Me gusta esta ciudadanía

Sí, me gusta esta ciudadanía. Me gusta mucho. Esta ciudadanía que se echa masivamente a la calle para reclamar sus derechos, pero no rompe ni una luna…

Forum Libertas

Sí, me gusta esta ciudadanía. Me gusta mucho. Esta ciudadanía que se echa masivamente a la calle para reclamar sus derechos, pero no rompe ni una luna, no arranca ni un banco y sonríe. Sí, sonríe y no vandaliza, a pesar de que ni sus millones de firmas ni sus manifestaciones masivas parecen interpelar al supuesto "talante" democrático de nuestro Presidente. Y a las fuerzas de seguridad también les gusta. El otro día, de retirada de la manifestación, me acerqué a un grupo de policías nacionales que estaban vigilando y les dije: "No les hemos dado mucho trabajo, ¿no?" y me contestaron, con una sonrisa en los labios: "No. Así da gusto". Sin embargo parece que a nuestro Presidente no le gustamos. Sin duda prefiere la ciudadanía que quema coches y, con otras lindezas por el estilo, hace que haya que suspender el derecho de reunión e implantar el toque de queda. La policía y yo no coincidimos en eso con el Presidente. Y creo que él, en su confusión mental, tampoco coincide consigo mismo. Ya nos tiene acostumbrados a esta especie de esquizofrenia.

Pero sería grave para él equivocarse. Tomar por debilidad lo que es sano civismo. Somos civilizados, pero somos sólidos. Como rocas. Es más, somos sólidos porque somos civilizados. Si tenemos ojos en la cara debemos preguntarnos qué es lo que conforma este civismo. Y, si tenemos ojos en la cara, la respuesta está muy clara. Los valores cristianos. Porque, no nos engañemos, la inmensa mayoría de los que allí estuvimos somos cristianos. Los cristianos hemos sido siempre los ciudadanos más sólidos y fiables de esta civilización, del final de la anterior y del tránsito entre ambas. Aunque a este Presidente, que ignora la historia, no le gustemos. Si, dejando aparte la LOE que, se mire por donde se mire, es una ley torpe y estúpida que hace aguas por todas partes, la idea de nuestro Presidente es acabar, mediante esta y otras leyes, con los valores cristianos, entonces, me gustaría recordarle –o, ¿tal vez enseñarle?– que no es nada original. Nerón, Domiciano, Trajano, Decio, Diocleciano, Robespierre, Hitler, Stalin y otros, lo han intentado antes. Su resultado puede leerlo el señor Presidente en los libros de historia.

Tal vez el señor Presidente envidie una ciudadanía como la que estos días asola Francia quemando coches y sembrando el terror. Juegue usted con los valores y lo conseguirá. ¡Ánimo! Quiero recordarle también al señor Presidente, por si me dice –con razón– que lo de Francia procede de una mala asimilación de la fuerte inmigración que hay en nuestro país vecino, las dos más inmensas corrientes inmigratorias que ha habido en la historia. Fueron las de los germanos del siglo V y las de los normandos del siglo IX. La quema de coches de Francia es un juego de niños comparada con aquello. Y, por si no lo sabe, quiero decirle que fue el cristianismo el que asimiló esa inmigración. Y que fue sobre esa inmigración asimilada sobre la que nació nuestra civilización, la única en la que los derechos humanos tienen algún sentido. Lo digo, por su obsesión de la alianza de civilizaciones. Así que no tenemos miedo. La historia es nuestra. Si es necesario, los cristianos volveremos a ser, a pesar de los esfuerzos de nuestro Presidente, esa fuerza civilizadora que siempre hemos sido.

Sí, definitivamente, me gusta mucho esta ciudadanía

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