México a los pies de Francisco: algunas claves del viaje del Papa Latinoamericano (I)

Asisto en Roma a finales de enero a un coloquio con el Embajador de México ante el papa, el Rector del pontificio Colegio Mexicano de Roma y la periodista Valentina Alazraki, corresponsal de Noticieros Televisa que ha acompañado a todos los pontífices en 7 viajes a México. Hablamos de las claves del viaje de Francisco, y cómo se distingue y destaca entre todos los otros.

Primer viaje del Papa Francisco a México

 El Papa confecciona su propia agenda mexicana

El mismo Francisco ha tomado las decisiones acerca de qué sitios iría a visitar: quiso oficiar una misa en la basílica de Guadalupe (22 millones de peregrinos anuales, 5 más que San Pedro de Roma); encontrarse con los indígenas en San Cristóbal de las Casas en Chiapas; reunirse con familias mexicanas en Tuxtla Gutiérrez; reunirse con jóvenes en Michoacán; reunirse con personas de vida consagrada también en Michoacán; visitar un hospital de niños en condiciones terminales en la Ciudad de México; visitar un penal en Ciudad Juárez; celebrar una misa de despedida con los pobres y marginales de México; visitar las dos fronteras: Ciudad Juárez, y la frontera con Guatemala, por donde entran migrantes a México.

Valentina Alazraki, corresponsal de Noticieros Televisa

Valentina Alazraki, corresponsal de Noticieros Televisa

“Estos detalles son los que más reflejan el estilo del Papa Francisco y muestran gráficamente todos los temas de su pontificado”, comenta Valentina Alazraki, corresponsal de Noticieros Televisa desde 1974, y con su sección “En el avión del Papa”. “Ya desde su visita a Filadelfia en Setiembre 2015 pensó que le hubiera gustado entrar en EEUU por Ciudad Juárez como un migrante más”. No habrá ido tampoco y por decisión propia, a lugares que ya fueron visitadas por sus predecesores, para diversificar.

Un factor humano típico en el Papa Francisco: recientemente había creado cardenal al obispo de Morella; “Está en la sartén”, comentó, refiriéndose que se encuentra este Cardenal en medio de la realidad. Visita este Estado como homenaje a este equipo de pastores, y se encuentra con los jóvenes.

“Background” histórico de La Iglesia en México: Inicios y sorpresa evangelizadora

La Iglesia en México comenzó su singladura en el s. XVI “junto a la llegada del Evangelio y la llamada ‘Conquista’ por parte de los españoles, por lo que no tuvo Edad Media, pero pasó a ser mestiza enseguida, mexicana”, comenta el Reverendo Armando Flores. En tres siglos hasta finales del s. XIX se crearon 10 diócesis en México, 7 en él s. XVI, 1 en el s. XVII y 2 en el s. XVIII. Para el Padre Flores “el acontecimiento guadalupano ayuda a entender cómo diez obispados solamente pudieron impulsar una evangelización cuyos efectos continúan hasta ahora, junto a los religiosos franciscanos, agustinos y jesuitas en su cercanía a las situaciones de pobreza, dolor y de sufrimiento del pueblo. Estilo evangelizador”.

Mariano Palacios Alcocer, actual embajador de México ante el Papa.

Mariano Palacios Alcocer, actual embajador de México ante el Papa


Estado contra Iglesia: un periplo anticlerical de 140 años

La Iglesia Católica fue la última institución que quedó de la colonización española en el momento de la revolución que llevó a la Independencia de México, y en ese momento es una iglesia que cuenta con tres siglos de presencia en el territorio y una estructura consolidada. El Estado mexicano se da cuenta de esa influencia sobre la población y nace en el s. XIX enfrentado a una iglesia aliada con España, contrastando además su Estabilidad frente a su precariedad.

A partir de 1850 en el s. XIX se fundan 17 diócesis más: es el siglo de la Independencia de México entre 1810 y 1821. “Tras la desamortización de los bienes de la Iglesia en 1856 también se abrieron las fronteras de los Estados Unidos a grupos protestantes con la sola idea de que mermaran la vitalidad de la población católica y con ello su influencia. Se trataba de unos grupos de tipo sectario que basaban su acción proselitista en la transferencia de recursos a gente particularmente muy pobre, vinculando a las personas a las que ayudaban a su pertenencia al grupo religioso”, sigue el Padre Flores.

Ya en 1917 la nueva Constitución reinició una situación de beligerancia contra la religión y todas sus manifestaciones públicas y asistenciales. Esa difícil relación entre la Iglesia y el Estado de México de ideología liberal se prolonga hasta el año 1992 con la reforma de la Constitución, donde se buscó una reconciliación con la realidad del sentimiento popular.  Hasta ese momento la Iglesia no existía jurídicamente, no tenía presencia. Así el Estado concede a la Iglesia en 1992 la existencia jurídica siendo inscrita como asociación religiosa. En este mismo año se estableció la embajada de México ante la Santa Sede.

Padre Armando Flores, Rector del Pontificio Colegio Mexicano de Roma. Foto: Pontificia Universidad de la Santa Croce

Padre Armando Flores, Rector del Pontificio Colegio Mexicano de Roma. Foto: Pontificia Universidad de la Santa Croce

Comenta el Padre Armando que tras 1992 y naturalmente, esa reforma tenía todavía algunos límites, pero  “bendito sea México como país laico, imagina que sea un país, con esa densidad de católicos, que no fuera laico: sería terrible, tendríamos una situación fundamentalista. Pero nos falta crecer en lo que significa la laicidad positiva, que ser laico no es estar en contra de la religión ni en contra de la Iglesia. El tema de la no intervención del Estado y la Iglesia en los asuntos del uno o del otro, la laicidad, ya está reflejado en la declaración de ‘Dignitatis humanae‘: el Estado no puede intervenir en la vida de la Iglesia a no ser que altere la paz o el orden, o en caso de cuestión  de salud pública. Hay un camino que recorrer, hay voluntad por parte de muchos políticos, hace falta sin embargo todavía paciencia, y educar a los mismos fieles, pues estamos divididos entre dos lealtades, la lealtad como ciudadanos con el Estado y como creyentes a la Iglesia. Hay que hacer síntesis como decía San Juan Bosco, y ser ‘buenos cristianos y honestos ciudadanos’”.

En el s. XX se fundaron en México 54 obispados, 23 de ellos después del Concilio Vaticano II; ya en el s. XXI 12 nuevas diócesis, llegando  a  93 diócesis, dato interesante para entender la vitalidad de la Iglesia y su juventud, 35 de las cuales en los últimos 50 años del post concilio. Cuenta en este momento el país con 18 archidiócesis con sus 75 diócesis en 18 provincias eclesiásticas, 93 arzobispos y obispos, entre ellos tres cardenales; hay 26 obispos auxiliares y 50 obispos eméritos, junto a una sede vacante. La edad promedio de los obispos es de 62 años. 15.921 presbíteros, 6.805 religiosos y  27.046 religiosas. 6940 parroquias.

Prestigio de una iglesia Católica joven

La Iglesia ha hecho mucho en el tema del acompañamiento con las gentes de México, enfrentando individualmente los propios sacerdotes con la violencia. Aun así,  “no tenemos noticias a día de hoy de ningún párroco que haya abandonado la parroquia porque en su parroquia haya habido violencia y sí tenemos en cambio noticia de autoridades municipales que han renunciado, que se han ido del lugar. Es por ello que la Iglesia es la tercera institución con más credibilidad del país después de Marina y el Ejército y por encima de los poderes públicos. El pueblo cree en la Marina y el Ejército particularmente como agentes que pueden restablecer la seguridad según la encuesta “Creer en México”, que publicó en 2013 el Instituto Mexicano para la Doctrina Social de la Iglesia. Lo más apreciado de la Iglesia es su actividad social”, afirma el Reverendo Armando Flores.

En realidad esta religiosidad “se revela como el gran capital cultural que nos da unidad y que a muchas personas les permite vivir con sencillez pero con profundidad su propia fe”. Una de las cualidades del censo del 2010 es que pregunta sobre religión y sobre la profesión de la religión católica y nos dice que el 82,32% de la población del país se declara católica: en el Norte el 80% dice ser católico, más incluso en la misma ciudad de México, subiendo en el Bajío al 92,3% y en Michoacán, en mi diócesis, se concentran el 95% de católicos con municipios en el que el 98,95% dicen ser católicos. Esto derrumba el mito de que mejorando las condiciones de vida baja la religiosidad, y rompe con la idea de que la Iglesia necesita, o quiere o busca no perder gente. No es así, porque en México el desarrollo no ha conllevado una disminución de la religiosidad popular”.

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