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No es de recibo (no es la primera vez que lo oigo) que ayer viernes en un programa de máxima audiencia estatal televisiva se informe del coste…

No es de recibo (no es la primera vez que lo oigo) que ayer viernes en un programa de máxima audiencia estatal televisiva se informe del coste económico de una “primera comunión”. No es de recibo que se confunda fiesta familiar infantil de primavera con la recepción del Sacramento de la Eucaristía. Por supuesto no es de recibo que no se refiera al mismo tiempo en qué consiste este Sacramento de Nuestro Señor Jesucristo… por más laico que sea el Estado autonómico español actual.

No porque no sea cierta la información económica expresada. Una “primera comunión” puede costar en España los 3.000 euros. ¡Y bastante más! Pero sea en euros, otras monedas europeas como libras esterlinas o francos suizos, otras no europeas incluso dólares USA, en los cinco continentes el coste exacto de una Primera Comunión es igual a cero en cualquier moneda. El donativo voluntario a la Iglesia va aparte. Hay un ligero problema de apreciación. Y una urgente tarea de evangelización: Los padres que se gastan un dineral para celebrar la puesta de largo infantil de sus hijos no distinguen la diferencia… o tal vez no quieren conocerla.

¿Qué es la Primera Comunión?

El catecismo con el que yo me preparé empezaba con la siguiente pregunta: ¿Eres cristiano? La respuesta era, es y seguirá siendo: Sí, soy cristiano por la gracia de Dios. Es lamentable y a veces cargante constatar la identificación social de “primera comunión” con la recepción del Sacramento de la Eucaristía. Es deleznable que se acuda al templo parroquial o al del colegio de los niños y se utilice la Primera Comunión de los propios hijos para disfrazar en su nombre una fiesta primaveral lúdica para alegría de los propios hijos y goce de sus padres. Además para fastidio litúrgico de aquellos padres e hijos que están en Comunión con la Iglesia y demás fieles si es el caso. ¡Todos juntos a mogollón y hasta otra ocasión! Eso sí bendecidos sin distinción en nombre de la Santísima Trinidad. En todo templo es lo que procede hacer si el comportamiento es mínimamente educado. Los y las catequistas ya se ocupan de que lo sea en los niños y niñas que van a comulgar por primera vez.

Existe por doquier una transgresión sacramental. Parece ser que lo importante a nivel eclesial es que los padres matriculen a sus hijos en la catequesis de Primera Comunión sea en la parroquia sea en el colegio. ¿Es éste el primer paso eclesial? ¿Dónde está la rendición previa -constatada por los curas, frailes y monjas- de los padres (junto con sus hijos a ser posible) ante el Amor de los Amores?. ¿En qué consiste el esfuerzo personal de esos padres no sabe no contesta por vivir la Comunión eclesial ante la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía? ¿Dónde está el termómetro parroquial o colegial de centro privado concertado para verificarlo? ¿Exagero? ¿Acaso no sería factible una Primera Comunión con sólo padres, hermanos de sangre y abuelos si el caso?

Ayer viernes agradecí en mi parroquia a las mujeres que son motor apostólico en ella al término de la Adoración Eucarística mensual abierta a todos los fieles. Les agradecí la presencia en las misas dominicales de niñas “monaguillas” instruídas. Ellas me manifestaron que están preocupadas pues algunos padres dejan a sus hijas en el templo los domingos y se van al bar de al lado a tomar el aperitivo.

Hablo de niñas y de mujeres pues parece ser que hay pocos niños en general y todavía menos se ven hombres laicos comprometidos, así como jóvenes de ambos sexos. Solo algunas veces si pueden rascar la guitarra en misa.

Acudí luego a mi catequesis quincenal nocturna y mixta para adultos. Esta mañana de sábado soleado mi esposa, maestra de profesión y catequista acreditada, me dice que si las cosas no cambian en el enfoque pastoral de la catequesis (es catequista en dos parroquias) dejará de ser catequista parroquial de Primera Comunión. También me dice que está dispuesta a decirles a sacerdotes y diáconos de nuestra población de residencia en qué consiste la Eucaristía. Incluso me ha dicho que está dispuesta a escribir un libro sobre ello. Yo le he dicho que no se corte y lo haga.

¿Soy mejor que otros por pensar así y decirlo? El listón no es la comparación y menos conmigo. Estoy lejos de él. En todo caso la comparación es mía en mí en relación a prójimos míos y prójimas mías que me superan. Este listón se denomina santidad y es para todos los públicos incluído yo. O nos rendimos todos ante el Misterio Eucarístico en la Comunión eclesial o -de no hacerlo- nuestras tareas no tienen nada de apostólicas. ¿A qué jugamos? No tengo varita mágica. Pero sí la tengo ordinaria para expresar en negrita a los cuatro vientos internáuticos:

¡San Juan Pablo II Ora pro nobis!

PD. A lo mejor hasta incluso podría acaecer de modo canónico una nueva letanía del Santo Rosario, invocando al Santo que introdujo en él como Papa los Misterios de Luz y las reflexiones evangélicas previas antes de cada Misterio de Gozo, Dolor, Gloria y Luz. Pedir y esperar esto es mi oferta primaveral de Hemisferio Norte continental de la Vieja Europa en el mes de mayo de 2014. ¡Ave María purísima!

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