Mi EMF en Valencia: crónica entre los peregrinos

He ido al Encuentro Mundial de las Familias en un autobús fletado por la Renovación Carismática desde Barcelona. La mayoría de los viajeros no son gen…

He ido al Encuentro Mundial de las Familias en un autobús fletado por la Renovación Carismática desde Barcelona. La mayoría de los viajeros no son gente joven, porque casi todos los jóvenes carismáticos que podían acudir están ya en Valencia sirviendo como voluntarios. El conductor, compañero de anteriores viajes, también ha sido el encargado de buscar alojamiento.

"Una mayorista de viajes compró todos los alojamientos cercanos a Valencia hace casi un año", explica desde el micrófono. "Teníamos apalabrado un hotel, que luego nos dejó colgados. Al final nos hemos situado en Alcora, a 20 kilómetros de Castellón."

Efectivamente, Valencia se ha saturado. Casas de espiritualidad, de retiros, parroquias, se han llenado. Muchos hoteles parece que no funcionaron bien con esa mayorista, y se han encontrado a última hora que la gente se  alojaba, como nosotros, lejos: Castellón, Alicante… Eso ha aumentado la necesidad de autocares.

Compitiendo con el Tour, el Mundial y los sanfermines

 
Los valencianos que no se interesan por el EMF han abandonado Valencia. Benedicto XVI compite con los sanfermines, el Tour de Francia y las finales del Mundial de Fútbol, tres eventos masivos en Europa. Pese a todo, los peregrinos llegan a la ciudad en un goteo constante. Muchos tienen el alojamiento dispuesto en la misma Feria de Valencia: hay pabellones enteros con camas, y otros habilitados para esterillas y colchonetas.

"Los lavabos y duchas están muy bien, hay personal de limpieza que mantiene todo limpísimo", me cuentan voluntarias que duermen en la Feria. "Eso sí, no sabemos quién duerme en los pabellones con camas, porque nunca hay nadie; anoche, varias familias con niños y voluntarios los ocupamos por nuestra cuenta, que ya estamos cansados de suelo".

El viernes la Feria está llena de hábitos de monjas y monjes de todos los cortes y colores, muchos escolares, muchísimos jóvenes, familias con tres, cuatro, cinco niños. Todo es amarillo y azul, los colores de los peregrinos y los voluntarios. La gente se agrupa en los bares de la Feria, que atienden rápido y a buen precio: bocadillo con bebida a 3,5 euros. Hay bufés libres especiales, a 9 euros. El aire acondicionado es una gozada.

 

En los pabellones para niños hay todo tipo de atracciones y juegos. También guardería. Es un gran alivio para padres que quieren visitar la sala de conferencias, el congreso teológico, el concierto de música gospel, los paneles y ponencias…

 
Movimientos familiares

En la Feria de las Familias hay expositores de distintos movimientos católicos en sus ramas familiares; algunos tienen poca presencia en España pero son grandísimos en otros países como es el caso de Couples for Christ (muy fuerte en Filipinas) o el Movimiento Familiar Cristiano (muy potente en América Latina). Hay varias televisiones y radios católicas, revistas y servicios para niños, institutos de fomento de la familia, algunas ONGs cristianas, movimientos familiaristas… Es curioso ver tras una mesa los logotipos de tantos y tantos grupos que antes he visto en las grandes manifestaciones de Madrid sobre la familia y la libertad de enseñanza.

Como si fuese una feria para profesionales de algún sector, hay gente que visita los stands recogiendo tarjetas y haciendo contactos. A última hora los expositores que quedan abiertos han agotado todos los folletos de publicidad que traían. Si estos contactos fructifican en alianzas pueden dar mucho fruto. El domingo el Papa pedirá que todas la Iglesia y sus comunidades aprovechen los institutos familiares y sus recursos, que la pastoral familiar sea integral, que impregne todo.

Un momento de adoración en el recinto ferial

El sábado quedan pocos peregrinos en el recinto ferial, básicamente los carismáticos, que tienen su propia asamblea anual aquí, el último acto en el recinto. Preside la misa el cardenal de Ciudad de México, Norberto Ribera, que debe ser el pastor con más fieles en lengua española de todo el mundo. Hay otros siete obispos que se apuntaron a la misa medio de casualidad, porque se alojaban todos en el mismo hotel; la mayoría son hispanos, aunque está también el de Bombay, India, donde los carismáticos son numerosos. Hay un obispo siciliano: en la misa participan 300 peregrinos carismáticos italianos junto a unos 2.000 españoles. Hay también portugueses y sudamericanos.

Horarios intempestivos
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Mis compañeros de autobús no van a acudir a la vigilia con el Papa. Terminará a las 23.00, y con los atascos de salida significaría acostarse en la lejana Alcora a la 01.00 o 02.00. Y a las 05.00 levantarse para poder estar a tiempo a la misa de las 09.00. ¡Imposible! Desisten de la vigilia como ya desistieron del Rosario en la playa de la Malvarrosa, que todos los que vivieron me describen como "precioso", "muy recogido", "impresionante"… Eso sí, algunos se fugan a Valencia y ven al Papa cuando sale de la catedral.

Me apunto por libre con un autobús de carismáticos de Jaén que van a la Ciudad de las Artes, el escenario de la velada y la misa final. Van cantando todo el camino, y cantando siguen cuando bajamos junto al estadio de Mestalla. Dejan de cantar cuando nos acercamos a los grandes altavoces con música grandilocuente, de videojuego épico, que se repite incesantemente camino del polígono.

 Voluntarios cansados pero sonrientes el sábado por la mañana

Hay puestos con horchata gratis. También espontáneos que venden banderas vaticanas grandes a 3 euros. Me compro una: son muy útiles en estos tiempos de manifestaciones frecuentes y además me servirá para envolverme por la noche. Yo venía sólo con pantalones cortos, una mochilita, sin saco ni maletas, con la idea de dormir siempre en hotel, no al raso. Pero al fin y al cabo es una peregrinación y eso siempre implica disponerse a incomodidades e imprevistos.

Al llegar al Turia vemos la magnitud del acontecimiento, las muchedumbres de blanco y amarillo ocupando los jardines, el cesped, los espacios con sillas (para sentarse) o sin ellas (para extender esterillas y sacos de dormir). Los edificios futuristas que rodean el altar -los edificios que van a ser la imagen de Valencia para el mundo entero a través de cientos de televisiones- dan un toque mágico, de ciencia ficción y maravilla al lugar.

Las condiciones son mucho mejores que en las jornadas de la juventud de Colonia. Hay muchísimos lavabos públicos: alguno se llenará enseguida pero más lejos siempre quedarán en buen estado. También abundan las fuentes con agua para beber y refrescarse. En la hierba acampan familias enteras, siempre en su sector asignado. Hay sectores sin hierba, de polvo y arena. En los de arena, los peregrinos alfombran el suelo con los periódicos gratuitos (Paraula, La Gaceta de los Negocios) que cientos de voluntarios han repartido.

 
"¿Dormir, quién quiere dormir?"

Paseando entre los sectores me encuentro conocidos de Barcelona, de diversos grupos y movimientos. Unos chicos de ambientes del Opus Dei están jugando a cartas en medio de unos matorrales. "¿Pero cómo vais a dormir aquí?", les pregunto. "¿Dormir, quién quiere dormir?", me dicen. Me entretengo en una esquina donde una bandera rusa señala al pequeño grupo mixto que ha llegado de Moscú y San Petersburgo, unas 15 personas, la mitad chicas jóvenes, rubísimas y guapísimas, católicas y alguna ortodoxa, todas muy contentas con el ambiente.

El grupo Alborada canta el himno del encuentro, una sola vez. No lo sigue mucha gente, pero suena bien. Los animadores, desde el escenario, enseñan un eslógan que sí tiene éxito y la gente repite: "la familia, oé / en Valencia, oé / con el Papa, oé / Benedicto dieciséis". Esa es la solución a un viejo problema: ¿qué hay que rime con "Benedicto dieciséis"? Pues, evidentemente, no hay mejor rima que "oé".

Llega el Papamovil precedido por policías y cámaras de televisión. La gente se amontona en el recorrido al entrar en el polígono de los peregrinos, agrupan montones de sillas y se suben a ellas. Gritan "viva el Papa", "viva la familia", y "estas son las familias del Papa". Lo veo pasar muy cerca, sonriendo y saludando con la mano. Los peregrinos devuelven las sillas a aquellos lugares desde donde puedan ver mejor las pantallas. Incluso para los más cercanos al altar, éste está lejísimos.

La velada es larga y sólo el Papa usa el español al final. Muchos no hemos traído radio para escuchar las traducciones. Eso hace desconectar a muchos peregrinos, ya cansados por largas horas al sol y con los niños correteando. La gente espera comentarios "peleones" del Papa: llegan con cuentagotas, pero son muy aplaudidos. Salen media docena de representantes de institutos familiares, entidades de promoción y estudio de la familia en diversos países y cada uno hace un discurso. Muchos pensamos que con un testimonio de estos institutos era ya suficiente. Una preciosa actuación de bailarinas orientales va induciendo al sueño a muchos más peregrinos.

Los fuegos articiales con la luna de Valencia de fondo son preciosos y gustan por igual a grandes y pequeños. De nuevo, la arquitectura futurista, iluminada en la noche, aporta un marco especial, soñador y mágico. Con ellos acaba la velada oficial…

 
Una noche fría

Muchos intentan dormir a partir de las doce de la noche, pero cuesta. Primero, hay que dormir a los niños de las familias neocatecumenales más "tranquilas". Luego, a eso de la una de la mañana, los carismáticos de Extremadura se ponen a cantar y bailar canciones de la Renovación. Viene la televisión valenciana a filmar. Cuando se acaban las canciones religiosas "animadas" -al cabo de 40 minutos- deciden cantar el himno de Extremadura y cualquier otra cosa que se les ocurre. Acaban pasadas las dos, pero a lo lejos, en otros cuadrantes, retumban todavía los tambores de los "rondos" neocatecumenales, bailando en círculos.

Los pocos jóvenes de mi zona son voluntarios que llevan 3 días de trabajo extenuante y duermen en cualquier condición. Los veteranos de Marienfeld, en Colonia, dicen que "esto es la gloria, no como allí". En otras zonas los jóvenes peregrinos se mantienen despiertos y alegres, compartiendo fe y experiencias. Me prestan una esterilla, me envuelvo en mi bandera vaticana y consigo dormir a ratos. A las seis un voluntario se levanta y me deja su saco para protegerme de la noche fría y húmeda… pero lo uso poco: a las siete los voluntarios recorren la zona, despertando a los que aún intentamos dormir, y llegan columnas de peregrinos nuevos, los que no han dormido en el lugar.

 
En misa, el cáliz que usó Cristo

La misa con el Papa resultará dura por el extremo calor. Mucha gente no usa el cancionero y la guía que se han entregado y la luz del sol no deja ver algunas pantallas. En el momento de la consagración me emociona oír la fórmula: "…y tomando ESTE cáliz, lo bendijo y lo levantó diciendo…" Benedicto XVI toma las asas medievales que sustentan al cuenco de piedra semipreciosa que diversos expertos han datado como un vaso de estilo helénico del s.I. Es el Grial, el Santo Cáliz que se guarda en Valencia, y antes estuvo en el monasterio oculto, impresionante, de San Juan de la Peña, en Huesca.

¿De verdad fue el que usó Cristo, el que Pedro llevó a Roma, y de allí San Lorenzo lo envió a su ciudad, Huesca, protegiéndolo de persecuciones en la capital? La mayoría de los asistentes se arrodilla. Algún chaval joven, traído por el colegio, se limita a tomar el sol tumbado en la hierba. Los niños "kikos" se comportan bastante bien.

En el momento de la comunión escasean los curas para repartirla. Cada uno lleva poquitas formas. Se acaban pronto y me quedo sin comulgar. Busco otros curas que repartan, pero a todos se les ha acabado. Hay medio sector en mi zona que se queda sin comunión. Es muy fastidioso cuando uno contaba con ella para lograr la indulgencia plenaria, que forma parte de la peregrinación.

Acabada la misa, el Papa anuncia que el siguiente EMF será en México y se oyen aplausos y gritos de los mexicanos en algún lugar lejano. Pero ya muchos grupos en mi sección se ponen en marcha. Hay un atasco, un embudo impresionante de peregrinos en la zona que, supuestamente, atienden los autobuses de lanzadera. Hay pocos autobuses y no pueden circular por la muchedumbre blanquiamarilla.

Como un éxodo de refugiados

 
Con niños, con abuelos, con maletas, como una columna de refugiados de Yugoslavia, la muchedumbre se pone a caminar por la carretera, agotados bajo un sol inclemente, y recorremos 5 kilómetros hasta el gran descampado donde esperan docenas y docenas de autobuses privados. Durante la hora y media de preregrinación bajo el sol vemos pasar tan solo cinco lanzaderas. "Menos mal que nos pusimos a caminar", dicen muchos. Los padres con cinco niños y las abuelas que van cojas no lo disfrutan. La marcha tiene algo de épico, de pueblo en marcha en el desierto. Todo ello es muy católico, muy de peregrino, pero habría sido mejor dejárselo sólo a los jóvenes.

En el autocar, el aire acondicionado hace maravillas. La gente da gracias a Dios y olvida rápido las penalidades. Los coches que vuelven a Barcelona muestran gorras y mochilas amarillas de peregrino. Otros ostentan pañuelos rojos de San Fermín. En algunas ventanas de coches, pegada, está la foto de Benedicto XVI, ya para siempre en el recuerdo de cientos de miles de españoles.

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