¿Nació Jesús un 25 de diciembre?

Hay quienes piensan que la Iglesia escogió el 25 de diciembre como fecha de celebración de la Navidad con el fin de cristianizar y sustituir las fiestas paganas de los días del solsticio de invierno (sol invictus, sol invencible). Consideran que el nacimiento de Cristo no es un acontecimiento histórico, es decir, que no sucedió realmente, o que, en el mejor de los casos, la elección del 25 de diciembre es convencional y simbólica, porque no se puede conocer con exactitud el día del año en que nació Jesús. Para ellos, la Navidad, o algo parecido, se podría celebrar en cualquier otra fecha del calendario. Otros piden que el nombre de Navidad sea cancelado, y que en su lugar se utilice la expresión “Fiestas de Invierno”; eso sí, con papás Noel y regalos -que nunca pueden faltar-, abetos, luces, adornos, música, etc., pero sin Jesús. ¿Por qué lo llaman postcristianismo, cuando, en realidad, se trata de neopaganismo?

El culto al dios sol, celebrado en el solsticio de invierno por diversos pueblos politeístas para festejar el nacimiento del sol invencible, fue introducido en Roma por el emperador Eliogabalo (218-222 d.C.), si bien fue el emperador Aureliano (270-275 d.C.) quien en el año 274, precisamente el 25 de diciembre, consagró el templo dedicado al culto del sol. Por tanto, la fiesta pagana comenzó a tomar carta de naturaleza a finales del siglo III d.C. Con esta festividad se celebraba el renacimiento del sol, que no había sido vencido por el invierno, y comenzaba a brillar progresivamente más tiempo en el cielo.

Hipólito de Roma, escritor de la Iglesia cristiana primitiva, afirma en su comentario al Libro del profeta Daniel, escrito alrededor del año 204 d.C., que la Navidad se celebraba el 25 de diciembre. Por tanto, de las fuentes históricas que se conservan se puede sostener que la Iglesia celebraba la Navidad antes de que en Roma se instituyera la fiesta pagana del sol invictus. En realidad, la intención de instaurar esta celebración era la de suplantar la de la Navidad. De este modo, el Imperio romano pretendía arrinconar y cancelar a la molesta comunidad cristiana de otros modos, no sólo con las persecuciones.

A mediados del siglo XX, la ciencia consiguió dar un paso importante en relación con el día de la celebración de la Navidad. El profesor Shemaryahu Talmon (1920-2010), de origen polaco, que enseñó Sagrada Escritura en la Universidad Hebrea de Jerusalén, publicó un artículo en 1958 en el cual reconstruyó la sucesión de los 24 turnos sacerdotales al servicio del Templo de Jerusalén (los turnos de servicio eran de una semana, dos veces al año, de sábado a sábado) y, al aplicarlos al calendario gregoriano, descubrió que el turno de Abías finalizaba la última semana de septiembre. El profesor Talmon había estudiado el Libro de los Jubileos, un documento del siglo II a.C., encontrado entre los papiros de Qumran (localidad de la actual Cisjordania donde habitaban los esenios, una de las comunidades del judaísmo antiguo). Este descubrimiento tiene una gran importancia respecto a la historicidad de los Evangelios y, como se verá, para nuestro tema. Veamos el porqué. Para ello, además de la fecha de celebración de la Navidad (25 de diciembre), interesa recordar que, como es lógico, la Iglesia celebra la fiesta de la Anunciación del Señor nueve meses antes (25 de marzo), porque Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, y el día de la Natividad de san Juan Bautista (24 de junio). Por su parte, las Iglesias orientales celebran también con gran solemnidad la fiesta de la concepción de san Juan Bautista entre el 23 y el 25 de septiembre.

El Evangelio de san Lucas es el que relata con mayor detalle la infancia de Jesús. San Lucas cuenta que Zacarías, esposo de Isabel, prima de la Virgen María, era sacerdote y pertenecía al turno de Abías. Zacarías e Isabel no tenían hijos porque ella era estéril y ambos eran ya ancianos. Mientras Zacarías estaba prestando servicio sacerdotal en el Templo de Jerusalén en el turno de su clase, un ángel le anunció el nacimiento de un hijo, que se llamaría Juan. Como es sabido por el relato evangélico, Zacarías dudó del anunció del ángel, y por ello se quedó sin habla hasta el momento de la imposición del nombre a san Juan Bautista. Cuando terminó el período de su servicio, Zacarías regresó a su casa y su esposa Isabel concibió al Bautista. Como se ha dicho, según el descubrimiento del profesor Talmon, uno de los dos períodos del año del servicio de los sacerdotes de la clase de Abías finalizaba a finales de septiembre.

Siempre según san Lucas, la Anunciación de Jesús a la Virgen María por parte del arcángel san Gabriel tuvo lugar en el sexto mes de embarazo de Isabel. Al conocer esta noticia, la Virgen acudió con prontitud a la casa de su prima para prestarle su servicio durante los tres meses de embarazo que le quedaban. El nacimiento de san Juan Bautista tendría lugar a finales de junio. De este modo, observamos que el descubrimiento realizado por el profesor Talmon concuerda con la fecha en la que la Iglesia celebra la fiesta litúrgica del nacimiento de san Juan Bautista. Si san Juan Bautista fue concebido a fines del mes de septiembre, y la visitación de la Virgen María a santa Isabel se produjo cuando esta se encontraba en el sexto mes de embarazo, como dice san Lucas, la Anunciación del Señor fue, efectivamente, a finales de marzo. Por tanto, es muy probable que Jesús naciera un 25 de diciembre.

Saber el día del año en que nació Jesús interesa, y mucho, porque es un personaje histórico, al igual que Julio César, María Estuardo o Napoleón Bonaparte, por poner algunos ejemplos bien conocidos. El 25 de diciembre como día de celebración de la Navidad no es una fecha convencional, escogida por razones pastorales, sino histórica. El escritor británico Chesterton decía: «¿Quieren saber por qué soy católico? Soy católico porque el catolicismo es verdadero».

Mi agradecimiento al profesor Talmon, y a todos ustedes mi deseo de una feliz Pascua de Navidad.

 

(Shemaryahu Talmon, «The Calendar Reckoning of the Sect from the Judean Desert. Aspects of the Dead Sea Scrolls», en Scripta Hierosolymitana, vol. IV, Jerusalem 1958, pp. 162-199).

 

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3 Comments

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    Hay algo que no se aclara e este escrito, ¿cómo pueden estar los pastores al raso con sus rebaños, sabiendo el invierno infernal que hacía en esos lugares?

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      Acerca de los pastores de Belén
      Estimado lector:
      Le agradezco la objeción que usted presenta, y que me ofrece la oportunidad de desarrollar el texto que he escrito. Permítame, incluso, ampliarle la pregunta: ¿Cómo es posible que unos ángeles anunciaran el nacimiento de Jesucristo a pastores que dormían al raso durante una fría noche de invierno, teniendo en cuenta que Belén se encuentra a 800 metros por encima del nivel del mar?
      Para responder a esta cuestión es preciso recordar que la religión judía está sometida a diversas normas relativas a la pureza legal. Los judíos solían distinguir entre tres tipos de rebaños. El primero estaba formado por ovejas de lana blanca; eran las consideradas puras, las que podían entrar en el ovil situado dentro de los lugares habitados cuando terminaba el día. Un segundo tipo era el de las ovejas cuya lana era en parte blanca y en parte negra. Estas ovejas podían entrar en un aprisco, que debía estar situado obligatoriamente fuera de los núcleos habitados. Un tercer grupo de rebaños estaba integrado por ovejas cuya lana era negra. Estos animales, considerados impuros, no podían entrar ni en la ciudad ni en un redil fuera de los centros habitados a la caída del sol; debían permanecer al raso siempre con sus pastores, día y noche, en verano y en invierno. San Lucas relata en su Evangelio (2, 8) que los pastores se turnaban para cuidar el ganado. Esto se explica porque las noches de invierno en Belén son frías. De este modo se despeja la incógnita: los ángeles anunciaron el nacimiento de Cristo a pastores que cuidaban ovejas negras y que, por tanto, no podían entrar en la ciudad. Puede significar también una anticipación de los pecadores, excluidos y emarginados, a quienes años después se dirigirá la predicación de Jesús.
      Siempre se podrá discutir sobre muchos aspectos de la vida de Jesús. Sin embargo, resulta históricamente fundado que celebremos la Navidad el 25 de diciembre, y no cualquier otra fecha del calendario. Saludos cordiales.

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