‘Memento mori’

La comunidad de los cristianos se moviliza cada año, cuando, cercana la primavera, celebra la Cuaresma como anuncio y preparación de la …

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La comunidad de los cristianos se moviliza cada año, cuando, cercana la primavera, celebra la Cuaresma como anuncio y preparación de la fiesta principal cristiana, esto es, la Pascua. La Cuaresma viene acompañada cada año de un mensaje cuyo lema responde a aquel principio de la sabiduría griega de que el primer deber del hombre es “Conocerse a sí mismo” (¿Qué soy? ¿Quien soy?). Y el lema cuaresmal aclara el interrogante: “Acuérdate, hombre, que eres polvo…”.

El título que encabeza esta página está en analogía con esta idea de la caducidad del ser humano. ‘Memento mori’: ‘Acuérdate que eres mortal’. La frase tiene su origen en una peculiar costumbre de la antigua Roma según la cual, cuando un general regresaba victorioso de sus batallas y desfilaba, todo ufano, aclamado por una multitud enfervorizada por las victorias de sus héroes, un criado se colocaba detrás de él y, con el fin de evitar que, llevado de su soberbia, creyéndose un dios omnipotente, pretendiera usar un poder contrario a las leyes y a las costumbres, y recordándole las limitaciones de su propia naturaleza humana, le iba repitiendo esta frase: “Acuérdate de que eres un hombre” (Hóminem te esse memento).

Traigo a colación el tema ante una de las características que define a la sociedad democrática y que ocupa la dialéctica diaria, esto es, la lucha -legítima- por el mando, por el poder. La experiencia viene demostrando que si el poder público no está sometido a unos dispositivos legales de vigilancia y control, fácilmente degenera en abuso y corrupción.

Las sociedades modernas deberían contar con unos mecanismos que permitieran exigir y conocer de antemano unos mínimos de aptitudes y de actitudes de todas aquellas personas que optan a puestos dirigentes. Porque da la sensación de que también en la elección de los poderes públicos prevalece la apariencia, el marketing, la capacidad de embaucamiento, o el simple “me cae”.

Las más relevantes figuras de la historia (en los distintos ámbitos de la política, la cultura, la religión, la ciencia, el arte, etc.) han sido tanto más valoradas y engrandecidas cuanto más mostraron su generosidad y sencillez, poniendo sus talentos al servicio de los demás.

“Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos”, se lee en el Evangelio de Marcos (9,30). He aquí un principio que podría servir de pauta a la hora de elegir a las personas más idóneas: la actitud y capacidad para el servicio.

Quien sólo anhela tronos, honores y prebendas no pretende servir sino servirse y ser servido; en consecuencia, no es apto para presidir y dirigir, porque no tiene en cuenta el ‘Memento mori’.

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