Moral y política

No soy un experto en moral, pero siempre he estado interesado por las cuestiones morales, puede ser como reacción ante la sensación del predominio de un profundo relativismo en relación a los referentes morales que sustentan nuestra sociedad. En una sociedad bastante condicionada por los medios de comunicación, resulta decepcionante la baja sensibilidad que algunos medios tienen en relación a los valores y virtudes que deberían trabar la sociedad. Los mismos sentimientos tengo ante el poco espacio que las cuestiones éticas encuentran en el ámbito político. La mayoría de partidos políticos no muestran excesiva preocupación por las cuestiones morales, aunque, en determinados momentos, la política sea, en esencia, una revuelta moral contra las injusticias y las desigualdades. Por eso me sorprende que algunos políticos sitúen las leyes, y su respeto, como últimos referentes de las actuaciones políticas al margen de cualquier referente moral. Es cierto que las leyes crean un marco de referencia para contrastar los comportamientos éticos, pero las leyes deben servir para preservar el conjunto de principios morales incuestionables porque son definiciones básicas de nuestra civilización. Por eso encuentro inapropiadas las reiteradas insistencias de situar el respeto a las leyes como el último objetivo de la acción política, olvidando que previo a las leyes hay unos principios morales a los que aquellas deben subordinarse.

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