Munich: Spielberg en la mente del asesino

Tras los atentados palestinos contra atletas israelíes en los Juegos Olímpicos de Munich, los servicios secretos de Israel ponen en marcha una operaci…

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Tras los atentados palestinos contra atletas israelíes en los Juegos Olímpicos de Munich, los servicios secretos de Israel ponen en marcha una operación para asesinar a los responsables. La película, con guión de Tony Kushner y Eric Roth, basada en el libro Vengeance de George Jonas, recoge esta operación y a sus componentes.
 
Se abre el telón. Un comienzo frenético nos mantiene pegados a la butaca y con los ojos plenamente pendientes de lo que ocurre en la pantalla. Spielberg logra meternos con gran crudeza en la película. Pero tras media hora, o tal vez una hora, el ritmo decae extrañamente. Durante esa hora, el director nos sumerge en un viaje por Roma, París, Grecia, todo ello con bastante éxito. Pero no logrará mantener las expectativas durante el largo metraje.
 
Aun así, la película resulta interesante y el balance, positivo. Consigue introducirnos en la mente del asesino, que poco a poco va percatándose de que lo es y del daño irreparable que eso le causa a él mismo. Tal vez Spielberg comienza demasiado tarde esta evolución y sea ésa una de las principales causas para alargar tanto la película y que quede un poco en el aire el personaje.
 
La última escena en la que Eric Bana recuerda –imagina- el asesinato de los atletas israelíes es una escena muy dramática y muy lograda. Lejos de ser una escena erótica, se convierte en una escena terrible y estremecedora.
 
Vengo insistiendo mucho en lo excesivo de la duración de la película. Y es que uno se da cuenta cada vez más de que Spielberg no sabe muchas veces cómo ni cuándo acabar sus películas. Munich tiene tres o cuatro finales hasta que llega el definitivo.
 
No podemos dejar de lado la sobrecogedora crudeza de que Spielberg hace gala en esta película. Creo que, en este sentido, el director nunca había hecho algo tan duro. A este respecto, puede que la escena del asesinato de la mujer parezca excesivo en su gusto por lo crudo, pero creo que forma parte de esa visión del americano y está acorde con lo narrado y el sentido que quiere darle.
 
Se trata también de una película atrevida en su forma y en el fondo. En cuanto a forma, el director nos lleva cámara en hombro durante un buen rato de la película, cosa no habitual en él. La fotografía y la dirección artísticas son brillantes en su representación de la gama cromática setentera, la primera (obra una vez más del polaco Janusz Kaminski), y de esa estética la segunda.
 
El fondo plantea el dilema palestino-israelí, de vigente actualidad. La idea que queda clara es que el mal sólo engendra mal, que este conflicto no tiene una solución posible tal y como están las cosas, que tras unos vendrán otros. Aunque es cierto que los israelíes son retratados con mayor humanidad que los palestinos, la película no se convierte en ningún tipo de panfleto, porque queda patente el mal que hacen unos y otros. En este conflicto no existen ni buenos ni malos: sólo fanáticos. 
 

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