Navidades laicas, no gracias

Quedan pocos días –dos- y ya estamos inmersos en estos días de ajetreo, de ilusión, de luces, de regalar. Pues sí, el gran regalo, el único, el definitivo es que Jesús se hace hombre y nos ha asumido como hijos queridísimos, para salvarnos, perdonarnos y llenarnos de alegría. No hay otra.

No dejan de sorprenderme los que pretenden celebrar el solsticio de invierno, los seis meses de la noche de San Juan, -¿vaya otro santo?-, la unidad del género humano, la llegada de refugiados, etc.

Alguna vez he pensado que los españoles somos, no es muy correcto desde el punto de vista biológico, genéticamente cristianos, e incluso nuestra negación de la religión toma tintes religiosos. Esto demuestra por parte de ciertos políticos un complejo de inferioridad frente al cristianismo. La Iglesia católica, con dos mil años, al margen de la Fe, es la mayor empresa del mundo. Gestiona problemas irresolubles, no se cansa, anima, está con todos y los más débiles de verdad.

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