Minipisos

La propuesta de la ministra de la Vivienda, María Antonia Trujillo, de construir pisos de hasta 25 metros cuadrados ha levantado ampollas. Ha sido un …

La propuesta de la ministra de la Vivienda, María Antonia Trujillo, de construir pisos de hasta 25 metros cuadrados ha levantado ampollas. Ha sido un gran mérito de la señora ministra, que ha pasado de perfecta desconocida a protagonista de las conversaciones de los ciudadanos en la cena familiar, las tertulias radiofónicas, los diálogos en centros de trabajo y los desplazamientos en Metro. En estos días de intensa actividad informativa, sólo la muerte de Juan Pablo II y sucesión del Papa han superado a la ministra Trujillo. Ni siquiera las eleciones vascas suscitaron el mismo interés, al menos fuera de Euskadi. 

 

Estoy convencido que más de uno de sus compañeros de Gobierno analiza cuál debe ser el despropósito a realizar o declarar para conseguir la misma popularidad. Porque, como decía Camilo José Cela, lo importante es que hablen de uno, “aunque sea bien”. Y es que pocas declaraciones de políticos han suscitado tanto interés y, a la vez, aunado posiciones contrarias tan unánimes.

 

No está mal que con esta “imaginativa” propuesta la ministra haya animado el debate sobre el problema de la vivienda, una de las vergüenzas de nuestra sociedad y la de otros países europeos. Los costes se han disparado a tal nivel que resulta imposible para una mayoría de jóvenes acceder a una vivienda, aunque un cierto porcentaje de población siga adquiriendo inmuebles en la ciudad o en la costa como refugio inversor, a veces de dinero negro, y el ritmo constructor continue frenético. 

 

El Partido Socialista, que desde la oposición criticaba a gobiernos anteriores por el coste del suelo y, con él, de la vivienda, llegado al poder se manifiesta incapaz de reducir tales costes, a la vez que pone en entredicho la promesa del programa electoral de 180.000 viviendas en la legislatura.

 

Pero más allá de la coyuntura y del planteamiento teórico según el cual tales miniviviendas son para períodos cortos y etapas determinadas de la vida de una persona, la iniciativa de la ministra tiene mucho mayor calado. Porque en el fondo plantea cuál es el modelo de sociedad y el modelo de familia suyo y, en cualquier caso, del Gobierno y del partido socialista.

 

Aún con la enorme limitación del espacio del minipiso, un joven podrá vivir en él. No lo dudo. Puede admitirse. Incluso puede ser aceptable para situaciones provisionales y períodos breves. Pero, ¿debe ser un objetivo político de un gobierno, de una sociedad, que los jóvenes se emancipen de sus padres para vivir en solitario? ¿O más bien que se emancipen, ciertamente, pero que en condiciones ordinarias sea para constituir sus propias familias?

 

En esto es clave la vivienda. Una respuesta u otra trasluce dos modelos de sociedad. Uno, insolidario, decidido promotor de la supuesta libertad completa del individuo, contrario a toda vinculación, promotor del aislamiento. Otra, que incardina la persona en la sociedad de forma preferente a través de la más natural y básica de las instituciones, la familia, y que entiende que la verdadera libertad y desarrollo humano se hace en la relación con los demás y en la entrega a otros.

 

Los jóvenes podrán vivir en minipisos, pero puestos a emanciparse de sus padres y estar un tiempo corto en situación provisional parece más razonable y es mucho más barato que entre tres o cuatro alquilen un piso de 90 metros cuadrados, en los que además estarán muchísimo más anchos porque hay determinados servicios que deben existir siempre aunque el piso sea una menudencia.

 

Está comprobado, además, que las que a menudo se plantean como soluciones provisionales casi siempre se convierten en definitivas. En el caso de la vivienda mucho más: ante unos precios astronómicos, las personas no se mudan. Y como en estos minipisos no pueden vivir familias y mucho menos tener hijos, la conclusión es que una política orientada a estas “soluciones habitacionales” va contra la familia y se convierte en un atentado contra la natalidad, cuando la sociedad española está pidiendo a gritos más niños.

 

Los habitáculos temporales de 25-30 metros cuadrados, de convertirse en objetivo político importante y generalizado, son un golpe bajo contra la familia.

Hazte socio

También te puede gustar

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>