Niños invisibles

Cada vez que leo noticias sobre la presencia de menores en las guerras que tienen lugar en nuestro mundo actual, me invade una profunda tristeza. Cons…

Cada vez que leo noticias sobre la presencia de menores en las guerras que tienen lugar en nuestro mundo actual, me invade una profunda tristeza. Considero que se trata de una manifestación extrema de la maldad humana, y una inmensa crueldad, no sólo por la vulneración de los derechos de la infancia sino por la utilización de menores, previa manipulación o coacción, para llevar a cabo acciones bélicas.

La organización no gubernamental “Save the children”informaba ya en 2007deque había unos cuarenta y tres millones de niños y niñas que vivían en países en guerra. Dos millones habían muerto en conflictos armados durante los últimos diez años y decenas de millones se habían visto obligados a desplazarse. La UNICEF, por su parte, destacaba que durante mucho tiempo ha interesado silenciar la tragedia de los menores víctimas de las guerras.

Al parecer había entonces unos 250.000 niños –especialmente en África y Asia- que eran reclutados como soldados y unos 115 millones de niños no recibían ninguna educación, a pesar de la grandilocuente afirmación de la Carta fundacional de las Naciones Unidas, y de la Declaración Universal de los Derechos del Niño, en las que se considera ineludible el derecho a la escuela. Un punto a destacar también es el de los abusos sexuales que se practica, aunque no exclusivamente, sobre niñas.

Una de las noticias que se divulgaron por aquel entonces erala firma por parte de cincuenta y ocho Estados de un acuerdo que pretende luchar contra la utilización de menores en las guerras. Me parece una buena noticia, si se consigue realmente aplicar todo lo que se ha escrito, y en especial articular una lucha efectiva contra los reclutadores de niños y niñas, a modo de un auténtico secuestro, y que, por consiguiente, dicha actividad deje de gozar de una absoluta impunidad, como hasta ahora. El acuerdo mencionado fue firmado por todos los Estados de la Unión Europea, Suiza, Canadá, Japón, entre otros, pero no por los Estados Unidos. Tampoco lo firmaron Estados del área asiática que tradicionalmente utilizan niños-soldado, como Birmania o Filipinas.

El temade fondo para una lucha efectiva contra la utilización de menores en las guerras es obviamente que no se recurra con facilidad a los conflictos armados para solucionar problemas políticos o económicos, aspecto que necesitaría un orden mundial más justo y programas efectivos de reinserción social en las zonas que están en guerra o que acaban de finalizar una.

El Informe 2006 sobre el estado mundial de la infancia elaborado por la UNICEF recuerda que todavía millones de niños y niñas se encuentran instalados en la miseria, la desesperación y como se ha destacado antes, el olvido. Uno de los datos que me llaman mas la atención es este del olvido, de manera que sus problemas pasan inadvertidos por autoridades y organizaciones humanitarias. El informe habla incluso de “invisibilidad”, como si no existieran. Así, la pobreza y la desigualdad estructurales, la violencia ejercida en su contra o enfermedades como el sida, nos plantean que la realidad del problema de la infancia en el mundo de hoy es mucho más grave de lo que nos puede parecer, si nos atenemos a lo publicado en estadísticas, estudios e informes.

Efectivamente, las cifras son abrumadoras. Por ejemplo, en el África subsahariana hay más de doce millones de niños y niñas que se han quedado sin progenitores por culpa del sida, y dos de cada cinco personas que viven en la pobreza extrema en América Latina son menores.

Si la vulneración de los derechos humanos de todo tipo es intolerable en el mundo actual después de tantos años de lucha, el trato que reciben los menores aún es más grave y muestra de forma más brutal, si cabe, la maldad del ser humano hacia sus semejantes. Es urgente recordar que se trata de una situación intolerable, y desear que la humanidad progrese en el trato a las persones, de todas las edades, pero de forma especial a los menores, que son el germen del futuro de la humanidad.

Si el problema de la pobreza y la miseria en el mundo es una vergüenza tan grande que pone en duda la misma condición humana, la guerra es un síntoma del mal, y el abuso de los menores y la presencia de éstos en los conflictos armados es una perversión que me resulta tan enorme que considero que deberíamos ser todos especialmente sensibles. Robar la infancia es, a mi juicio, y creo que también es la opinión de cualquier persona de buena voluntad, uno de los peores actos del ser humano.

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