Óscar Romero, 25 años después de su asesinato, sigue siendo una voz de paz

Presentar a Óscar Romero como “signo de esperanza”. Éste es el principal objetivo de las personas que trabajan estos días para difundir el mensaje de …

Presentar a Óscar Romero como “signo de esperanza”. Éste es el principal objetivo de las personas que trabajan estos días para difundir el mensaje de quien fue arzobispo de San Salvador, asesinado hace justo 25 años. Entre los numerosos actos conmemorativos dentro y fuera de América Latina, el Vaticano acogió la semana pasada una Misa-funeral. Fue el 24 de marzo de 1980 cuando un francotirador le disparó mientras celebraba Misa. Tanto en el país centroamericano como en el resto del mundo, la Iglesia, las comunidades cristianas y muchos creyentes y no creyentes recuerdan al también conocido como “voz de los sin voz”, un hombre sencillo y discreto pero, al mismo tiempo, un gran comunicador. La defensa de la paz desde una coherencia sin límites acabó costándole la vida, pero sirve al mismo tiempo para que el mundo escuche, desde una vida concreta, el mandamiento cristiano del amor. Un cuarto de siglo después, todavía no se sabe quiénes fueron los verdaderos culpables de la muerte de este pastor, cuyo proceso de beatificación está abierto desde 1994.

El crimen fue atribuido desde el principio a grupos de extrema derecha, pero una Ley de Amnistía, aprobada en 1993 por el Parlamento salvadoreño, impidió actuar judicialmente contra militares, ex guerrilleros y civiles acusados de violar los derechos humanos durante la guerra civil que afectó al país entre principios de la década de los 70 y 1992. En septiembre de 2004, un tribunal civil de California (Estados Unidos) declaró a Álvaro Rafael Saravia, ex capitán de las Fuerzas Armadas salvadoreñas, culpable por el asesinato de Romero, al considerar convincentes las pruebas presentadas en su momento contra el acusado, quien había sido, además de mando de la aviación de El Salvador, también el brazo derecho de Roberto D’Aubuisson, el difunto jefe de los llamados “escuadrones de la muerte”. El juez federal californiano Oliver Wagner definió el asesinato del arzobispo como un “crimen contra la humanidad”, y condenó al ex militar a pagar 10 millones de dólares. Según un abogado del Center for Justice and Accountability, entidad denunciante, explicó entonces que el veredicto permite que Estados Unidos “deje de ser un refugio seguro para los responsables de estos crímenes”.

Mientras tanto, 25 años después, no cesan las peticiones de justicia por el asesinato de Monseñor Romero. También el pasado mes de septiembre, cuando acababa de conocerse la condena al ex militar Álvaro Rafael Saravia en Estados Unidos, la archidiócesis de San Salvador pidió oficialmente la reapertura, en El Salvador, de las investigaciones por el homicidio. “Es necesario reabrir el caso con el objetivo de impulsar nuevas pistas”, afirmó María Julia Hernández, directora del Departamento Jurídico del Arzobispado. En la misma línea, anunció que exigiría al Palamento “revisar aquellos artículos de la Ley de Amnistía de 1993 que impiden los procesos por crímenes de guerra o contra la humanidad”. Pero inmediatamente después, el presidente del país, Elías Antonio Saca, aseguró que la reapertura del caso sería como “reabrir las heridas del pasado”.

Amenazado por hacerse pobre entre los pobres

Óscar Romero se convirtió en “voz de los sin voz” (de los más débiles) especialmente en los últimos años de su vida, que coincidieron con el período en que empezaba a crecer el clima social de violencia. Como pastor de una Iglesia que sólo cree en el amor y que rechaza cualquier interés político, el arzobispo ruvo enseguida problemas con las autoridades civiles salvadoreñas. Sin ningún miedo, llamaba a los “asesinos” por su nombre, aunque fuesen cargos gubernamentales, pero también denunciaba las intenciones de las entonces nacientes organizaciones politicomilitares de izquierda, que proponían la revolución comunista como solución a los problemas sociales. Mientras tanto, la prensa publicaba material en el que se insultaba, se calumniaba y se amenazaba al prelado.

“Sentir con la Iglesia” fue como un lema para toda la vida de Óscar Romero, como ya reveló el mismo en 1979 al ser nombrado obispo auxiliar de San Salvador. La frase explica, de alguna manera, por qué es ahora admirado por todas las sensibilidades eclesiales, desde sectores próximos a la Teología de la Liberación hasta los considerados más tradicionales. Su espíritu cristiano de comunión y su apuesta decidida por la paz se reflejaron claramente en otra de sus reflexiones, pronunciada en este caso en 1979 cuando ya reconocía que temía por su vida. “Iglesia y patria no deberían ser dos entidades antagónicas, sino complementarias, pero a base de inspirarse ambas en el único Rey y pastor: Cristo nuestro señor”, afirmó. También es recordada estos días esta otra reflexión pronunciada en su última homilía, el 23 de marzo de 1980: “Dios dice que no se puede matar. No hay ningún soldado que esté obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios”.

Óscar Romero nació el 15 de agosto de 1917 en Ciudad Barrios (El Salvador). Antes de su dura etapa final, ya había sufrido los horrores de la Segunda Guerra Mundial, primero durante sus estudios en Roma, donde fue ordenado sacerdote, y luego en La Habana (Cuba), donde estuvo prisionero. Su carisma dio la vuelta al mundo en forma de reconocimientos universitarios, sociales y eclesiales, así como mediante una proposición al Premio Nobel de la Paz en 1979. En medio del sufrimiento de la Iglesia salvadoreña durante esa década de los 70, con frecuentes asesinatos a sacerdotes y laicos (entre ellos catequistas y representantes de movimientos), el arzobispo siempre se mantuvo fiel en la defensa de la vida y la dignidad humana. Los que consiguieron acabar con su vida atentaron contra el gran trípode de “paz, justicia y perdón” que tanto defendió el arzobispo salvadoreño y que ha reiterado muchas veces el Papa Juan Pablo II.

Bolivia y el jesuita Lluís Espinal, los otros referentes

Sólo dos días antes del asesinato de Monseñor Romero, se había producido en Bolivia otro crimen cometido por militares que preparaban un sangriento golpe de Estado. La acción acabó con la vida del jesuita español Lluís Espinal, un activo luchador contra la dictadura tanto desde su condición de religioso como desde la de periodista y crítico cinematográfico. Entre otras cosas, Espinal fundó y dirigió el semanario AQUÍ, desde cuyas páginas denunció la preparación de la conspiración militar de extrema derecha contra el débil Gobierno de Lidia Gueiler, en un intento de evitar la sublevación contra el régimen democrático.

Nacido en 1932, el jesuita catalán llegó a La Paz como profesor universitario y, en 1970, obtuvo la nacionalidad boliviana. En 1977, se unió a los impulsores de una huelga de hambre contra la dictadura. Su cadáver fue encontrado en un barrio popular de la capital del país el 22 de marzo de 1980. Después, las investigaciones demostraron la implicación del jefe de los Servicios de Inteligencia del ejército, Luis Arce, actualmente encarcelado en Estados Unidos, donde fue extraditado en 1989 para cumplir condena por narcotráfico, y también de Luis García Meza, autor del golpe de Estado del 17 de julio de 1980 contra el régimen de Hugo Banzer.

La conmemoración del 25º aniversario del asesinato de Lluís Espinal coincide, precisamente, con un momento socialmente delicado en Bolivia. Los obispos del país acaban de expresar públicamente su preocupación por la crisis, y reiteran su llamamiento a todos los sectores implicados para que lleguen a un acuerdo “que devuelva la paz a más de 9 millones de bolivianos. Según el Episcopado, el problema tiene sus raíces en la falta de soluciones a las demandas históricas de integración, el respeto intercultural y la distribución equitativa de los recursos con que cuenta el país, unos principios que también defendía Lluís Espinal. Desde que el presidente Carlos Mesa anunció su dimisión, finalmente revocada por el Parlamento, la Conferencia Episcopal, la Oficina del Defensor del Pueblo y la Asamblea Permanente de Derechos Humanos han trabajado conjuntamente estos días para ofrecer vías de solución y para que sean escuchadas las reclamaciones de la población.

Hazte socio

También te puede gustar

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>