¿No nos gusta leer?

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Hoy un post sobre un artículo muy interesante del Gregorio Moran en La Vanguardia del pasado sábado, a propósito del caso Murdoch. La tesis fundamental del periodista asturiano es que en España no tenemos prensa sensacionalista porque nuestros hábitos de lectura son muy inferiores en número de lectores a los del resto de Europa. ‘News of the world’ vendía tres millones de ejemplares en Gran Bretaña cada domingo. Y ya hemos visto cómo conseguían sus contenidos, pero aún así era una publicación muy vendida y muy leída. Mientras que aquí no hay suficientes lectores ni para la prensa de calidad. Bueno, quizás ésta es una de las razones, pero yo creo que hay dos o tres más que explican el fracaso de la llamada prensa amarilla en España.

El primer motivo es que la prensa de masas nació en Estados Unidos e Inglaterra a finales del S. XIX como instrumento de consumo e información para las nuevas clases populares surgidas de la revolución industrial. Se presentaba como alternativa a la prensa de calidad, de información general, más dirigida a las élites. Una parte de esta prensa popular apuesta por el sensacionalismo, pero todo esto se desarrolla en el contexto de sociedades democráticas muy consolidadas, lo que no se produjo en España, donde los períodos democráticos eran siempre cortos e interrumpidos por golpes de Estado o fórmulas de gobierno poco democráticas.

En segundo lugar, es que cuando la democracia llega para quedarse, es decir, a partir de 1975, en España ya hay dos tipos de publicaciones que ocupan el espacio del lector de prensa amarilla en otros países: por un lado la prensa deportiva (en Barcelona se editan cada día dos diarios deportivos, y en algunas épocas fueron hasta tres, hecho insólito en la mayoría de ciudades europeas), una parte de los lectores son hombres que no consumen otros diarios generalistas, y por otro lado tenemos la prensa del corazón, de periodicidad semanal, el equivalente más similar a la prensa amarilla, aunque habitualmente sus protagonistas son gente de la farándula o personajes creados por los programas de televisión del mismo género, y en general dejan fuera a los políticos o grandes empresarios, con la excepción de la revista Hola, que da un tratamiento muy elegante a sus reportajes y no busca polémicas ni grandes Scoop.

Quizás es cierto, como dice Moran, que como mínimo para leer la prensa de Murdoch es necesario un esfuerzo, que es leer, y aquí lo que más nos gusta es ver la tele, que no requiere ningún esfuerzo, pero también es cierto que el papel de la prensa sensacionalista, por las razones expuestas, ya está en gran parte ocupado en nuestro país por otro tipo de publicaciones.

Este texto está extraído del blog de Josep M. Silva, consejero delegado de RTVE

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