¡Ojo cómo riñes a tus hijos! Puedes ir a parar a la cárcel

Si decides corregir a tu hijo con un pescozón preventivo cuando da sus primeros pasos e intenta meter los dedos en un enchufe, o cuando se lanza a cru…

Si decides corregir a tu hijo con un pescozón preventivo cuando da sus primeros pasos e intenta meter los dedos en un enchufe, o cuando se lanza a cruzar una calle con el semáforo en rojo, es mejor que no te vea nadie susceptible de denunciarte. Te podrían detener e incluso cabe la posibilidad de que acabes yendo a parar a la cárcel.

 

Y no digamos si eres de los que piensan que “vale más una bofetada a tiempo…”. Considéralo un par de veces antes de poner en práctica el popular dicho. Si tu hijo adolescente anda desorientado en tema de valores, es agresivo y ‘te la tiene jurada’ le habrás dado la coartada perfecta para que te denuncie.

 

Con la reforma del Código Civil propuesta por el ex ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, en su última comparecencia antes de dejar su cargo, los padres ya no podrán “corregir razonable y moderadamente a sus hijos” no emancipados, algo que hasta la fecha permite el artículo 154 del citado Código Civil.

 

Tras el Consejo de Ministros celebrado el pasado 9 de febrero, López Aguilar anunció que el Gobierno modificará ese artículo para eliminar “cualquier posibilidad de castigo físico” de padres a hijos o niños tutelados que quede amparada en el ordenamiento jurídico.

 

Un cachete y a la cárcel

 

Sin embargo, con la nueva normativa, todo lo que de educativo podía tener un cachete o una subida de tono ‘severa’ para evitar un mal menor, e incluso como solución a futuros problemas de mayor envergadura, quedaría reducido a un educar a los hijos sin infringirles una lesión “que menoscabe la integridad corporal o la salud física y mental del niño

 

De lo contrario, los padres se exponen a ser castigadores castigados, dado que podrían enfrentarse a penas de entre dos y cinco años de cárcel. Todo depende de que exista de por medio una denuncia por malos tratos, castigos físicos o incluso ‘mentales’.

 

Cabe remarcar este último aspecto, el que tiene que ver con la “salud física y mental del niño”, dado que presupone que, por ejemplo, una denuncia realizada por un adolescente contra su padre por “menoscabar” su salud mental podría suponer la detención del progenitor.

 

Denuncias demasiado fáciles

 

La iniciativa del Gobierno, como ocurre con la controvertida Ley de Violencia de Género, más que garantizar una reducción de los malos tratos a menores, lo que conseguirá es aumentar la vulnerabilidad de los padres con respecto a los hijos, sobre todo cuando éstos tienden a ser agresivos o transgresores.

 

Hay que recordar que, desde que se puso en funcionamiento la ley para proteger a las mujeres maltratadas, que debía paliar el número asesinadas por sus parejas, la cifra de feminicidios no ha hecho más que aumentar. Además, la nueva normativa sencillísima de usar contra maridos y padres inocentes.

 

Mientras tanto, las denuncias contra supuestos maltratadores proliferan como setas y se acumulan en los juzgados por falta de medios para tramitarlas. Las asociaciones de defensa de padres y maridos denunciados injustamente critican al Gobierno y sus defendidos esperan inútilmente que se les restituya su honorabilidad.

 

La autoridad, para el niño

 

La reforma propuesta por López Aguilar supone un menoscabo para la autoridad de los padres con respecto a sus hijos, sobre todo con los tiempos que corren, donde la agresividad, el consumo de drogas y el fracaso escolar no hace otra cosa que incrementarse.

 

Cada día que pasa se detectan más casos de agresiones de jóvenes a sus padres, un fenómeno al alza debido, entre otras razones, al exceso de proteccionismo, permisividad e incapacidad para inculcar los valores más elementales a los hijos desde su más tierna edad hasta la adolescencia, una edad en la que ya resulta muy difícil empezar de cero.

 

Así las cosas, ¿qué cabe esperar para el futuro, con una reforma del Código Civil que da ‘manga ancha’ a los menores ante la presumible autoridad de sus padres?

 

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