeres mayores de 65 años viviendo solas.

Proporción de mujeres de 65 años y más viviendo solas en España

El estado civil influye mucho en la probabilidad de vivir sola a edades avanzadas. La mayoría de las mujeres mayores de 65 años que están casadas viven con sus parejas y en consecuencia son pocas las que viven solas, menos del 3%. Por el contrario, hay muchas más mujeres sin compañía en el hogar entre las viudas, las solteras o las separadas y divorciadas.

Proyecciones para 2031

Se estima que hacia 2031 habrá 1.876.000 mujeres mayores de 65 años viviendo solas. Esta proyección deriva de la información contenida en los Censos de Población. Para ello se tienen en cuenta dos elementos: 1) el efecto del número de hijos sobre la probabilidad de vivir sola a edades avanzadas y 2) el número de mujeres de más de 45 que ya han completado su ciclo reproductivo. Conociendo las tendencias actuales y el efecto del número de hijos sobre la probabilidad de vivir sola a edades avanzadas es posible estimar cuántas de ellas vivirán solas en el futuro.

Un colectivo vulnerable

Vivir sin compañía a edades avanzadas está asociado a un mayor aislamiento social y riesgo de enfermedades, así como menores niveles de bienestar psicológico, satisfacción personal y calidad de vida percibida.

Cada vez hay más mujeres mayores de 65 años viviendo solas. En el año 1981 apenas el 19% de ellas vivía en hogares unipersonales, mientras que actualmente la cifra roza el 30%. En estos cambios, las pautas de fecundidad han desempeñado un papel crucial. Independientemente del estado civil, las mujeres sin hijos tienen más probabilidades de vivir solas a edades avanzadas que las que tienen hijos. Por eso, como se vive cada vez más años y se tienen menos hijos, se espera que la cifra de mujeres mayores que viven solas aumente en los próximos años.

1. Cada vez hay más mujeres mayores viviendo solas

En España había más de un millón doscientas mil mujeres mayores viviendo solas en el año 2011. Es decir, tres de cada diez mujeres mayores de 65 años no tienen compañía en el hogar. Y al igual que en otros países del entorno, la cifra no ha dejado de crecer en las últimas décadas. Si en 1981 apenas el 19% de las mujeres mayores vivían en hogares unipersonales, en 2011 ya representaban el 27,1%. Los datos más recientes apuntan en la misma dirección: en 2016 ya eran el 28,8% las mujeres de 65 años o más que vivían en hogares unipersonales, según la Encuesta Continua de Hogares elaborada por el Instituto Nacional de Estadística.

Detrás de estas cifras se esconden transformaciones sociales y cambios en los patrones familiares que están viviendo todas las sociedades europeas. En este sentido, casi el 56% de los españoles considera que hoy día se atiende peor a los padres mayores que las generaciones anteriores (estudio 3.109 del CIS, de septiembre de 2015). Además, en el mismo estudio muchos reconocen que tienen poco contacto con sus familiares mayores de 65 años con los que no conviven: un tercio reconoce que nunca o más bien ocasionalmente conversa con sus familiares mayores (el 33% telefónicamente y el 30,3% personalmente; se agrupan las respuestas de quienes responden “nunca”, “sólo los fines de semana y/o festivos” y “ocasionalmente”). Y son muchos más quienes tienen poca relación con sus familiares mayores en otras actividades como pasear (el 68,6% no lo hace nunca o más bien ocasionalmente), ir al cine o actividades de ocio (85,5%), ayudarles con el cuidado personal (82,6%) o compartir tareas domésticas y cuidado de otras personas (87,2%).

Aparte del cambio cultural y familiar, estos porcentajes reflejan transformaciones demográficas y económicas. Las mejoras en salud y los aumentos en la esperanza de vida y en el bienestar material de los mayores hacen que estos tengan una preferencia cada vez mayor por la autonomía personal. Pero vivir sin compañía a edades avanzadas no siempre es una elección. Los cambios en la estructura familiar y el hecho de que ahora las familias sean más pequeñas también están detrás de esta tendencia. De hecho, el tamaño de la familia es crucial para comprender por qué ahora muchas más mujeres mayores viven solas que hace tan solo unas décadas, incluso en sociedades como la española donde la familia tradicionalmente ha tenido un papel central. La relevancia social de esta cuestión es indudable. Las mujeres mayores que viven solas son un colectivo social vulnerable porque vivir sin compañía a edades avanzadas está asociado a un mayor aislamiento social y riesgo de enfermedades y a unos menores niveles de bienestar psicológico, satisfacción personal y calidad de vida percibida (Golden et al., 2009; Yeh y Lo, 2004).

Es cierto que también ahora hay más hombres mayores viviendo solos que en el pasado, pero el estudio se centra en las mujeres por al menos dos razones. Una es estrictamente numérica: en ese grupo de edad hay más mujeres que hombres porque ellas tienen una mayor longevidad, es decir, viven más años. Además, y a diferencia de lo que sucede en otros países, en España a partir de los 65 años ellas viven solas en mayor proporción (27,1%) que ellos (12,6%). Pero hay también una segunda razón más bien práctica por la que centrarse en las mujeres. Los censos de población en los que se basa el estudio recogen información sobre el número de hijos que han tenido las mujeres. En consecuencia, centrarse en ellas permite estudiar de manera más precisa el impacto del tamaño de la familia sobre la probabilidad de vivir sin compañía a edades avanzadas, y hace posible además predecir la magnitud del fenómeno en el futuro.

2. ¿Qué factores explican que las mujeres mayores vivan solas? La importancia de tener hijos

Hay diversos factores que pueden explicar que una mujer viva sola a edades avanzadas: la situación económica, el estado de salud, el lugar donde vive, el nivel educativo, si es extranjera o no, si tiene pareja, si tiene hijos… Y aunque todos ellos podrían influir en cierta medida en la probabilidad de vivir sola a edades avanzadas, el factor más relevante es si ha tenido hijos o no. En concreto, entre las mujeres mayores que no han tenido hijos un 38,3% vivían solas en 2011, mientras que entre las que sí habían tenido hijos la cifra era bastante menor: 26,4%. Esta diferencia entre quienes han tenido hijos y quienes no los han tenido es considerable. Pero no solo importa el haberlos tenido o no, sino cuántos hijos se han tenido. Como era de esperar, la probabilidad de vivir sola a edades avanzadas se reduce cuanto mayor es el número de hijos.

La clara relación que se observa entre el vivir sola a edades avanzadas y el historial de fecundidad (es decir, el número de hijos que se han tenido) es una asociación fuerte y significativa en términos estadísticos. Se trata de una relación que se mantiene incluso en análisis más sofisticados, que tienen en cuenta simultáneamente características demográficas y sociales que también pueden estar influyendo, como por ejemplo, ejemplo, la edad (no es lo mismo tener 65 años que 100), el nivel educativo, el lugar de residencia, el estatus migratorio, el régimen de propiedad de la vivienda o el estado civil actual.

Podría pensarse que, además del número de hijos, el estado civil de las mujeres mayores es un asunto muy relevante para comprender el fenómeno. De hecho, como es fácil de imaginar, son muy pocas las mujeres mayores que están actualmente casadas y viven solas (no llegan al 2%), mientras que entre las viudas la cifra es superior al 50%. En otras palabras: es mucho más probable que una mujer mayor viva sola si está soltera o viuda que si está casada y su pareja todavía vive, porque en ese último caso la inmensa mayoría vive con sus maridos o con otros familiares.

Si bien el estado civil es determinante, el número de hijos sigue siendo un factor relevante para explicar la probabilidad de vivir sola a edades avanzadas. Y es que sea cual sea el estado civil, las mujeres con hijos se enfrentan a una probabilidad menor de vivir solas a edades avanzadas en comparación con las que no tuvieron hijos. Por ejemplo, sabemos que en términos generales un 53% de las mujeres mayores viudas viven solas, pero dentro de este grupo son muchas más las que viven solas si no tuvieron hijos (el 66% de las viudas) en comparación con las que sí los tuvieron (52%). Y lo mismo sucede con el resto de los estados civiles. Es decir, tanto entre las solteras como entre las casadas, las separadas, las divorciadas o las viudas, es más probable vivir sola a edades avanzadas si no se ha tenido hijos.

Esta regularidad entre el número de hijos y la forma de convivencia a edades avanzadas es bastante intuitiva y fácil de entender. A mayor número de hijos, es más probable vivir acompañada en la vejez porque, en términos generales en las familias grandes se establecen más vínculos familiares que en las pequeñas. Sin embargo, hay que tener en cuenta que si bien el número de hijos es un factor muy importante que reduce la probabilidad de vivir sola, este no determina por completo que así sea. De hecho, los datos también permiten una lectura alternativa: tener hijos tiende a amortiguar la probabilidad de vivir sola, pero hay bastantes mujeres mayores que habiendo tenido hijos viven solas (26,4%); y a la inversa, hay muchas más que no han tenido hijos y viven acompañadas (61,7%).

Cabe plantearse, por tanto, que en el fenómeno de vivir sin compañía a edades avanzadas se combinan elementos que tienen que ver con decisiones individuales, pero también con impedimentos o restricciones más estructurales. Con los datos del censo es imposible distinguir si un comportamiento (en este caso vivir sola) es algo voluntario o involuntario. Aun así, todo indica que se dan las dos simultáneamente: la autonomía personal es cada vez más un valor en alza, también para las personas mayores; además, se dan las condiciones objetivas para hacerlo, porque ahora los mayores cuentan con más recursos sociales y económicos para vivir solos que en el pasado.

3. Anticiparse al futuro

Constatar que hay una asociación clara entre el número de hijos y la probabilidad de vivir sin compañía a edades avanzadas es en sí mismo un resultado relevante a día de hoy. Informa a la sociedad y a los responsables de diseñar políticas públicas de las necesidades específicas de este colectivo para actuar en consecuencia. Pero no solo es relevante para entender el presente. Identificar esta relación es crucial, también, porque ayuda a predecir la evolución del fenómeno en el futuro y así poder anticiparse a las necesidades que están por llegar.

Las mujeres mayores que viven solas son ahora un grupo vulnerable y numeroso, pero lo serán aún más en el futuro. Hay dos fenómenos demográficos que apuntan a esa dirección. El primero es el aumento de la longevidad y, con ella, de la esperanza de vida. El segundo es la caída de la fecundidad. Cada vez se tienen menos hijos y, como consecuencia, las familias son más pequeñas. Si las mujeres van a vivir más años –muchos de ellos con buena salud– y, como se ha mostrado anteriormente, un menor número de hijos aumenta la probabilidad de vivir sola, todo indica que en los próximos años la magnitud del fenómeno de las mujeres mayores que vivirán solas será aún mayor.
En los años ochenta el número de mujeres mayores que vivían solas apenas llegaba al medio millón. En 2011 eran ya casi un millón trescientas mil, y en 15 años podríamos estar ya cerca de los dos millones de personas. En concreto, se estima que en 2031 podría haber 1.867.000 mujeres mayores viviendo solas. Esta proyección se ha realizado a partir de la información disponible en los censos de población sobre mujeres de más de 45 que ya han completado su ciclo reproductivo. A esa edad la mayoría de ellas ya no tendrán hijos y, por tanto, conociendo las tendencias actuales y el efecto del número de hijos sobre la probabilidad de vivir sola a edades avanzadas (descrito en la sección anterior), es posible estimar cuántas de ellas vivirán solas en el futuro.

Todo esto tiene importantes implicaciones para el diseño de políticas sociales y para la organización de los servicios de bienestar. Las personas mayores que viven solas presentan un mayor riesgo de exclusión y aislamiento social, y requieren más atención, cuidado y seguimiento. Por eso es importante conocer y anticipar los cambios sociales y demográficos a las respuestas sociales y políticas. Solo así será posible que los servicios de bienestar y la sociedad puedan adaptarse y ser capaces de responder a unas necesidades que son ya una realidad y lo serán aún más en las próximas décadas.

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One comment

  1. 1

    Hoy en día el factor de los hijos ya no tiene importancia porque es muy poco frecuente que la madre viva con alguno de sus hijos, y cada vez será menos relevante. La vejez hay que afrontarla con la pareja, si se tiene, y en caso de perderla completamente solos, tanto si eres hombre como si eres mujer.

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