Otras víctimas de Auschwitz

Holanda, 1942. Empiezan las deportaciones de judíos. Luteranos, calvinistas y católicos acuerdan leer, el mismo día, en sus servicios religiosos, un t…

Forum Libertas

Holanda, 1942. Empiezan las deportaciones de judíos. Luteranos, calvinistas y católicos acuerdan leer, el mismo día, en sus servicios religiosos, un texto conjunto de protesta contra esa barbarie. La Gestapo está alerta. Recuerda la lectura, el día de Pascua de 1939, en todos los púlpitos de Alemania, de la encíclica de Pío XI Con profunda preocupación. La más dura condena del nazismo, proclamada en cada rincón de Alemania, cuando todavía Francia e Inglaterra coqueteaban con Hitler. Muchos sacerdotes y católicos comprometidos pagaron muy cara la osadía.

 

Para evitar que eso se repita la Gestapo avisa a todas las autoridades cristianas de Holanda. Si hacen algún movimiento, la orden de deportación se extenderá a los judíos conversos a sus credos. Calvinistas y luteranos dan marcha atrás, pero Pío XII se mantiene firme y el texto de condena se lee en todas las iglesias católicas de Holanda. Unos días más tarde, las SS entran en el convento del Carmelo de Echt y se llevan a dos monjas hermanas, Edith y Rosa Stein, judías conversas. Las últimas palabras que Edith, sor Benedicta de la Cruz, dice a su hermana en presencia de todas sus hermanas de religión son: “Ven, vamos a sacrificarnos por nuestro pueblo”.

 

En 1933, nueve años antes, recién ingresada en el Carmelo, dejó escrito: “Me dirigí al Redentor y le dije que sabía muy bien qué clase de Cruz pesaba sobre el pueblo judío. […] quienes tenían la gracia de entenderlo, deberían aceptar esa Cruz con plenitud, en nombre de todos. Me daba cuenta de que estaba dispuesta y pedía al Señor que me hiciera ver cómo debía realizarlo. […] tuve la íntima certeza de haber sido escuchada, aunque no supiera en qué consistía aquella Cruz que  me imponía”. Una semana más tarde de la detención, el domingo 9 de Agosto de 1942, sor Benedicta de la Cruz moría gaseada en Auschwitz. Sólo en Holanda, en ese día y en la misma ruta seguida por Edith, fueron trescientos los católicos judíos llevados a la muerte. La mayoría religiosos. 

 

Los escasos testimonios de quienes compartieron esos días son coincidentes. Sor Benedicta de la Cruz fue fuente de alegría y serenidad para todos los que estaban con ella. En una escala entre tren y tren en Amerstorf, todavía en Holanda, un agente holandés, enviado por sus hermanas carmelitas se ofreció a gestionar su liberación. Ella se niegó diciendo: “¿Por qué voy a ser yo la excepción. Si no puedo compartir la suerte de los demás consideraría inútil mi vida”. La siguiente estación fue Auschwitz.

 

He querido dejar pasar unos días de respetuoso silencio desde el recuerdo de la liberación de Auschwitz. En estos días, mi oración se ha elevado por todos los que fueron llevados al sacrificio por una maldad innombrable. Pero en el anuncio del escalofriante documental realizado por TVE, siempre aparecía el mismo flash. Dios no estaba en Auschwitz. Entiendo perfectamente que un prisionero sintiera eso. No entiendo que ése sea el reclamo sistemáticamente utilizado para conseguir audiencia. Dios sí estaba en Auschwitz. Estaba en sor Benedicta de la Cruz. Estaba en todos los hombres mujeres y niños que hacían cola para ser gaseados. Y estaba llorando. ¿Por qué no hacía nada? Porque Él mismo ha sacrificado su omnipotencia por el más maravilloso, terrible y misterioso don que ha hecho al hombre: la libertad. ¿Debería revocarlo?

 

El 11-10-98, Juan Pablo II canonizó a santa Edith, Benedicta de la Cruz, Stein.

 

Enlace relacionado

Hazte socio

También te puede gustar