Occidente y Rusia se necesitan: el grave error de ignorarse

Estados Unidos y la Unión Europea no pueden tener a Rusia como enemigo, simplemente porque no lo es. Hay muchas más cosas que unen Rusia y Occidente que las que les separan.

El acuerdo entre Estados Unidos y Rusia, entre John Kerry y Serguéi Lavrov, ha venido como consecuencia de una necesidad, por parte de los norteamericanos, de rectificar su política en Siria, después de haberla creado, después de haber contribuido a la creación del Estado Islámico con su política contra Assad. Si de sabios es rectificar, a buena hora llega esta rectificación. El enemigo, hoy en Estados Unidos, ya no es Putin, ni Rusia, ni siquiera Assad, sino el Estado Islámico.

Para este viaje no hacían falta muchas alforjas. Hoy Assad no es el problema, aunque tampoco es la solución. El daño que ha ocasionado la guerra de Siria, como la supresión –por decirlo suave—de Gadafi en Libia, está costando mucha sangre y muchas lágrimas en todo el mundo occidental.

Para Occidente, Rusia es siempre sospechosa, al mismo tiempo que Rusia siempre sospecha de Occidente. ¿No sería mejor un entendimiento pacífico? Al fin y al cabo Rusia es un inmenso país con una cultura admirada en Occidente. Aquí leemos los Hermanos Karamazov, Guerra y Paz, y El Jardín de los cerezos, de Dostoievski, Tolstoi y Chejov, respectivamente. Bebemos vodka, comemos caviar, admiramos su música clásica, su ballet, su teatro, y nos seduce el “alma eslava”.

Ciertamente que el comunismo y la guerra fría nos separaron, pero tras la globalización y la aparición de nuevos desequilibrios mundiales, como el terrorismo yihadista, la crisis energética, el medio ambiente, indican un interés para un acercamiento de Estados Unidos y Europa hacia esa Rusia maltratada en Occidente, y encontrar soluciones conjuntas a los problemas de Oriente Medio, la energía, el medio ambiente y la crisis en Ucrania.

Occidente está obligado a entenderse con Rusia. Ya no son tiempos de una nueva guerra fría. Interesa a las dos partes, porque Rusia tampoco puede vivir de espaldas a Occidente, aunque hoy la situación esté más crítica y alejada a causa de las tensiones de los últimos años.

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