Monseñor Munilla: “las organizaciones secretas han roto iniciativas cívicas” en la Iglesia

Monseñor José Ignacio Munilla es obispo de San Sebastián, pero también es uno de esos pastores que va de frente, que desar…

Monseñor José Ignacio Munilla es obispo de San Sebastián, pero también es uno de esos pastores que va de frente, que desarrolla su labor pastoral arremangándose y abordando sin eludir cuestiones complejas. Él consigue enderezarlas y darles un sentido cristiano.

Esas cualidades se desprenden de sus muchos textos que pueblan los medios de comunicación españoles, y también de su última entrevista publicada que ha ofrecido en el portal Infocatólica.
En ella, analiza el principal riesgo que amenaza la integridad de la Iglesia en España y que no es otro que la unidad de los cristianos que de ella participan. Además, explica que los católicos que de alguna manera se han visto envueltos en grupos secretos deben recorrer un camino de transparencia y aspirar a conformar una asociación canónica y dar visibilidad a realidades asociativas que en la actualidad no tienen sentido ni responden al sentido eclesial de claridad y buen hacer.
Moseñor Munilla afirma que se está viviendo en España “un momento crucial” caracterizado por una “crisis de fe, crisis institucional, crisis económica…”. El prelado advierte que uno de los problemas para afrontar la situación es “la falta de unidad entre los católicos” y explica que una de las dificultades para “la colaboración de los católicos que participan en iniciativas ciudadanas en la vida pública” es la integración de algunos de los líderes de movimientos cívicos en organizaciones “secretas”.
“Quiero señalar –declara el obispo de San Sebastián- una dificultad añadida para la colaboración de los católicos que participan en iniciativas ciudadanas en la vida pública, cual es la integración de algunos de los líderes en organizaciones “secretas” (o de naturaleza reservada), lo cual está siendo en España motivo de desconfianza y de desmembración de muchos movimientos cívicos conformados mayoritariamente por católicos”. Sin duda, “se trata de un fenómeno muy minoritario, pero las dificultades que se originan por este motivo son muy importantes”, constata el prelado.
Una desconfianza que genera rupturas
Monseñor Munilla recuerda que “por desgracia”, en los últimos años, “hemos sido testigos, una y otra vez, de cómo se han roto o se han debilitado muchas iniciativas cívicas, ante la sospecha de la participación de miembros de estas asociaciones. (El caso más notorio fue la disolución de la plataforma de familias objetoras contra la Educación para la Ciudadanía, hace ya más de seis años)”. “En la práctica, la confianza necesaria para colaborar en una iniciativa social queda minada ante las sospechas derivadas de la pertenencia de algunos compañeros de camino a una asociación de carácter reservado”, sentencia.
Para la resolución de ese conflicto, monseñor Munilla propone que “estos católicos en entredicho conformasen una asociación canónica, de forma que la Iglesia Católica pudiese llevar a cabo el debido discernimiento y acompañamiento”, ya que “la trasparencia y la eclesialidad son indispensables”.
El obispo considera que “el momento histórico que vivimos requiere de una generosidad especial por parte de todos, y confío en que este paso llegue a darse, de forma que se pongan las bases para desbloquear conflictos y superar desconfianzas”. “Obviamente, el problema no se soluciona con un mero cambio de una estructura asociativa (por muy importante que sea), sino que es necesario que después de las tensiones vividas, los interesados se abran a una nueva oportunidad. Me parece importante subrayar la necesidad de la humildad y de la misericordia, para superar los errores del pasado”.
Finalmente, monseñor Munilla recuerda que el Concilio Vaticano II afirma en su Decreto sobre el Apostolado de los Laicos, Apostolican Actuositatem que “Es preciso que los laicos acepten como obligación propia el instaurar el orden temporal y el actuar directamente y de forma concreta en dicho orden, dirigidos por la luz del Evangelio y la mente de la Iglesia y movidos por la caridad cristiana; el cooperar, como conciudadanos que son de los demás, con su específica pericia y propia responsabilidad, y el buscar en todas partes y en todo la justicia del Reino de Dios. Hay que instaurar el orden temporal de tal forma que, salvando íntegramente sus propias leyes, se ajuste a los principios superiores de la vida cristiana y se mantenga adaptado a las variadas circunstancias de lugar, tiempo y nación” (AA 7).
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