Miles de keniatas rezan por la paz mientras el Papa llama al diálogo y pide el fin de la violencia

Al menos 300 personas han muerto y la ONU eleva a 250.000 el número de desplazados por la violencia desatada en Kenia tras el resultado de las eleccio…

Al menos 300 personas han muerto y la ONU eleva a 250.000 el número de desplazados por la violencia desatada en Kenia tras el resultado de las elecciones del pasado 27 de diciembre. La oración es el único consuelo de miles y miles de keniatas, mientras el Papa hace una llamada al diálogo a los líderes políticos enfrentados y pide el fin de la violencia en el país.

 

Benedicto XVI pidió el pasado sábado, 5 de enero, a los políticos del país que resuelvan el conflicto mediante el diálogo y el debate. El Papa trasladó su preocupación a través de una misiva divulgada por el Secretario de Estado del Vaticano, cardenal Tarcisio Bertone, y enviada posteriormente al presidente de la Conferencia Episcopal de Kenia.

 

El Papa ha seguido esta gran tragedia con gran pena y preocupación y solicita el fin inmediato de estos actos de violencia y conflicto fratricida”, explicó Bertone,

 

El Pontífice “también solicita a los líderes políticos, responsables del bien común, y les invita a embarcarse con resolución en el camino de la paz y la justicia, dado que el país necesita de una paz basada en la justicia y en la hermandad”, añadió el cardenal.

 

250.000 desplazados

 

Paralelamente, un cuarto de millón de keniatas se han visto obligados a abandonar sus hogares, interrumpiendo lo que se consideraba hasta hace sólo escasos días como una de las democracias más estables del continente.

 

La portavoz de las Naciones Unidas, Michele Montás, aseguró que esa cifra representa un “significativo aumento” respecto a los 100.000 desplazados calculados hasta el pasado jueves.

 

La organización cree que otras 5.000 personas han cruzado la frontera con Uganda y que, de alguna manera, el brote de violencia en Kenia ha afectado ya a entre 400.000 y 500.000 personas.

 

Ante esa situación, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, solicitó al presidente keniata, Mwai Kibaki, y al líder opositor, Raila Odinga, en sendas conversaciones telefónicas que intenten evitar la propagación de la violencia.

 

“En ambas conversaciones, el secretario general instó al retorno a la normalidad y llamó a los líderes políticos a resolver sus diferencias mediante el diálogo”, dijo Michele Montás.

 

La oración, único consuelo

 

Mientras tanto, la oración parece ser el único consuelo que le queda a la población. Keniatas de todo el país rezaban el pasado domingo por la paz, mientras los equipos de ayuda trataban de asistir a los refugiados.

 

Nuestros líderes nos han fallado. Nos han traído esta catástrofe. Así que ahora acudimos al Todopoderoso para que salve a Kenia”, dijo Jane Riungu, quien llevaba a sus cinco hijos con sus mejores ropas hacia una iglesia en una colina en las afueras de Nairobi.

 

Los posibles mediadores, entre ellos el máximo diplomático de Washington para África Jendayi Frazer y el arzobispo sudafricano ganador del Nobel de la Paz Desmond Tutu, intercedían entre ambos bandos.

 

Sin embargo, un comunicado de Kibaki que señalaba que estaba listo para formar “un Gobierno de unidad nacional” fue recibido con escepticismo por la oposición, que sostiene que Kibaki cometió fraude en el proceso y ahora ocupa el sillón presidencial de forma ilegítima.

 

El Movimiento Democrático Naranja (ODM) de Odinga quiere que Kibaki, de 76 años, renuncie y que un mediador internacional prepare negociaciones antes de nuevos comicios en un período de tres a seis meses.

 

En las calles, a la mayoría de los keniatas les preocupa cómo poner fin a la violencia y normalizar sus vidas, más que lo intrincando de la política. Durante el caos se han registrado saqueos y crímenes en un país que era considerado como una democracia relativamente estable y una economía floreciente.

 

La simple resolución de la disputa por la elección presidencial no va a borrar el horrible odio étnico que finalmente ha sido expuesto”, escribió el comentarista Gitau Warigi en el periódico Sunday Nation.

 

“La fachada de una Kenia pacífica siempre ha buscado ocultar a la vista las profundas fisuras en el país. Lamentablemente, podría llevar una generación o más sanar las nuevas heridas generadas por esta disputada elección”, agregó Warigi.

 

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