Meteoritos, razón y elecciones

Hemos tenido recientemente el episodio de dos meteoritos, uno que sólo se ha acercado a la Tierra y el otro que ha caído: el primero est…

Hemos tenido recientemente el episodio de dos meteoritos, uno que sólo se ha acercado a la Tierra y el otro que ha caído: el primero estaba previsto desde hace más de un año, también estaba previsto a qué altura iba a pasar (por debajo de la órbita de los satélites artificiales), y también hemos calculado que tampoco nos impactará dentro de unos 30 años, cuando vuelva a acercarse a la Tierra.

Sin embargo, ha caído otro meteorito, en Rusia y justo unas 12 horas antes (la NASA nos tranquiliza diciendo que no tiene nada que ver uno con el otro, menos mal…), y no estaba previsto. Claro que nos han dado enseguida la explicación: como llegaba del lado del sol, no era visible a nuestros potentes telescopios. Dicho así, lo entiende hasta un alumno de nuestra ESO, por lo menos de estos que “progresan adecuadamente”. También los rapaces atacan a sus presas desde el lado del sol, para hacerse menos visibles hasta el último momento. Elemental, querido Watson.

Esto que ha ocurrido no es solo una metáfora de hasta qué punto todo en nuestra vida está a la merced de un imponderable que no podemos conocer, ni por supuesto dominar, con buena paz de la NASA y de los gobernantes mundiales. Es también un ejemplo de un uso inadecuado, incompleto y parcial de la razón instrumental. La cual es un instrumento poderosísimo para estudiar lo que puede estudiar, pero no es capaz de alcanzar la totalidad de lo real. Hay una parte que podemos estudiar, prever, incluso modificar con nuestra razón científica; pero hay otra que no, que se escapa de nuestro métodos científicos, inevitablemente limitados en su alcance. Y justamente podría ser la más interesante, la del lado del sol, de la luz.

Todas las cosas más importantes de la vida, por supuesto las decisiones más significativas que tomamos, no las tomamos usando solo el racionalismo y la ciencia. Es el mundo de las certezas morales, de los afectos, de los sentimientos (no del sentimentalismo, por supuesto), un mundo que el racionalismo cientifista se obstina en negar, reducir, menospreciar. Pero existe, y acaso al final es el más importante. Porque cada objeto de esta realidad tan compleja que nunca logramos abarcar del todo tiene su propio método de estudio y análisis. Es como pretender estudiar con nuestros potentes telescopios los meteoritos que llegan del lado del sol: fracasamos. Lo mismo nos pasa cuando pretendemos que la ciencia sea capaz de ofrecer un significado exhaustivo a la existencia, capaz de afrontar el problema del límite, del mal, del dolor y de la muerte. Porque usar la racionalidad es razonable, pero usar SOLO la racionalidad no lo es. A cada objeto, su método.

Los resultados y los comentarios sobre las elecciones italianas nos ofrecen otro ejemplo de un uso inadecuado de la razón, aunque aquí no es la razón científica la que pretende juzgarlo todo, sino la ideología, el prejuicio. Todos se sorprenden que los italianos no estén contentos, en su gran mayoría, con la actual política europea de recortes y más recortes sin preocuparse también en igual medida del desarrollo y del desempleo. Así que Monti, el candidato “oficial” de la Merkel y la gran banca, ha sufrido un resultado muy pobre. Unos han protestado pidiendo más estado social, otros con la protesta y la anti política, otros finalmente apoyando un partido que ofrecía reducir impuestos y rebelarse al yugo de la “prima de riesgo” y de los “mercados”. Y el resultado final ha sido perverso, 3 minorías que no hacen ninguna mayoría estable (como los muchos “no” que ha sabido reunir Grillo son incapaces de producir un “sí”). Y la ley electoral, pensada para elecciones con dos grandes bloques y que premia a desmedida el partido mayoritario en la Cámara para garantizar la gobernabilidad, se ha convertido en un mecanismo peligrosísimo. Porque si ahora Italia resulta muy difícilmente gobernable (se requeriría un gran amor al bien común, pasar por encima de personalismos y partidismos, y un difícil acuerdo de contenidos mínimos entre PD y CdL, ante todo una nueva ley electoral inteligente), ¿qué pasará si en las próximas elecciones el partido del “grillo chillón” sacara mayoría relativa? Ya ahora ha sido el partido más votado… ¿Deberán gobernar ellos, que no quieren, con mayoría absoluta? Con el populismo, con el moralismo, no se construye nada: aunque las culpas de la partidocracia son muy grandes.

Una clave de lectura nos la ofrece los resultados de Lombardía: no obstante la hegemonía cultural y mediática de la izquierda, y el uso instrumental de la justicia por parte de un extremismo judicial totalmente maniqueo, que transforman automáticamente sospechas en acusaciones y estas en condenas “ante litteram” apoyándose en los grandes medios de comunicación, aquí Grillo ha sacado 10 puntos menos que en el resto de Italia. Porque cuando hay una política sería la gente no se deja embaucar. Y la gente ha premiado para el Gobierno Regional las políticas virtuosas de los últimos 18 años del gobierno Formigoni, que ha hecho de la subsidiariedad su método. Y los resultados los reconocen todos, hasta sus adversarios políticos: mayor eficiencia de la administración, la mejor y más barata sanidad de toda Italia, una política realmente a favor de la familia y de la gente. Pero alguien prefiere dar la culpa a los electores, que es como dar la culpa a los meteoritos que llegan del lado del sol.

La sacudida de los resultados de las elecciones en Italia ha llegado a los mercados, afectando también la prima de riesgo de España: porque estamos todos en el mismo barco. Pero algunos comentaristas, especialistas en los meteoritos que no llegan del lado del sol, han dado toda la “culpa” a Italia: como otras veces la culpa ha sido de Grecia, o de Portugal, o de Irlanda, o de las políticas económicas de Europa, etc… Nunca reconocen que una parte de esta culpa está en la debilidad de un país que, después de recortes nunca vistos como los del año pasado, ha logrado reducir el déficit solo del 8,7% al 6,7% (pero si contamos la ayuda a la Banca llegamos a un déficit del 10%), con una evidente destrucción de tejido económico y social gigantesca, con una deuda ya cercana al 100% del PIB, con un paro superior al 25 % y un paro juvenil incrustado en el 50%. Una política partidocrática que domina, manipula y roba donde puede y tiene la desfachatez de dedicarse a analizar cómo reducir la corrupción… que saca de casa a quien no paga la hipoteca, pero exculpa a sus políticos y ricos hasta lo inverosímil, llegando a indultar los grandes directores de banca si hace falta.

Podrían llegar nuevos meteoritos, o algún que otro Grillo autóctono; siempre del lado del sol, los muy cobardes.

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