Nosotros, los modernos‘, por Alain Finkielkraut

Hace poco se editaba en España el Lecciones de los maestros, de Steiner. En él se llamaba la atención sobre una carencia de nuestros días: la de Maest…

Hace poco se editaba en España el Lecciones de los maestros, de Steiner. En él se llamaba la atención sobre una carencia de nuestros días: la de Maestros. Ahora llega a nuestras librerías una nueva aportación interesante en este sentido, de la mano de otro intelectual de origen judío: Alain Finkielkraut.
 
En dos sentidos este nuevo libro puede ser leído en continuidad con el anteriormente citado:

1) porque Finkielkraut demuestra maestría, en la medida en que es un hombre que mantiene viva en su persona la tradición europea – prueba de ello es que la editorial intelectualoide superventas Anagrama no le publica ya, dejando esta labor a una como Encuentro, cuya finalidad no coincide con la de darle a la mentalidad dominante el pensamiento viscoso que pide;

y 2) porque a lo largo de este libro nos muestra el problema y la virtud de la modernidad, señalando la exclusión de nuestra cultura de la figura de la “autoridad”, entendida como “acontecimiento de síntesis experiencial” – que diría Botturi – es decir, como propuesta atractiva y viva de un tradición que da una hipótesis de significado para la vida.

Finkielkraut es profesor de filosofía en la Escuela Politécnica francesa, además de uno de los intelectuales actualmente más polémicos en el panorama cultural; sencillamente porque no dice lo que todos dicen.

En este libro nos habla de quiénes somos, hace emerger la identidad del posmoderno como hijo del moderno. Nos dice de dónde venimos y nos advierte del peligro que corremos de seguir siendo modernos si “matamos al padre”, si perdemos el contacto con ese pasado que nos permite estar hoy en este mundo, con sus bienestares y sus amenazas.
 
Como decía De Lubac, “la muerte de Dios supone la muerte del hombre”. Como decía Giussani: “nadie puede ser padre si antes no ha sido hijo”. Como dice Botturi: “la libertad es humanamente descubierta en una relación con otra libertad que nos reconoce gratuitamente.” Es decir, que la autoridad no es la hipoteca sino la posibilidad de la libertad del hombre.
 
La tendencia de nuestros tiempos es la de no pertenecerse más que a uno mismo, mientras que Finkielkraut reclama la pertenencia a un relato occidental del que nos da las claves para su lectura.
 
Frente al olvido y los mezquinos relatos publicitarios que sumen al hombre de hoy en la auto-contemplación narcisística, y  que condenan sus deseos de realización personal a los múltiples métodos de fuga de la realidad a los que se tiene que entregar para intentar, infructuosamente, satisfacerse, Finkielkraut nos reclama a la memoria, a un pasado no entendido como destino sino como testamento de un padre que, con todos sus defectos, nos permite entendernos como hijos de Occidente.
 
Y todo ello sucede a través de una narrativa apasionada, amena, propedéutica, pensada para llegar a todo el que quiera escuchar un mensaje realista y sombrío pero legítimamente esperanzado, que parece que es el que la diáspora judía en Occidente nos está legando con cuentagotas. Por eso, cuando leemos a Finkielkraut no podemos dejar de pensar en Arendt, Levinas, Steiner, Postman, Bauman,…
 
Quizás también merecería la pena que en Israel leyeran a estos autores, que encarnan, quizá, una tradición judía mucho más razonable que la que este verano hemos visto fulgurar entre andanadas y muerte en Oriente Medio.
 
Nosotros, los modernos
Alain Finkielkraut
Editorial Encuentro
309 páginas
 

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