Monseñor Omella y la sucesión en la Diócesis de Barcelona

Quan el nomenament de monsenyor Omella es produeixi l'única actitud possible cap al nou bisbe és la de la cooperació Quan el nomenament de monsenyor Omella es produeixi l'única actitud possible cap al nou bisbe és la de la cooperació

No acostumbro a escribir sobre los obispos, al menos no en términos nominales, y menos sobre las “quinielas” que tanto apasionan sobre quién sucederá a quien en tal diócesis. No digo que no se deba informar, solo que este tipo de cuestiones no me apasionan, quizás porque espero siempre la buena providencia de Dios. Dicho esto, entro en tema, aunque lo escrito también forma parte de él:

Ignoro cuando se va producir el cambio en la diócesis de Barcelona y quién va ser la persona escogida por el Papa, aunque es posible que la fecha sea inminente. Creo que la cuestión no es tanto de nombres y procedencias como que quien sea resulte bueno para las actuales y difíciles condiciones de la Iglesia en Cataluña, que en Barcelona adquieren un especial dimensión a causa de su importancia en todos los órdenes.

Creo que cuando el cambio se produzca la única actitud posible hacia el nuevo obispo es la de la cooperación, la plena disponibilidad a ayudarlo en lo que se pueda y se deje, sea Omella, sea otro, y cuando sea pueden contar con nuestra acogida alegre y servicial. Alegre porque prosigue la continuidad apostólica que nos enlaza con la Iglesia primigenia, la que conoció en persona a Jesús. Servicial porque, si esta no es la actitud cristiana ante todos, ¿cómo no va ser la que procede con tu obispo?

Lo que si tengo claro es que en todo caso necesitamos un nuevo impulso, un revulsivo, aprovechar claro está todo lo bueno hecho, pero sobre todo introducir nuevas dinámicas de misión y evangelización, de presencia viva, capaz de responder a los retos plateados.

Lo que en ningún caso resulta admisible es que por razones políticas, incluidas las del nacional catolicismo catalán, tan hermanado con el español, que tanto rechaza, se intente atacar el nombramiento. La Iglesia no tiene ningún señor político al que servir, y eso es algo de lo que algunos todavía no se han enterado. A ver si ahora, en Cataluña, algunas gentes que aplaudían hasta con las orejas cualquier gesto del Papa van a discrepar de él porque sus intereses políticos no coincidan con los de la persona nombrada. Y a la inversa desde la perspectiva española.

Y si finalmente es monseñor Omella, y esto es una hipótesis que sirve para ilustrar lo que debe ser, que no digan que es de “fuera” porque en la Iglesia, que es católica, no hay nadie que venga de aquel exterior. Todos estamos dentro. Sea de aquí o de las antípodas (y en todo caso procedería del mismo territorio que Duran i Lleida). La cuestión es otra: se trata de que sepa incrustar en la realidad de nuestra Iglesia local. En Brasil, a nadie se le ocurrió rechazar a Casaldáliga por ser catalán, bajo el argumento de que había muchos sacerdotes brasileños adecuados, y eso que venía de bastante más lejos y con menos afinidades. Lo han valorado solo por cómo ha ejercido de obispo. Pues ahora lo mismo y con más motivo.

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