Nueva especie humana: los “hobbits” existieron y convivieron con nosotros en Indonesia

En la cueva de Liang Bua, en el interior de la accidentada Isla de Flores, en Indonesia (cerca de Bali y Timor), se han encontrado los restos de siete…

En la cueva de Liang Bua, en el interior de la accidentada Isla de Flores, en Indonesia (cerca de Bali y Timor), se han encontrado los restos de siete individuos peculiares: pesaban entre 16 y 30 kilogramos, medían un metro, sus huesos eran robustos y anchos, por su cráneo (380 centímetros cúbicos) se les calcula un cerebro del tamaño de un pomelo, más pequeño que el de los chimpancés. Cocinaban sus alimentos, con una dieta que incluía roedores gigantes, elefantes enanos (el desaparecido estegodón) y murciélagos. Cazaban en grupos al estegodón, con herramientas que tallaban en piedra. Eran humanos, pero no de nuestra especie. 

La prensa en inglés, sacudida por la publicación del descubrimiento en la prestigiosa revista científica NATURE, enseguida los ha bautizado como “hobbits” , en referencia a la raza de baja estatura protagonista de El Señor de los Anillos, de J.R.R. Tolkien. El novelista británico, de hecho, siempre insistió en que los hobbits de sus novelas de fantasía eran muy plausibles y que no eran ni pigmeos ni afectados por enanismo ni una raza no humana: “son humanos, de un tamaño más pequeño y de hecho por la calle se puede ver gente de estas estaturas”, escribió a un lector. La arqueología ahora le da la razón de una forma sorprendente.

Asombra el cerebro y asombra la época

El descubrimiento ha sido como un meteorito por absolutamente inesperado y por sus importantes implicaciones.

Por un lado, se comprueba que un homínido no necesita tener un cráneo y cerebro tan grande como se pensaba para desarrollar inteligencia, uso de herramientas, trabajo en grupo, fuego, caza, etc… El tamaño del cráneo pierde importancia, y se comprueba que lo que importa es la complejidad de las conexiones neurales.

Por otro lado, asombra que hace 12.000 años aún viviera esta especie humana, porque se pensaba que nosotros, los Homo Sapiens, éramos los únicos humanos sobre la tierra desde que desaparecieron los humanos neardentales hace unos 30.000 años en su último reducto, la Península Ibérica. Y he aquí que aparece en la isla de Flores otro reducto de otra especie humana, estos hobbits bautizados como Homo Floresiensis.

¿Se encontraron en las selvas montañosas de Flores los pequeños hobbits cazadores de estegodones con nuestra gente, los Homo Sapiens? Es perfectamente posible: parece que los hobbits “llegaron” hace unos 100.000 años a Flores, mientras que el Homo Sapiens estaba ya en la cercana Borneo hace 43.000 años y en Australia hace 40.000 años. Pudieron haber convivido (con mayor o menor armonía) en la aislada Flores durante miles de años, aunque la isla es tan accidentada que quizá vivieron en valles adyacentes sin conocerse. De todas formas, el Homo Sapiens más antiguo encontrado en Flores es de hace 11.000 años, cuando parece que ya no quedaban hobbits. Al parecer ellos y sus elefantes enanos se extinguieron hace unos 12.000 años tras una grave erupción volcánica. Aunque quizá…

¿Y si quedaran hobbits vivos?

Si sobrevivieron hasta hace 12.000 años, ¿por qué no hasta nuestros días? Esa es la esperanza soñadora de aventureros y exploradores. Puede parecer que nuestro mundo ya está medido, contado y dividido al milímetro, pero no es exactamente así. En las cercanas islas Sulawesi se ha pescado en alguna ocasión un “fósil viviente”, el primitivo pez celacanto, que debería estar extinguido hace millones de años. En Flores hay una fauna exótica que incluye al lagarto más grande del mundo, el famoso dragón de Comodo. Hace bien poco se descubrió en la frontera entre Vietnam y Laos una nueva especie de animal, el Pseudoryx nghetinhensis, que es un bóvido parecido a una cabra, es decir, un animal nada pequeño, que permaneció inadvertido hasta 1992.

Estas maravillas animan a los “buscadores de yetis” a insistir en sus sueños. Los exploradores Adam Davis y Andrew Sanderson, por ejemplo, buscan en la selvática isla de Sumatra (mucho más grande que Flores) una especie de homínidos de baja estatura que los nativos llaman “orang pendek” y que al parecer mencionó Marco Polo en 1292. ¿Un mito o existen aún hobbits vivientes? Aún hay zonas sin explorar en Sumatra…

El significado de ser hombre

Peter Brown, el arqueólogo encargado de analizar los hallazgos de Flores, señala en NATURE una de las consecuencias del descubrimiento. “Antes de estos hallazgos, no se podía pensar que un homínido con el tamaño cerebral y la habilidad cognitiva posiblemente limitada del Homo Floresiensis pudiese hacer el tipo de herramientas asociadas con los esqueletos, e incluso llegar a Flores. Supongo que esto cambia las nociones de lo que significa ser humano”.

Y las consecuencias científicas pronto se verán, piensa Peter Brown. “Tras el descubrimiento, con un foco más centrado en las islas del Sureste Asiático, puedo predecir unas cuantas sorpresas grandes. Y los investigadores también empezarán a  mirar con más atención los fragmentos de dientes y mandíbulas de los yacimientos de cuevas de Asia continental.”

Más allá de la maravillosa aventura del conocimiento, siempre está la de la ideología. Henry Gee escribe en una artículo desenfadado en NATURE: “si resulta que la diversidad de los seres humanos siempre ha sido alta, ha permanecido elevada hasta muy recientemente y podría no estar extinguida del todo, nos podemos cuestionar la seguridad de algunas de nuestras creencias más profundas. ¿Podría levantarse, por favor, la verdadera imagen de Dios?”

Se podría responder al señor Gee que la existencia, en el pasado o en la actualidad, de diversas especies humanas, no resulta más problemática para la relación entre Dios y el hombre, que la existencia de diversas razas o culturas humanas. El mismo Dios al que dirigen sus ojos judíos o gentiles, griegos y romanos, podría ser perfectamente el Padre de neardentales, homo sapiens o hobbits de la isla de Flores. Si existe un Dios, parece evidente que no teme la diversidad. La ciencia nos irá descubriendo el tamaño maravilloso de esta diversidad.

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