Nuestra sociedad más desigual

España y en buena medida Europa, aunque no toda, está cambiando de paradigma económico y social con el protagonismo de la izquierda y con absoluta dis…

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España y en buena medida Europa, aunque no toda, está cambiando de paradigma económico y social con el protagonismo de la izquierda y con absoluta discreción. Hasta ahora la redistribución de la renta en términos razonables para alcanzar la cohesión social era lo que caracterizaba al modelo europeo. Esto está dejando de ser así a pasos acelerados. Las consecuencias de la globalización no se están repartiendo por igual. Mientras que en los últimos tres años los salarios crecen poco o nada, el excedente empresarial, o si se quiere en otros términos, los beneficios, lo hacen por encima del aumento del PIB. Las increíbles retribuciones de los altos ejecutivos, visto lo que está sucediendo, no son una anécdota, ni criticarlos forma parte de la demagogia, sino un indicador claro de que no todo el mundo está soportando de la misma manera la redistribución de riqueza que se está produciendo a escala mundial.

Esto, como apuntaba líneas arriba, no es generalizable para toda Europa, Irlanda, Francia, Austria, entre otros, mantienen políticas que permiten a los trabajadores acceder a una parte razonable del pastel. No es el caso de España que además sufre de dos agravantes:

  1. Los salarios crecen poco pero además, lo hacen por encima de la productividad, lo cual significa un futuro negro. Los beneficios de las empresas, por su parte, aumentan muy por encima de esta productividad.
  2. La renta per cápita expresada en términos reales, es decir, igualada en relación al poder adquisitivo de cada país, nos ha alejado en este último año, de la convergencia con Europa. El PIB español crece mucho pero a expensas de un alud de inmigrantes, lo que hace que la población aumente todavía más que la riqueza anual producida, y por consiguiente disminuya el trocito de pastel que le corresponde a cada uno.

En este contexto, la izquierda española no está ni se la espera. No tiene nada en su programa que permita enfocar esta fisura social que está creciendo en España. Se dedica a distraer al personal con cuestiones relacionadas con el deseo, las políticas del deseo: matrimonio homosexual, divorcio instantáneo, cambio de sexo inmediato, y un largo etcétera. Han convertido la técnica romana de gobernar de “pan y circo” en puro y simple espectáculo, solo nos queda el “circo”.

Y para cerrar con una nota positiva, subrayar un eje básico de acción para resolver el problema: que los trabajadores participen en los beneficios, que puedan acceder a acciones gratuitas o pagadas a expensas de aquellos. En definitiva pasar a un modelo de mayor compromiso e implicación con la empresa. Eso es ir contra corriente, pero es la única vía si queremos evitar un avance acelerado hacia una sociedad de “muy ricos” y “muchos pobres”. Como China (la gobernada por el P.C.) uno de los países con mayores desigualdades del mundo.

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