Matrimonio guay

Hace no mucho tuve que ir al Registro Civil obligado por una vulgaridad biológica: habíamos tenido una niña. Estuve dudando de inscribirla o de dej…

Hace no mucho tuve que ir al Registro Civil obligado por una vulgaridad biológica: habíamos tenido una niña.

Estuve dudando de inscribirla o de dejarla como hija de hecho. Si luego se quiere declarar ex-hija mía, o ex-hija de su madre, o, incluso, ex-hija de ambos, pues, todo mucho más fácil. El follón vendría con el reparto de bienes, de dineros gastados en ropa, educación con cargo a lo que presuntamente le tocaría en un futuro por herencia, pero, por ahora, conviene no meneallo. Estoy buscando un abogado por si acaso. Espero que reine la calma pre-, durante y post- adolescente. Y si no sale, siempre queda el método de soborno a través de la playstation. Bueno, como soy un ingenuo, al final la inscribí.

Pues estaba yo en este trance cuando observé que detrás tenía una pareja de eslavos, con unos nombres muy chungos, unos palabros que no se los salta un galgo, oiga. Y allí, la pobre funcionaria sufriendo para transcribir al castellano eso. Pero, aún hay más. Luego pasaron dos subsaharianos a inscribir al niñito que llevaban, y eso fue aún más autista casi. Total, que no se les paga lo suficiente a los pobres escribientes del Registro. Si a todo este trabajo extra provocado por tanto inmigrante prolífico, se le unen los matrimonios gays, más todos los divorcios de las distintas combinaciones, por medio de sucesivas inscripciones en el Registro, la cosa ya puede provocar una neurosis seria en el funcionario.

Pensando,pensando, creo que he llegado a la solución: el Registro Civil Online. Por internet, vamos. Usted inscribe su estado civil a golpe de “click” de ratón, previo pago de una tasa, osea. Se casa, click. Se quiere divorciar, pues click. Que se arrejunta con Juani, click al canto. Que se cansa, y se va con su amigo, click. Que está harto de todo, pues click, click, click, click, click. Para esos hay hasta tasa reducida. Es mejor así. Una buena puerta giratoria, para entrar y salir de la cosa familiar. Buscando nuestra identidad a golpe de click. Así, mientras corremos de una cosa a otra, estaremos instalados en la pareja perfecta, el matrimonio guay.

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