¿Muertes por embarazo o muertes por pobreza?

  Es interesante comparar cómo titulan distintos medios.   -590.000 mujeres mueren cada año en el embarazo y el parto (El Periódico de Catalunya)-La O…

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Es interesante comparar cómo titulan distintos medios.

 

-590.000 mujeres mueren cada año en el embarazo y el parto (El Periódico de Catalunya)
-La ONU alerta de que 500.000 mujeres mueren de parto cada año en el mundo (La Vanguardia)

 

En estos dos diarios, el embarazo y el parto son causas de mortandad… cuando normalmente deberíamos relacionarlo con la llegada de nuevas vidas. Otros medios titulan, más adecuadamente:

 

Cada minuto muere una mujer en el mundo por falta de asistencia en el embarazo o el parto, ABC

Más de 500.000 mujeres mueren cada año por complicaciones del embarazo o en el partoTelenoticies.com

 

No es lo mismo “morir de parto” que “morir por falta de asistencia en el parto”. En los titulares de ABC y Telenoticies.com queda claro que la causa de muerte es la pobreza, falta de ayuda médica, la no aplicación de medios que en Occidente son comunes.

 

El lenguaje de la UNFPA

 

Thoraya Ahmed Obaid, la directora ejecutiva del UNFPA, ha sido la encargada de presentar el informe El estado de la población mundial 2004.  “Cada minuto, una mujer pierde la vida a causa de complicaciones del embarazo. En África, esa causa matará a una mujer de cada 16, en comparación con una de cada 2.800 en los países desarrollados. Sabemos cómo reducir el número de defunciones”, declaró la funcionaria de Naciones Unidas. Según el texto, el número de partos que atendidos por personal cualificado es sólo del 35% en el sur de Asia y del 41% en el África subsahariana (datos oficiales de 2000).

¿A qué llaman “salud reproductiva”?

 

Hace 10 años, en la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD), celebrada en El Cairo, los Estados acordaron promocionar la “salud reproductiva”. ¿Y qué es la salud reproductiva? Los países hispanos y los musulmanes se negaban a incluir el aborto (y a veces también la anticoncepción) dentro del concepto “salud reproductiva”, ya que ni el aborto ni la anticoncepción curan nada ni sirven para reproducirse. Se dejó el término en los documentos delegando la interpretación a la voluntad de cada país.

 

Durante estos 10 años Naciones Unidas ha ido incorporando el aborto y la anticoncepción en diversos documentos sobre “salud reproductiva”, no sólo en cumbres sobre población, sino en las cumbres sobre mujer, desarrollo, sida, refugiados, vivienda o violencia. La idea original de El Cairo era ligar desarrollo a “acceso universal a la atención de la salud reproductiva”, es decir, al  aborto.

 

“En verdad, estamos avanzando y tenemos muchos motivos de celebración”, ha dicho Obaid al presentar el documento actual. “Muchos países han comenzado a integrar los servicios de salud reproductiva en los de atención primaria, a mejorar las instalaciones y a ampliar las opciones entre distintos métodos de planificación de la familia”.

 

Las ONGs del abortismo

 

Para difundir el aborto y la anticoncepción, esta corriente de Naciones Unidas cuenta con la ayuda de un rosario de ONGs, muchas de ellas filiales o satélites de la cadena abortista internacional IPPF (International Planned Parenthood). Especialmente activas son las filiales de la IPPF en los países hispanos, donde el aborto y la anticoncepción están sometidos a legislaciones restrictivas. En estos países, por ejemplo, la IPPF ha potenciado su rama “católica”, con el nombre de “Católicas por el Derecho a Decidir”. Estas ONGs reciben fondos de los distintos Estados, de la IPPF o de Naciones Unidas para “promover los derechos de la mujer” y otros fines en principio loables, pero su auténtico objetivo es en realidad fomentar el aborto.

 

Diversos cargos directivos de Naciones Unidas han sido trabajadores de la IPPF y, a la inversa, gente que trabajaba para Naciones Unidas se recolocó en el sector privado del lobby abortista cuando la Administración Bush recortó los fondos para UNFPA y decidió asignar financiación sólo a programas sin aborto ni anticonceptivos (por ejemplo, el Plan Bush contra el sida en el mundo, 15.000 millones de dólares en 5 años, establece que un tercio se dedique a fomentar la abstinencia sexual).   

 

La industria del aborto

 

Del 30 de agosto al 2 de septiembre se celebró en Londres la llamada “Countdown 2015: Derechos sexuales y reproductivos para todos“. Ante la prensa era una asamblea de ONGs con presencia de la UNFPA, figuraba en el calendario de actividades de Naciones Unidas y la misma Thoraya Obaid presidía el encuentro. Una de las conclusiones del encuentro fue “fortalecer las alianzas con las asociaciones que se dedican a temas de derechos humanos, de desarrollo, de salud pública, de HIV/SIDA y de ayuda humanitaria”, a fin de “impulsar una nueva generación de líderes y activistas que promuevan una clara comprensión de la igualdad de género y la asignación de más recursos a programas y políticas que promuevan la salud y los derechos sexuales y reproductivos”.

 

Allí hablo con claridad Thoraya Obaid como Secretaria Ejecutiva del UNFPA: “Los derechos sexuales y reproductivos, afirmó, están en la base del desarrollo de los países pobres. (…). Es necesario extender la capacitación y el acceso a los ‘cuidados obstétricos de emergencia’”.

 

Según Juan Claudio Sanahuja, director del boletín Noticias Globales, especializado en analizar las políticas de población, familia y vida de las Naciones Unidas, en el lenguaje de la UNFPA “cuidados obstétricos de emergencia, significa aborto quirúrgico y se refiere especialmente al aborto por succión”. Allí estaban las organizaciones satélite del sector aborto (Family Care International, la IPPF) pidiendo maternidad segura (“que incluye el aborto químico y quirúrgico”, según explica Sanahuja) y derecho al aborto legal y seguro.


Cifras difíciles

 

Las cifras del informe 2004 son difíciles de comprobar. Por ejemplo, contar 20 millones de aborto de riesgo que matan cada año a 78.000 mujeres (0,39% de las que se someten a ese riesgo si hacemos las cuentas), es difícil de demostrar. Precisamente, por ser de riesgo son ilegales, y por eso no se pueden contar. 

 

De hecho se dan casos continuamente de cifras confusas. En Uruguay, por ejemplo, un estudio hablaba de que el Hospital Pereira Rossell, tenía una mortalidad materna por abortos provocados del 71% en 2001, una cifra escalofriante que defensores del aborto esgrimían para aprobar el “aborto seguro” en el país. Pero un análisis más detenido demuestra que el 71% surge de dividir 5 muertes maternas por aborto en condiciones de riesgo en esa institución, entre 7 muertes maternas totales ocurridas en el año 2001 en ese hospital (durante el cual nacieron unos 9.500 niños). En este hospital, que recoge los casos más difíciles del país, murieron una mujer por aborto provocado en 1996, otra en 1997 y ninguna en 1998, 1999 y 2000. Las cinco de 2001 fueron un caso atípico, pero convertidas en un impresionante 71% creaban la sensación de que miles de uruguayas morían desangradas por abortos ilegales y que era necesario legalizar esta práctica.  

Algo similar sucede con las cifras de UNFPA. Además, es llamativa la falta de conciencia crítica ante ciertos países. Por ejemplo, se contabilizan cien millones de abortos practicados a chicas de entre 15 y 19 años. Sin embargo, buena cantidad de esos abortos son forzados y se practican industrialmente en China por orden de las autoridades. Pero la UNFPA en vez de condenar la práctica de los abortos forzados en el gigante asiático financia programas de “salud reproductiva” en este régimen comunista. 

Cuando el informe afirma que en 2001 se invirtieron 7.832 millones de euros en salud reproductiva, resulta difícil calcular qué cantidad se ha invertido en ayudar a las mujeres a tener un parto sano o en curar y prevenir enfermedades ginecológicas, y cuánto es, simplemente, aborto y anticoncepción, actividades que en realidad no entran en el campo médico ya que no curan ninguna dolencia.

 

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