Nuestro ‘Gattaca’: la clonación terapéutica

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Forum Libertas

La noticia ha surgido con espectacularidad mediática: Se ha logrado por primera vez la clonación humana y parece que en esta ocasión va en serio y no es un engaño como en las anteriores. Este hecho reabre el debate sobre la legitimidad ética de utilizar embriones humanos como material de laboratorio y también el de la clonación con células humanas. Para intentar zanjarlo, al mismo tiempo que aparecía la noticia, ya se han levantado voces de gente perteneciente a este negocio, como la de Anna Veiga, reclamando que la ciencia investigue sin limitaciones éticas. Y, ante esto, una reflexión de supervivencia social es obligada.

Una mayoría abrumadora de nuestra sociedad proclama con certeza y acierto que la causa profunda de esta crisis destructora es la crisis moral que subyace y que impide comportamientos éticos. Pues bien, si esto es así no tiene ningún sentido, es más, es terriblemente peligroso, proclamar al mismo tiempo que un ámbito concreto, el del negocio de la ciencia, porque de esto es de lo que se trata, no debe limitarse éticamente, que la clonación debe quedar fuera de toda consideración moral. Si nuestra sociedad acepta esto se instalará en una contradicción insuperable que solo puede acarrear su propia destrucción. No puede pedirse regeneración moral en un ámbito y ausencia de ella en otro. Porque, subrayémoslo, insistimos en ello, todo este tipo de tareas están realizadas por empresas privadas cuyo fin primordial es el lucro, la obtención del máximo beneficio. Y no se trata de una obra benéfica sino de un puro y simple negocio.

La pregunta es dónde está el negocio, porque desde que el Nobel Shinya Yamanaka consiguió células adultas reprogramadas, las llamadas células iPS como vía para la utilización de células madre adultas, la línea utilizada por el equipo de Obregón con células embrionarias había sido prácticamente abandonada. Y esto era así primero porque siguen siendo desconocidas las aplicaciones terapéuticas. Se habla de clonación en este sentido, pero el vacío entre el principio que se declara y la aplicación es absoluto. Por otra parte, sigue presente el gran riesgo en la utilización de células embrionarias, que es el de crear tumores cancerígenos. La mayor plasticidad y capacidad de crecimiento de este tipo de células en relación a las adultas lleva en sí mismo el peligro de su descontrol.

Hay en todo esto una inflación de los interesados que mucha gente compra crédulamente, pero hace falta tener un poco de memoria, no mucha. ¿Quién se acuerda ahora de Bernat Soria y sus milagrosas células embrionarias que iban a curar la diabetes y que se fue a investigar a países lejanos porque en España no podía? ¿Qué solución le ha dado a los diabéticos Bernat Soria y su negocio? Esos son los hechos, esa es la verdad de la historia.

Lo que sí hace esta operación es abrir el paso a la clonación humana, porque lo que llaman clonación terapéutica es la fase necesaria que debe superarse para clonar a los humanos, que es donde se encontraría el gran negocio sin competencia con las células iPS.

Hay que recordar además que en Europa, en diversos países como Francia o Alemania, no existe posibilidad de este tipo de prácticas, y también que el Tribunal de Justicia Europeo, en una sentencia del año pasado, impide el patentar procedimientos que afecten o destruyan al embrión. En Estados Unidos tal medida no existe, pero esto no es para ser elogiado sino que implica un peligro que debe ser combatido.

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