¿No faltará algo de disciplina?…

Estoy totalmente de acuerdo con los comentarios vertidos en el artículo. Es muy doloroso que estas actuaciones tan alejadas del mensaje evangélico y t…

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Estoy totalmente de acuerdo con los comentarios vertidos en el artículo.

Es muy doloroso que estas actuaciones tan alejadas del mensaje evangélico y tan carentes de amor a la Iglesia, se den precisamente en personas que deberían destacar precisamente por lo contrario.

Entristece la ofensa a Dios, pero también, y mucho, el escándalo que produce en los fieles. Me pregunto si en la linea de "proteger la fe de los débiles" (expresión de Benedicto XVI), no sería conveniente una actuación disciplinaria más decidida por parte de la Jerarquía.

La paciencia es una virtud, pero si termina por convertirse en la práctica en un consentimiento implícito a un abuso, entonces es una grave negligencia…¿Cuántas personas de nuestro entorno, de cierta edad, no han perdido el rumbo de sus creencias a causa de las "iniciativas" personales de ciertos clérigos en temas de litúrgia, de moral y de fe?…

Pienso que ya es hora de que, por parte de los obispos en primer lugar y /o las Sagradas Congregaciones si llegase el caso, se ponga fin a este desorden y se ejerza la autoridad sin complejos. No es admisible que los fieles tengan que oir barbaridades desde el púlpito o que se celebren Eucaristías irreconocibles.

No puede decirse que esté dentro de la Iglesia el que disiente conscientemente en materias fundamentales de fe o moral. Es, pues, un grave deber de los Pastores amonestar a los que difunden estos errores y advertir a los fieles.

Callar ante esta situación no es servir bien a la Iglesia, no es actuar como el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas, sino que es ser mercenario del enemigo, pues se contribuye a mantener la confusión. Acompañemos, pues, con nuesta oración a nuestros obispos y exijámosles que ejerzan como tales, pues a ellos les ha sido conferida la potestad de gobierno en la Iglesia.

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