Nueva Evangelización, y Misión: no nos engañemos

A lo largo de estos últimos meses, en diversas diócesis se han llevado a término iniciativas centradas en la Nueva Evangelizaci&o…

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A lo largo de estos últimos meses, en diversas diócesis se han llevado a término iniciativas centradas en la Nueva Evangelización y otras que toman el nombre de Misión. No es exactamente lo mismo y vale la pena recordarlo para subrayar la necesidad de la coherencia entre el acto y el contenido, entre lo que se dice que se va a hacer y lo que realmente se está haciendo.

La Nueva Evangelización, en puridad, consiste en llevar otra vez la Buena Nueva a quienes ya han sido evangelizados. Es un concepto básicamente pensado para los pueblos de Europa, de antigua cristiandad, y que progresivamente han caído en una medida importante en la secularización, en la pérdida de su relación con Jesucristo. Por consiguiente, evangelizar de nuevo significa utilizar los medios y los lugares adecuados para dirigirse a aquellos que siendo católicos no acostumbran a poner los pies en la iglesia, o que lo hacen sólo en fechas muy señaladas: la Misa del Gallo o un entierro, por ejemplo. La idea es clara y no precisa de mayores detalles. Las actividades de Nueva Evangelización, en su inmensa mayoría, difícilmente puede pensarse que se realizan en el marco de las cuatro paredes de la parroquia, porque si no acuden normalmente aquellos a quienes nos dirigimos no es probable que lo hagan porque construyamos una ocasión especial, a no ser que hagamos también una llamada de este signo, una llamada distinta a todas, que los convoquemos de otra manera y por otros medios. En cualquier caso, parece claro que la Nueva Evangelización consiste en ir a la búsqueda, y ésta es la palabra, de aquellos que siendo católicos están más o menos alejados de la iglesia, de los sacramentos, de la vida de relación con Dios.

La Misión es otra cosa, consiste en llevar la palabra a quienes no les ha llegado nunca, y esta es la situación en que por desgracia se encuentran millones de jóvenes en España. En buena medida, la Misión es una tarea centrada en los jóvenes, porque en propiedad son ellos quienes poseen la ignorancia religiosa del pagano, de aquel a quien no le ha llegado absolutamente nada, ni tan sólo un atisbo de cultura cristiana. Que desconoce qué son los Evangelios, que ni tan siquiera sabe de qué trata el Génesis. Este es el sujeto que debe ser el receptor de la Misión. Su carácter esencialmente juvenil, porque es difícil que generaciones mayores se encuentren en estas condiciones en nuestro país, permite también un enfoque muy concreto.

Si en la Nueva Evangelización parece difícil que el centro de la misma sea la realización de actividades cerradas mantenidas dentro de la parroquia, a no ser que se hagan convocatorias que rompan el círculo de los habituales, en la Misión esto todavía es más acentuado. Si en un caso es ir, en el otro ese marchar hacia ellos todavía es más definitivo. Ir a su encuentro, forjar circunstancias nuevas que puedan atraerlos, ir adonde se encuentran: esto es la Misión.

No es bueno pervertir el sentido de las realidades, sobre todo si son realidades eclesiales. Presentar como misión en una diócesis actos que se celebran estrictamente en centros religiosos, aunque éstos sean tan importantes como puedan constituirlo una catedral o un seminario, pensar que se misiona cuando solamente se establecen medios para convocar a los fieles, es un error grave, es una especie de autoengaño que permite hacer pensar que se está haciendo algo que es decisivo, prioritario, cuando en realidad no se practica para nada la respuesta a dicha necesidad. Necesitamos una Nueva Evangelización y necesitamos una Misión sobre todo dirigida a los jóvenes, pero con actividades y con convocatorias que realmente contemplen el llegar a aquellos que deben ser los sujetos auténticos de la actuación evangelizadora y misionera.

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