Miss Cantabria: Discriminación de la mujer por ser madre

El pasado fin de semana se ha sabido que la ganadora del concurso de Miss Cantabria se ha visto destronada porque los promotores del certamen de belle…

El pasado fin de semana se ha sabido que la ganadora del concurso de Miss Cantabria se ha visto destronada porque los promotores del certamen de belleza saben que aquélla, Ángela Bustillo, tiene un hijo. No hay otro argumento para desposeerla que la maternidad. 
 
Las bases del concurso ciertamente establecen que las concursantes no deben tener hijos, por lo que los promotores o jurados no vulneran una normativa prefijada. El problema está en si esta norma es correcta y si es aceptable. Que algo se haya hecho siempre de una determinada manera no garantiza que esté bien ni que sea inamovible.  
 
No siento especial interés ni atractivo por tales concursos. Me parecen en general una forma más de instrumentalización de la mujer y del exagerado culto al cuerpo, mientras dejan de lado aspectos muy importantes de la persona, pero, en cualquier caso, puestos a entrar en la dinámica de la elección de misses, que, al menos, se eviten discriminaciones.  
 
La maternidad ¿aumenta la belleza?
 
Los concursos de misses tienen como finalidad escoger la mujer de mayor belleza, cualidad que a veces se complementa valorando otras como la elegancia. No parece que el haber tenido o no hijos sea un elemento relevante para alterar tales características.
 
En todo caso, si la maternidad ha deteriorado el organismo, la candidata en cuestión no ganará el concurso, pero no por ser madre, sino por menos hermosa. Si, como muchos han puesto de manifiesto en innumerables ocasiones, la maternidad embellece, no ha de ser óbice para que gane el concurso.
 
La discriminación de Miss Cantabria es sin duda un asunto menor, una anécdota, pero que nos lleva a otro más relevante, más general, más de fondo: la discriminación de la mujer por la maternidad.
 
Hablar de la discriminación de la mujer es un tema recurrente. No cabe la menor duda que en países del Tercer Mundo y en los estados islámicos la postergación alcanza niveles insoportables. La mujer no es más que un camello, las venden, las casan a la fuerza, se aborta muchísimo más a fetos femeninos.
 
En el Primer Mundo, afortunadamente, el camino recorrido es enorme y no ha sido ajeno a ello el Cristianismo, aunque a menudo no se reconozca. Nadie como éste ha defendido tanto la dignidad de la mujer, aun aceptando todas las limitaciones y errores a lo largo de la historia.
 
Aunque estemos a años luz respecto a aquellos países, también en el Occidente persisten situaciones de discriminación de la mujer más o menos acusadas. En realidad, la mayor parte de discriminaciones no son a la mujer como tal, sino en cuanto es madre.
 
Más universitarias que universitarios
 
No es verdad, por ejemplo, que hoy esté discriminada la mujer en España para el acceso a la cultura. Las estadísticas lo dicen, pero quienes estamos en las universidades lo palpamos a diario: el número de universitarias supera al de sus compañeros varones. Estos últimos siguen siendo ampliamente más numerosos en carreras técnicas, pero aquéllas van por delante en las humanísticas, de ciencias sociales y de ciencias de la salud.
 
Hay problemas laborales, pero no siempre son ciertas determinadas acusaciones de restricción del acceso de las mujeres a los puestos de trabajo por el hecho de ser mujeres. El problema lo tienen desde otra óptica: la de tener hijos.
 
Ahí si hay una marginación real. No es infrecuente que algunos empresarios amenacen de manera velada –pocas veces abiertamente y nunca por escrito— a las empleadas que si quedan embarazadas perderán el puesto de trabajo. Otras temen ser madres porque se verán limitadas en la carrera desenfrenada de la competitividad con sus compañeros o porque ven imposible compatibilizar atención a los hijos con actividad laboral extrahogareña.
 
Conciliación familiar
 
Entretanto, pocos pasos se dan para facilitar la conciliación de la vida laboral y familiar, pocos incentivos de la Administración, escaso interés de muchos gestores empresariales, no demasiado entusiasmo de los sindicatos, …, y, en fin, también es cierto, desinterés de muchas familias por lograrlo. Unas por la necesidad imperiosa de dos sueldos íntegros para pagar la hipoteca del piso y otros porque el desbocado consumismo prioriza por delante de los hijos el realizar viajes, cambiar el coche dada dos años o pasar los fines de semana esquiando. 
 
El ser madre, en cualquier caso, está sometido a un “mobbing” bastante mayor que algunos casos aireados por la prensa.
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