Mateo Ricci: el jesuita que fue matemático del Emperador de China

La “conciencia misionera” de la Iglesia a partir del s.XVI condujo a muchos hombres a entregar su vida, a veces hasta el martirio, por est…

La “conciencia misionera” de la Iglesia a partir del s.XVI condujo a muchos hombres a entregar su vida, a veces hasta el martirio, por esta arriesgada empresa. Muchos eran los que se enrolaban en las embarcaciones que cruzaban el Atlántico, camino del Nuevo Continente, pero no fueron menos los que, siguiendo antiguas rutas comerciales, se encaminaban hacia los lugares más recónditos del Extremo Oriente.

Este es el caso del jesuita italiano Mateo Ricci (1552 – 1610) que, habiendo manifestado a sus superiores sus deseos de ir a las misiones, fue destinado a las Indias Orientales con 25 años. Si exceptuamos las descripciones de los viajes de Marco Polo, Ricci llegaría a ser el primer sinólogo (estudioso de la cultura china).

La ciencia como instrumento evangelizador

Mateo Ricci fue alumno del P. Clavio en el Colegio Romano, aprendiendo matemáticas y astronomía de labios de uno de los mejores maestros del siglo XVI.

Una vez en tierra de misión, estando en Macao, se aplicó con esmero al estudio del chino, y tiempo después conseguía entrar en China para predicar el Evangelio. Una vez allí compuso el primer catecismo en chino de la historia.

Sus años junto al P. Clavio fueron de inestimable valor, ya que sus conocimientos de matemáticas y astronomía le hicieron ganarse el favor de los mandarines y la libertad para predicar durante un tiempo, hasta que se le expulsó.

Ricci lo siguió intentando. Consiguió llegar a presentarse ante el emperador, ataviado con el hábito de bonzo budista. Se ganó al emperador y a toda la nobleza gracias a la exposición de sus conocimientos científicos y de su fe, una fe que en todo se mostraba conforme con las enseñanzas de la ciencia. Llegar a ser el matemático de la corte le permitió actuar como evangelizador.

Divulgador científico de primera magnitud

Ricci y otro compañero (el español P. Pantoja) eran los únicos católicos en Pekín, la capital del Imperio Chino. Por tanto, trabajo apostólico no les faltaba a los dos.

Por eso puede resultar bastante chocante que el P. Ricci se dedicara a traducir al chino obras de matemáticas como los primeros seis libros de los Elementos de Euclides, escribiera más de 20 libros de ciencias para los chinos y construyera multitud de instrumentos como los cuadrantes solares, esferas terrestres y celestes, relojes…

Elaboró los primeros mapas de China que conoció Occidente y al mismo Emperador le demostró –y no fue poca cosa- que China no era el centro de la tierra. Recibió de los chinos el nombre de Li Ma-teu, o simplemente doctor Li.

Fue el primer europeo en entender la doctrina de Confucio y en difundirla en Occidente, al traducir al latín las Analectas del filósofo chino. De hecho, fue él quien diseñó el primer sistema de latinización del chino; así, el maestro Kung Fu-tsé llegó a ser Confucio. Y entendiendo a Confucio, Occidente empezó a entender a China.

Ricci Li-Mateu escribió varias obras destinadas a los europeos en las que explicaba los avances del gran país que lo había acogido. Algunos pragmáticos lo pueden considerar como una manera de desviarse de su fin principal, que era la evangelización, pero gracias a su acción y prestigio, abrió el camino para que muchos otros misioneros le sucedieran y continuaran su labor.

El P. Ricci no sólo llevaba su fe al Extremo Oriente, sino que se erigió él mismo en un puente a través del cual pudieran circular los conocimientos de una y otra cultura, un gran ejemplo de divulgación científica.

Pionero de la inculturación de la fe

El talante de Ricci, siempre dispuesto a establecer lazos para un enriquecimiento mutuo, no podía dejar de reflejarse en la manera en que éste trató de evangelizar china. Fue un pionero de lo que hoy se conoce como la inculturación de la fe.

Ricci adaptó las formas litúrgicas a la mentalidad de los chinos, aceptando e incorporando los ritos tradicionales de culto a los antepasados. Esto le propició una serie de desencuentros con la curia romana –Roma estaba muy, muy lejos de la corte china- que se mostró incapaz de asimilar en un primer momento las innovaciones del jesuita.

El P. Ricci tiene el mérito de haber introducido el Evangelio de Cristo de la única manera en que podía entrar en un país como China: a través de la ciencia. El P. Ricci no sólo compaginó la misión apostólica con el cultivo de la ciencia sino que fue un paso más allá: hizo de la ciencia un instrumento de evangelización.

En una escuela de líderes comunistas

La estela de Mateo Ricci que marca su tumba en Beijing es hoy un lugar visitado y respetado. El lugar se llama Zhalan, un patio grande dentro de una escuela de formación de líderes del Partido Comunista. Destacan las estelas funerarias de Ricci y otros dos jesuitas, Schall y Verbiest, que fueron quienes levantaron el Observatorio Astronómico de los Jesuitas, en una colina junto a la Corte Imperial.

Hay en ese patio sesenta estelas de misioneros: jesuitas, franciscanos y otros, mayoría de portugueses, italianos y franceses… Ya no se encuentran allí los cuerpos, porque sus tumbas fueron profanadas hace un siglo, durante la revolución de los boxers (s.XIX). Pero el cementerio se cuida como monumento histórico importante.

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