Más política, otras formas, nuevos objetivos

Nos llevan ventaja. Son muchos, están organizados; dicen, se contradicen y mas tarde pactan lo contrario. Se apoyan desde la diferencia contra …

Nos llevan ventaja. Son muchos, están organizados; dicen, se contradicen y mas tarde pactan lo contrario. Se apoyan desde la diferencia contra una derecha que ellos mismos han definido y demonizado. Primero ganaron la calle y más tarde se han instalado en el poder y en la opinión pública después de años de oposición. Por qué no reconocerlo, han actuado y han asignado prioridades a su proyecto, con el objetivo de mantenerse en el poder a toda costa y promover sus políticas algunas de ellas contrarias a la vida, a la verdad y a la dignidad de los hombres y mujeres de nuestro país.

Mientras, muchos de nosotros, católicos de salón, hemos vivido acomodados en el rebufo de aquel nacional catolicismo. Nunca hubiéramos imaginado que casi todo lo esencial podía cambiar tanto,… nuestros hijos, nuestras escuelas, nuestra sociedad,… No nos engañemos, estamos viendo que todo puede ser vulnerable bajo esta inercia de desintegración que algunos han programado y decidido por nosotros.

Apreciados lectores, no me pongan etiquetas, ni tampoco hagan un resumen acomodado de mi artículo para retomar otra vez su sillón. Mi artículo busca la participación espontánea. Decía Goethe que el pensamiento dilata y la acción vivifica. Ellos dejaron la inactividad hace mucho tiempo. Tenemos que aprender del adversario político y reconocer que actúan y se mueven más que nosotros aunque sea sacudiendo los valores de nuestra sociedad.

Me pregunto ante tanta agresión por qué permanecemos divididos sin organizarnos convenientemente. Seguimos aislados en nuestra casa, nuestro club, nuestro rincón, nuestro Dios particular, dejando el espacio común a los ‘otros’ y olvidamos nuestra vocación propia en la comunidad política y que en virtud de esta vocación, estamos obligados a dar ejemplo de sentido de responsabilidad y de servicio al bien común, que abarca el conjunto de aquellas condiciones de vida social con las cuales los hombres, las familias y las asociaciones pueden lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfección. (GS 74)

Qué lejos estamos todos de un entorno social que facilite nuestra plenitud y perfección. Este bien común, objetivo último de la política, se ha convertido en muchas ocasiones en el bien de unos cuantos en detrimento de todos y especialmente de los más débiles. En estos casos, nadie puede pedirnos sumisión ni obediencia alguna y cualquiera entiende que nos es lícito defender nuestros derechos y convicciones de forma ordenada, enérgica, pacifica y estructurada.

Dando un paso más hacia esta participación en la comunidad política podríamos acordar tres puntos básicos de actuación que requerirían de la colaboración de todos:

– Debemos concretar como cristianos nuestra vocación propia en la comunidad política colaborando activamente en todas aquellas propuestas que incidan en el gobierno de la cosa pública. Basta ya de quedarse en casa. Necesitamos hacer entre todos más política, pero esta vez podríamos intentar diseñarla nosotros.

– Independientemente de las estructuras políticas que utilicemos en nuestra participación, hemos de cambiar las formas habituales de confrontación. El cristiano debe luchar con integridad moral y con prudencia (GS75). Nuestro mensaje debe incidir en lo esencial dejando a un lado el rifi-rafe diario de los partidos actuales que al final desmotivan y alejan al ciudadano.

– Es necesario motivar a la sociedad sobre nuevos objetivos a favor de la dignidad y de la vida de las personas, huyendo de las grandes definiciones y empleando interlocutores validos y un lenguaje coloquial apto para todas las personas de buena voluntad.

Más política, otras formas, nuevos objetivos que, con el concurso de todos los ciudadanos interesados -sin exclusión de condición, raza o religión- podríamos plasmar en un “ proyecto propio” que pudiera canalizar nuestra vocación política retomando parcelas perdidas y buscando el bien común sin discriminación alguna.

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